sábado, mayo 16, 2026

NOTICIA 2458ª DESDE EL BAR: MUSEO DE AMÉRICA

Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, viajó a México y se dedicó a promocionar una obra musical de Nacho Cano en torno a Malinche, un  personaje histórico que fue la mujer autóctona del actual México que fue compañera de Hernán Cortés. Aprovechando ello hizo una defensa de Hernán Cortés y la conquista en términos poco invitadores a la concordia, así como en otros actos y comparecencias arremetió contra el gobierno de México y de paso, ya que la población indígena mexicana y la población en general de México se le vino encima, especialmente cuando decidió aparecer en un acto de un partido de ultraderecha de allí, le echó la culpa de sus males mexicanos al gobierno español, en concreto a Pedro Sánchez, haciéndose una vez más la víctima cada vez que algo la contradice socialmente. Llegó a decir que México no existía como México antes de España. Creo que no ha leído al propio Hernan Cortés que ella fue a defender. En sus cartas de relación publicadas en 1522 dice claramente varias veces y varias veces lo explica, que México es el territorio que ocupan los mexicas en torno a Technotitlán y Culua (Culiacán o Culhuacán), que es la etnia india y territorios gobernante con Moctezuma, y gobierna sobre otras etnias indias y territorios colindantes (toltecas y otros). El Imperio Azteca era una especie de federación, y en ese momento los aztecas mexicas intentaban centralizar el poder de manera autoritaria, de ahí que varios pueblos y territorios aprovecharan la llegada española para alzarse en armas contra los mexicas, creyendo que serían aliados en igualdad de condiciones. En el final de la segunda relación Hernan Cortés le propone a Carlos I llamar a todo el territorio, tanto enemigo como aliado Nueva España, y no México. México queda para las provincias centrales que fueron centro del imperio azteca. Con el paso del tiempo, pero sobre todo con la independencia efectiva, los independentistas llamaron Mexico en el siglo XIX a todo el territorio de Nueva España, incluyendo lugares que eran mayas o comanche por ejemplo. México como México sí existía antes de España, lo que no existía era un Estado republicano y parlamentario con democracia liberal con las fronteras actuales. Ayuso no lee a quien dice que fue a defender.

En todo caso, desde 1992 historiadores americanos y españoles coinciden en que la Historia común está siendo en general muy desconocida y se ha llenado de tópicos, la gran mayoría interesados por cuestiones políticas y nacionalistas. La Historia de las diversas naciones americanas alimentaron en el siglo XIX un relato del pasado español con un interés claramente independentista. Ese eje vertebral se mantuvo a lo largo del siglo XIX, si bien con matices en algunos lugares, y se transformó en la vertebración de la justificación histórica de los porqués de las situaciones sociales y económicas de cada uno de aquellos países a lo largo del siglo XX. No atendían, también en parte por intereses propios, a las propias decisiones tomadas por ellos de manera independiente a través de diversos gobiernos, sus propias guerras y revoluciones, sus propias contrarrrevoluciones, sus propia decisiones económicas, sus propias desigualdades sociales, sus propias marginaciones a los indígenas, sus propios caciques y dictadores, etcétera, todo ello sin que sea evidente que hay algo de realidad en ese pasado común que afectó a su ser, así como lo que se vino a llamar neocolonialismo a través de dependencias económicas con Reino Unido, Alemania y Estados Unidos de América. Fue con motivo del quinto centenario del descubrimiento de América que historiadores de ambos lados del océanos comenzaron colaboraciones de puesta en común de sus conocimientos para poder valorar la Historia más cercana a a lo que es y menos dependiente de los intereses políticos nacionales y nacionalistas, incluidos los de España y Portugal, que durante muchas décadas del siglo XX seguían contemplando la Historia como lugar de subordinación, o incluso en el caso español como grandeza del imperio durante los años que se analizó a través de la dictadura de Franco (1939-1975) y los inmediatamente posteriores. 

