martes, octubre 03, 2017

NOTICIA 1743ª DESDE EL BAR: XV CERTAMEN DE PINTURA RÁPIDA AL AIRE LIBRE, ORGANIZADO POR CCOO DE ALCALÁ DE HENARES

 
Un 1 de octubre más el sindicato Comisiones Obreras (CCOO) en Alcalá de Henares ha celebrado su certamen de pintura rápida al aire libre, que este año era la edición XV.  Una vez más en un conjunto de calles y plazas del centro histórico. Yo este año no pude ir, porque el día anterior, sábado, tuve dos compromisos a los que sí pude ir, de los cuáles uno era el concierto de la Orquesta Filarmónica Cervantina de las 25 Villas del que os hablé la entrada anterior. Eso hizo que el domingo faltara a esta cita a la que voy todos los años como espectador, como se puede seguir en esta misma bitácora. Falté una vez más por tener que quedarme en casa realizando cuidados familiares, era justo que el domingo diera el relevo en estos cuidados. Lo cierto es que salgo apenas nada y he perdido mucha vida social que tenía, así como otras cosas, pero cuando salgo se nota más. Tengo pocas ocasiones para hacerlo (ahí hay numerosas amistades para atestiguar la cantidad de citas y eventos comunes suspendidos por mi parte desde mayo), lo que ocurre es que cuando he salido ha coincidido con algunos de los días en los que sale mucha gente conocida y pareciera que mi actividad es la normal, no siéndolo. No siéndolo incluso para poder realizar mis propios eventos o para búsquedas adecuadas de trabajo, pero una vez más diré que sé que estas circunstancias son transitorias, aunque la próxima semana se cumplirán cinco meses de ellas. Es algo circunstancial, valga la redundancia, transitorio. La cuestión es que fue a la muestra de cuadros participantes la señorita María Gómez, pintora también, aunque este año no participó ella, y realizó innumerables fotos de varios de los cuadros que me pasó por si quería hablar del certamen por este espacio aunque este año yo no hubiera ido. Correspondo escribiendo sobre ese certamen, al que este año sólo he visto por fotos, ya que tomar y mandarme las fotos es todo un trabajo, tiempo y un detalle. No es normal que hable de eventos a los que no acudo en persona, porque no puedo hablar con propiedad de ellos, no puedo hacer, como lo llama mi amigo y periodista Borja Montero, crónica cultural. Este año hago esa excepción. De todos modos, este sábado tengo el primer examen de la oposición de ayudante de archivo (la anterior vez era de facultativo y estoy esperando aún los resultados de ese primer ejercicio por saber si sigo o no en el proceso), así pues, el material para renovar esta bitácora esta semana será algo más limitado... y de momento no me apetece hablar de lo de Cataluña, aunque haya dicho por red social impresiones (que no reflexiones) y que sobre el tema ya escribí mi postura el pasado 26 de septiembre, en la Noticia 1741ª.
Por lo que veo en fotografías tengo la impresión de que este año ha habido un gran número de obras más bien formales, tendentes al paisajismo urbano propio de las postales turísticas, pues no me atrevo a decir que sean imágenes de un nuevo romanticismo o que transmitan algún tipo de mensaje especial. Es difícil en un trabajo de pintrua rápida formar todo el conjunto de ideas y sensaciones a transmitir con la obra a pintar, cosa que a veces lo logran algunos de los participantes que llevan la obra muy pensada, estudiada y motivada de varios días o semanas antes de la fecha de la cita. Pongo por caso para explicar mejor esta idea que no es lo mismo observar un barranco inglés de un paisajista que hoy día se gane la vida realizando tales obras para que su perfección y realismo logre la compra por un turista, que un barranco inglés pintado por Turner en el siglo XIX lleno de pasión, rabia y tempestades que se adentran en el alma, más allá del barranco en sí. Pues poco más o menos que si yo fuera jurado, y no me refiero a jurado del público, esa sería una de las cuestiones que pondría en valor, no sólo técnicas o estéticas. Pero pintar un cuadro siempre es complejo y en un ejercicio de pintura rápida lo es más, porque se le marca al artista un plazo de tiempo de horas y un lugar reducido, sin que pueda adentrarse en sus propias luces o sombras internas, ni pueda vivir entre medias de las obras todas aquellas cosas que podrían enriquecer, o no, su obra en el lienzo. Hay quien lo logra, pero lo que suele ocurrir es que bajo la presión de unas normas de concurso se tienda a otro tipo de cuestiones. No es algo desdeñable, cada uno tiene sus criterios, pero yo buscaría en unos criterios más allá de lo formal. Debe alcanzar mi alma con un punzón o con un beso, pero no dejarla indeferente. Eso, en todo caso, es mi criterio de juicio, que suele ser frecuente, pero que, como todo en la vida, puede tener matices o ser cambiante más o menos hacia uno de los lados. Y pensará el lector o lectora que acabo de decir algo ambiguo, pero lo cierto es que no lo es tanto, de los recovecos del ser humano que me guiarían quiero que sean también esos cuadros. En todo caso, se intuye en algunas temáticas aparentemente simples un mundo interno más complejo de lo aparente. La puerta solitaria con el número 0 y su enrejado típico del mundo judío medieval, actualizado en la rejería del siglo XIX, denota un tipo de soledad pero también de sugerencia a los lugares que pueden dar acceso a rincones desconocidos. Conocemos la puerta en nuestros paseos, pero ¿qué hay del interior de esa puerta? Conocemos la ciudad, ¿qué hay de su alma? Y en el alma de la ciudad está la gente que habitan esas puertas. Por supuesto la puerta puede sugerir más cosas. Solemos proyectar mundos interiores sobre las cosas y las personas, la contemplación de un cuadro no está excluída de esto. De ahí que a cada uno le sugiera una cosa. Cuando vi este cuadro me recordó, aunque no tenga nada que ver en absoluto, dos cosas: por un lado las puertas secretas de las cábalas judías, que llevan a lugares ocultos, aunque las puertas no se ocultan en apariencia, por otro lado, con ese sol desolador sobre ella, que oculta una sombra oscura según se ve en su enrejado, me hace pensar en esa Alcalá de Henares abandonada de sí y ensoñando viejas glorias que describió Manuel Azaña en su novela El jardín de los frailes a comienzos del siglo XX. Por supuesto, el artista creador no habrá pensado en estas cosas cuando la pintó. A veces me gustaría poder escribir percepciones compartidas entre los autores de estos certámenes cruzadas con las mías. Pero no soy periodista contratado... a pesar de que durante algunos años, este incluído, he mandado curriculum a todos los medios de comunicación de esta ciudad, sin que nadie conteste ni un acuse de recibo. No descarto algún día hacer ese cruce de impresiones de todos modos, pero es una tarea más larga, más ardua, y este año imposible por incomparecencia mía. El tiempo y su uso para lograr ingresos y para hacer las cosas que a uno le gustan, ese es el asunto, sería ideal que ambas cosas pudieran ser la misma. Y a mí me gusta escribir y compartir. 

