miércoles, febrero 15, 2017

NOTICIA 1681ª DESDE EL BAR: LOS LIBROS, COMENTADOS, QUE LEÍ EN 1994-1998 (2 de 5, adolescencia)

A todos estos libros que os comento habría que sumarle obviamente los libros de texto de Bachillerato, COU y de aquel comienzo de carrera universitaria en Pedagogia. Libros de texto sobre psicología, técnicas pedagógicas, biología, didáctica... en aquella carrera, pero en Bachillerato y COU: libros de Historia, Filosofía, Latín, Inglés, Música, Matemáticas, Lengua Española, Literatura, Fotografía, Física y Química, Ciencias Naturales y otros. El número de libros leídos esos años aumentaría con estos. En esta entrega me ocupo de los libros que leí completos en 1995, en cuya primera mitad cursé la segunda parte de segundo de Bachillerato y en su segunda mitad cursé la primera mitad de tercero de Bachillerato, en una opción personal de Letras Mixtas que en realidad eran casi Letras Puras si no fuera por una asignatura de Matemáticas que en la práctica eran temas sobre elaboración e interpretación de estadísticas.

1995: 16 años de edad.
Leí 22 libros completos.

A la caza de los diamantes mortales (J. J. Fortune, 1991): Un libro chiquitito de la editorial Toray que me había regalado una compañera de colegio en la Enseñanza General Obligatoria (EGB) en el 8º curso, entre 1992 y 1993, Vanesa se llamaba ella. No me lo regaló por nada especial, es que a nuestra tutora se le ocurrió hacer un amigo invisible y a ella le toqué yo para hacer el regalo, a mí me tocó un vecino mío que iba a mi clase. El libro era un librito para adolescentes, sobre robos y misterios en las costas de Marsella. No me llamó mucho la atención al recibirlo, he de ser sincero, y cuando lo leí tampoco me llamó la atención. Creo recordar que lo regalé a la vez años después a una vecina joven en edad escolar cuya profesora recomendó a sus padres comenzar a darle lecturas que empezaran a abandonar lo infantil.

El sí de las niñas (Leandro Fernández de Moratín, 1805): Una obra de teatro escrita por Moratín basándose en un hostal de Alcalá de Henares, cerca de la Puerta de los Mártires, pero esto lo sabría años más tarde. Lo leí en una edición barata que compré en la feria del libro, que aún tengo. Por entonces se nos dio a leer en Bachillerato como ejemplo de Literatura Ilustrada española, propia del siglo XVIII a pesar de estar escrita en el comienzo del siglo XIX. El profesor que nos la analizó, nos la analizó como la obra más destacable de ese tipo de Literatura, pero como si esta no tuviera el valor emocional de otros estilos y épocas. Eso se nos transmitió. Con el tiempo supe valorarla más, sobre todo cuando inicié la carrera de Historia y me aproximé al pintor Goya, su etapa costumbrista encaja bien con esta obra literaria, se entiende complementariamente.

¿Quién mató al embajador? (Alberto Vázquez-Figueroa, 1974): Al igual que pasó el año anterior con La Iguana, este libro dio lugar a muchos comentarios confundidos cuando me preguntaban por el libro. La gente creía que era un libro de misterio y me preguntaban y sugerían libros de crímenes. Sin embargo, fiel a su origen y estilo nacido del periodismo de reportaje, la novela es una ficción que no es de misterio, si no que va ahondando y desentrañando una realidad compleja de los países del Tercer Mundo donde todas las circunstancias sociales, económicas y políticas son asesinas en sí mismas. No es el libro que más me entusiasmara de este autor, pero fue esclarecedor de realidades.


Sha (Alberto Vázquez-Figueroa,1980): Era de mi padre, de la editorial del Círculo de Lectores. Algunos profesores se extrañaron porque tuviera este tipo de lectura. Pero en mi casa sabían que era normal. Se trata de la narración novelada de los acontecimientos históricos de la expulsión del emperador de Persia (de Irán) y el triunfo de la revolución de los ayatolás, de Jomeini. Narra ese momento dentro de un contexto de la Guerra Fría y, muy acertadamente por parte del autor, anticipaba lo que iba a suponer de retroceso en modernidad para Irán aquella ida.