En este primer cuarto del siglo XXI se ha avanzado mucho desde los estudios históricos para lograr una comprensión mutua y ese espacio común entendido ya más allá de los intereses del relato de buenos y malos que se fundó durante las independencias del siglo XIX y que perduró hasta hoy. Sin embargo, en los últimos años ha habido un auge de las versiones clásicas de buenos y malos, de amos y criados, pero no tanto de mano de los historiadores, sino de ciudadanos comunes a través de redes sociales y a través de políticos extremistas de uno y otro lado, cada uno con su visión extrema, tópica y puntual de la Historia. Gente que a menudo demuestra tener unos conocimientos más o menos manoseados y anclados en los relatos nacidos del siglo XIX y alimentados en el XX, al margen de todo lo avanzado en archivos y reflexiones y de ese encuentro común que se produce especialmente desde 1992. Tampoco ayuda la corriente que viene especialmente de la izquierda, pero especialmente del mundo estadounidense donde no se busca tanto el conocimiento de la Historia, sino el señalamiento y la prohibición de todo aquello que no gusta a un grupo social, el cual suele hacer presión en voz de toda la sociedad, aunque toda la sociedad no sea ese grupo social. Y por parte de la extrema derecha de ambos lugares tampoco ayuda la exaltación del punto de vista contrario al de estos grupos. No hay un camino intermedio entre ellos, parece ser, y ese no es otro que el de la Historia tratada correctamente como ciencia humana que es, o sea: ese punto de encuentro que las academias de la Historia de ambos lados del océano están indagando desde 1992.

En medio de este panorama, que no es de hoy, insisto, lleva años en curso, se produjo lo dicho y esto a la vez ha coincidido en mi vida con unas lecturas sobre la conquista de México que estaba haciendo y la visita ayer, día de San Isidro, al Museo de América, que se encuentra en Madrid capital. en Moncloa, en la avenida de los Reyes Católicos. He de confesar que no había ido hasta ahora, aunque lo tenía en mente desde hace muchos años, y digo muchos, incluso cuando estaba en Plaza de Cibeles, en el Palacio de Linares. Se me escapó ir incluso cuando hice la carrera universitaria de Historia. Ahora me apeteció con mucha fuerza ir y se lo propuse a varias amistades, pero ninguna quiso venir. De hecho, el museo, que es enorme y es como un segundo Museo Arqueológico Nacional, pero centrado en América y no sólo desde el punto de vista arqueológico, si no también etnográfico, estaba muy vacío de gente. Sorprendentemente vacío. En algunas salas estuve yo solo, en otras pocas coincide a veces con un máximo de unas cuatro personas más, o dos. Más aún, cuando hablé en mi barrio de este museo, algunas personas no sabían que existía, a pesar de que es uno de los museos destacados de España. De hecho, no sólo de España, es uno de los museos de todo el mundo más importantes sobre las culturas y piezas arqueológicas americanas. 

Para cualquier americanista es un lugar de visita obligado, aún cuando en los diversos países americanos puedan tener estupendas colecciones arqueológicas de sus pasados respectivos. Aquí se da toda una perspectiva de conjunto al abarcar desde el extremo más sur de Argentina hasta llegar a Alaska, pues hay que recordar que hasta allí llegó España, ahora bien, el museo contiene también piezas de Groenlandia que fueron traídas a España por una expedición científica del siglo XVIII. Y contiene también algunos elementos de Filipinas, que aunque está en Asia estaba muy ligada a los territorios americanos, y de Hawaii, que fue española, así como alguna cosa africana del siglo XIX, fruto también de otras expediciones científicas.

El espacio arquitectónico en el que se haya es un espacio bien curioso también y digno de valorar sus arquerías. Además, quien haya ideado el espacio expositivo lo ha hecho de una manera ágil y moderna capaz de combinar la lógica clásica de museo con soluciones innovadoras y diáfanas más modernas que invitan al visitante a entrar en su ritmo y juego, ya sea con rampas o con imitaciones de pequeñas pirámides mayas o incluso imitando las salas de un gabinete de Historia del siglo XIX que fue antecedente del museo y te da una idea de cómo eran este tipo de exposiciones en aquellas épocas. Allí, por cierto, es donde se pueden ver diversas armas, elementos de pesca o ropa africanos y asiáticos.