 Había cosas interesantes que incluían en sí unos puntos de vista con algunos matices quizá, como no adentrarse en la perfección del cuadro o con aguadas muy bien dominadas. Unos con unas técnicas más perfectas, otros aún por desarrollar lo mejor de su obra, pero en definitiva todos los participantes dando de sí lo mejor que han sabido hacerlo en este certamen. Eso es ilusionante, y eso es siempre un estímulo por parte del sindicato CCOO que da esta oportunidad de mostrar su arte a muchas personas, principiantes o no, que de otro modo no tendrían ese marco impagable de exhibirse tal como es el centro de una Ciudad Patrimonio de la Humanidad, con gran cantidad de personas en sus calles, y esa exposición común en la Plaza de los Irlandeses. El cuadro que recibió el primer premio me dicen que fue el de la calle Bedel, que da acceso a la Plaza de San Diego, con la Universidad Cisneriana de fondo. Recoge en sí las mesas de bar que se han hecho habituales desde hace años en la ciudad, como economía turística. A mí el cuadro, sinceramente, no me dice absolutamente nada. En ninguna dirección. Pero hay que reconocer que como obra, al retratar un hecho costumbrista del turismo alcalaíno del siglo XXI, recoge la realidad de su época. Y eso en el mismo día que se votaba en Cataluña y había una actuación contundente y violenta en calles y colegios. Ese cuadro, quieras o no, es una fotografía de la Alcalá de comienzos del siglo XXI, aunque ese bar normalmente está abarrotado de gente y en este cuadro sólo hay tres personas (lo que le hace más costumbrista que testimonio de su época), e igualmente es una fotografía de cómo se vivía en esa calle tal día tan importante en la Historia de España. No es normal el vacío de la calle Bedel, pero la sombra sobre la fachada universitaria me hace pensar que esa ausencia de gente se debe a que el boceto inicial se tomó en las primeras horas de la mañana y se desarrolló a lo largo de la mañana y primeras de la tarde, asíque puede ser engañoso ese vacío, pues sería en realidad: lleno, tres personas se encuentran ya desde primeras horas desayunando en la terraza del bar, en tal día como aquel, es como si no pasara nada. Sin embargo, esta última reflexión sólo es accesible al espectador si conoce la fecha en que se pintó el cuadro, la obra no indica nada de todo lo dicho, por lo que la primera reflexión, la del costumbrismo, me parece más cercana a su interpretación más correcta. Como sea, es un reflejo de esa Alcalá.

Como cada año, siempre hay pintores más conocidos en las exposiciones de la ciudad en el resto del año, e incluso reconocidos y premiados a varios niveles dentro y fuera de Alcalá. Este año, como mínimo estuvieron presentes las obras de Alberto Cerezo, Santi Álvarez-Dardet y Gonzalo Lechón. No ganaron premio, pero sus obras se atreven a dar esa visión de la ciudad que ahonda en mostrar algo más que una postal. Otros autores también lo intentaron e hicieron, como se puede ver en algunas de las fotos que os expongo. El cuadro de Santi me resulta especialmente inquietante y hasta cierto punto me recuerda algo a la visión que Van Gogh realizaba sobre innumerables paisajes urbanos y no urbanos. Una visión un tanto perturbadora de la calle Libreros, colorista, revuelta. Una visión que distorsiona la realidad para devolverla con una mirada a la que el ojo no accede en sus meras funciones de captar imágenes. Va más allá, transciende la imagen común para darnos algo más. Estos tres artistas mencionados tienen interiorizadas sus propias etapas creativas, y quizá estas obras, pese a estar realizadas expresamente para el concurso, deben entenderse dentro del conjunto de su periodo creativo de ese momento. Algunas de sus otras obras de estas épocas que yo haya podido ver me cuadran como algo que se podría relacionar. Por supuesto los cuadros realizados libremente, sin concursos, van más allá, son más osados, son más íntimos y conectan mejor con lo que está pasando por su ser, pero estos cuadros que han realizado tienen algo de ese momento creativo en el que viven actualmente.
Un buen ejemplo de cuadro cuyo autor ha querido ir más allá de lo que se ve con lo meros ojos es esa especie de desbarajuste en caos de todas las principales visiones de edificaciones históricas del centro de la ciudad. Sin orden ni concierto en una especie de nebulosa extraña que parece haberlos reunido para luego devolverlos como en una agitación que los hubiera descolocado, como un seísmo mental y metafísico, una aguada que desagüa la realidad. Cuadro tremendo y expresivo para mi gusto. Una visión muy personal de Alcalá de Henares que desmitifica los mitos de la patria chica, que pone a cada cosa en su lugar simplemente descolocándolas y agitándolas. Una agitación poderosa capaz de crear el desbarajuste que nos ha de ajustar. Que nos ha de recordar nuestra realidad. Quizá, en cierto modo, tal como yo lo veo, está en la cuerda del límite entre ese ensalzamiento del centro histórico que parece buscar las bases del certamen al elegir ese espacio, centro turístico que pierde su esencia para sus ciudadanos, y esa furia que se ríe con sarcasmo de lo frágil que es ese orgullo de glorias pasadas, de las que hablaba Azaña, cuando en la actualidad no nos damos cuenta de lo frágiles que son las rentas del pasado ante la fuerza del actual, de esa inestabilidad que es el presente al tener que enfrentarse siempre al futuro, problema que el pasado tiene minimizado, aunque no inexistente. Hay más Alcalá que el siglo XVI, me decía una pintora el día anterior al certamen, y ciertamente, así es. Quizá por ello también me llama la atención una idea ya un tanto usada, incluso por la serie de dibujos animados de los Simpsons, pero también por otros autores de cuadros, de hacer de una calle un río navegable. En este caso la Calle Mayor. Pese a lo usado de la idea me gusta el cuadro bastante, independientemente de su ejecución, que no me parece mala. Para mí refleja un sueño y una metáfora, en cierto modo una expresión de la realidad crítica con esta ciudad justo en su calle más transitada. La barca y los ríos han sido objeto de metáfora continua en la Literatura y el Cine, en los cuadros también. Puede tener innumerables interpretaciones, pero estas hay que ajustarlas en este caso a esa Alcalá de Henares de la que pedía hablar el certamen. De repente un cuadro típico de costas como las asturianas o las vascas de comienzos del siglo XX se nos cuela en esta Alcalá de meseta. Me dice muchas cosas este cuadro, pero dejo a reflexión propia de cada espectador lo que le diga a cada uno.