 El museo cuenta con numerosas cerámicas y estatuas, así como orfebrería y tallas, armas, útiles de caza y pesca, útiles de agricultura y de cocina, ropas, objetos rituales, innumerables telas de siglos atrás inusualmente bien conservadas, ropas y penachos de plumas también conservados, pero también muebles de palacios e iglesias de los virreinatos, cuadros diversos del siglo XVII y del XVIII que fueron pintados y expuestos en sus respectivos lugares (palacios, casas, iglesias) allí en su época, libros (destaca un misal de tapas de nácar de comienzos del siglo XX), maquetas de edificios como la catedral de México, o también reproducciones de viviendas indias como un tipi sioux, una cámara de jefes de tribu amazónica, o una cabaña de inüit.  

Llama la atención la reproducción de un disco solar azteca que le regaló el gobierno de México a España en 1917, o un tesoro funerario totalmente en oro que le regaló el gobierno de Colombia a España en el último cuarto del siglo XIX. Impresiona ver una capa totalmente hecha de plumas de Hawaii, del siglo XVIII, el bastón de mando también en oro de un cacique inca del siglo XVI, el códice Tro-cortesiano azteca que se trajo a España alguno de los soldados de la conquista con Cortés, y que quedó en la privacidad de una familia burguesa que lo hizo público en el siglo XIX, o ver un auténtico casco de soldado español, o las diversas vasijas y pinturas con todo tipo de carácter ritual, algunas con formas de animales o de personas, en algunos casos con determinadas actitudes, como la vasija inca de un cautivo con el cuello cortado, o las diversas jarras con parejas practicando sexo o con cabezas de animales propios de América, como los jaguares en las cerámicas mayas. 

Es impresionantemente bello ver la calidad de las policromías en sus cerámicas y también lo imaginativo de su mundo y la variedad de sus dioses. A todo esto hay textos de conquistadores y también de otro tipo de observadores que acompañan a algunos de los objetos para que te hagas una idea del contexto en el que los españoles los hallaron. Pero no todo es producto de la conquista o del periodo posterior a la conquista. Hay también objetos que son previos a la llegada de los españoles, algunos incluso de épocas anteriores a la era cristiana, que fueron desenterrados en campañas arqueológicas del siglo XVIII o del XIX, o directamente encontrados al cavar en épocas anteriores.Y y objetos del siglo XIX (como un equipo de guanche argentino) y del XX que fueron o bien donados o bien comprados, y que sirven para mostrar la conexión directa que de algún modo todo esto contiene en sí mismo.

Es inesperado encontrar la falda de ritual de paso de una mujer a adolescente en una tribu norteamericana, no sé si comanche, o los cuchillos de rituales de sacrifico de los aztecas o las máscaras rituales de incas, mayas y aztecas. 

Da la sensación de haber una mayoría de objetos incas y de civilizaciones de Colombia y Venezuela, siendo el otro gran bloque el correspondiente a lo azteca y maya, así como los objetos mexicanos ya propiamente dichos del periodo del Virrienato de Nueva España, como por ejemplo el mobiliario completo de una habitación de uno de aquellos virreyes. Pero, ya se ha repetido varias veces, contiene y está atento a toda América. A mí me produce una especial curiosidad todo lo que hay en torno a tribus del Amazonas, incluido un escudo, uno de aquellos como los que sin duda se enfrentarían gente como Lope de Aguirre. O bien una enorme canoa amazónica que, según la cartela, fue comprada a cambio de su ropa por dos supervivientes de una de aquellas expediciones a una de las tribus que se encontraron. 

Da una visión de conjunto que nos da a comprender que la relación España y América no se limita a una relación de conquistados y conquistadores, y que la propia población actual evoluciona de la mezcla social y cultural de ambas, así como también genética. No es baladí que la última sala de visita contenga cuadros del siglo XVII donde se explica las diferentes razas que surgen de la mezcla de razas que hay allí. Parten de parejas entre españoles, siguen con españoles e indios, españoles y criollos, indios con indios, indios con criollos, criollos con criollos, blancos y negros, indios y negros, criollos y negros, mulatos e indios, mulatos y blancos, mulatos y criollos... y así en todas las combinaciones posibles con todas las razas que más había en esos momentos en esos lugares. El museo viene a darnos una perspectiva explicativa que viene a mostrarnos como pueblos hermanos que fueron uno durante un tiempo y que ahora, aunque divididos en diversos países, siguen teniendo un vínculo común. 

Un lugar interesante que debería ser más conocido. Ayudaría a entendernos, ya lo hace.

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