Hubo una vez más concurso de pinturas infantiles. Se anima así a los más jóvenes en sus capacidades creativas. Es una más de las formas para incentivar este tipo de actividades culturales que, ¿por qué no decirlo?, enriquecen nuestro ser ciudadano. No hace falta ser un gran artista, se sea de la edad que se sea, para poder compartir con los demás lo que te estimula, incluso siendo dentro de una temática fijada. Pensemos además que los dos cuadros más famosos de Goya sobre la Guerra de la Independencia, El 2 de mayo de 1808 en Madrid y El 3 de mayo en Madrid, son producto de un concurso de pintura que convocó Fernando VII entre pintores reconocidos para tener una obra pictórica que ensalzara la defensa y triunfos de los españoles frente a los franceses. Los cuadros no ganaron, de hecho fueron un tanto escandalosos porque en ellos no se reflejan gloria ni romanticismo heróico, sino actos y expresiones de barbarie desatada. De hecho los cuadros no vieron la luz hasta varios años más tarde de ser presentados a concurso. Goya los pintó para ver si conseguía dinero, pero también para amortiguar en su persona la represión de Fernando VII contra los afrancesados como él, que por otra parte era cuestionado por la Inquisición por La maja desnuda. Es obvio que Goya no pudo resistirse a dar un bofetón al pintar los cuadros como los pintó, pero lo que vengo a decir con esta anécdota es que, sin necesidad de ser o no ser autor conocido o profesional, de un concurso pueden salir obras dignas de ser compartidas y exhibidas, y es un placer que haya autores que se presten a compartir su arte en estos espacios abiertos y comunes de la ciudad. Todos aprendemos de todos en cierto modo. Nos retroalimentamos los unos de los otros.
En fin, como siempre en esta bitácora, las imágenes aumentan en el ordenador si se pulsa sobre ellas. Saludos y que la cerveza os acompañe.

1 comentario:

María dijo...

Me alegro de que mis fotos te hayan servido para sacar todo esto (A pesar de la poca calidad), y yo que "pinto" no soy capaz de verlo...