Mostelaria o La comedia del fantasma (Plauto, siglo III a siglo II antes de Cristo): Esta vieja obra de teatro de la República Romana me dio a conocer por primera vez a Plauto. No sería mi único encuentro con este autor. El libro era un librito de Ediciones Clásicas que nos regaló a todos sus alumnos de Latín nuestro profesor Miguel Ángel. El autor de comedias me gustó y ahondé con posterioridad en su obra y en su vida. Lo busqué, lo referencié. Me ayudó a comprender algo mejor el humor y ciertas costumbres sociales de la antigua Roma. Comprendí además algo mejor la diferencia entre un romano de la República en su forma de pensar y otro del Imperio. Además, descubrí más mitología con estos chistes viejos, que, bien explicados por el profesor, entendíamos y nos hacía gracia. La obra, pese a tener unos dos mil trescientos o dos mil doscientos años, sigue ahondando en cuestiones humanas hoy en día actuales. Además esta lectura se acompañó de una excursión que comentaré a continuación con el siguiente libro.

Lisístrata (Aristofanes, siglo V antes de Cristo, representada por primera vez en 411 a.C.): Este fue el segundo libro de Ediciones Clásicas que nos regaló Miguel Ángel, aunque en este caso el autor es de la Grecia antigua. La cosa es que Miguel Ángel también enseñaba griego clásico, aunque yo no tenía esta asignatura, en su lugar me enseñaba un nivel de Latín que ya no era el básico y obligatorio a todos los alumnos. Este libro lo destaqué en la Noticia 204ª. Como dije por entonces, esta obra de teatro es todo un despertar sexual, pero lo que no dije es que también en cierto modo enseñaba una lección de pacifismo, de revolución sexual femenina y del uso y utilidad de la huelga como herramienta de protesta, no obstante, Aristofanes vivió durante las Guerras del Peloponeso y era contrario al belicismo. Dije por entonces que pude ir a una obra de teatro a ver representar esta comedia. Lo cierto es que vi esta obra y Mostelaria, de ahí que Miguel Ángel nos regalara estos libritos, que guardo con cariño. Él hizo los trámites para llevarnos al festival de teatro clásico que se celebra anualmente en las ruinas del teatro romano de Segóbriga. Las ruinas de aquel antiguo municipio romano son espectaculares. A mí al menos me cautivaron y me hicieron interesarme más por lo romano de lo que ya estaba interesado de por sí. Los grupos de teatro que hicieron las representaciones eran grupos universitarios, creo recordar, y estaban vestidos como en el teatro de la época, con caretas y todo. Uno de los mejores recuerdos, entre otros, de las excursiones de aquellos años de Bachillerato. Por cierto que con Miguel Ángel guardo aún hoy amistad, ya que al vivir en Alcalá hemos podido vernos de tarde en tarde, e incluso compartir competiciones de juego de preguntas de Trivial. Una muy buena persona.

Aulularia o La comedia de la olla (Plauto, siglo III a siglo II antes de Cristo): Tras el éxito que tuvo entre sus alumnos las dos comedias anteriores, Miguel Ángel nos mandó leer esta otra obra de teatro de Plauto. La busqué en Ediciones Clásicas, pero el papelero-librero de mi barrio no lo encontró. En su lugar me vendió el primer volumen (de dos) de las obras completas de Plauto, en editorial Cátedra, curiosamente no con las cubiertas negras tradicionales de esta editorial, sino blancas. La obra de teatro se basaba en otra de siglos antes de origen griego, pero el tema es tan recurrente que se han realizado diversas versiones posteriores, la de más éxito: la del siglo XVII de Molière llamada El misántropo, la cual vi en teatro interpretada por mi hermano años más tarde. La incapacidad de Luis, el papelero de mi calle, de conseguir la edición que le encargué me permitió tener una excelente compilación de las primeras obras de Plauto con un cuidado estudio biográfico, historiográfico, mitológico y literario. Me empapé bien y supe apreciar más el valor de las ediciones críticas.

The woman who dissappear (Philip Prowse, 1975): Fue el primer libro que leí en inglés, sin contar los de texto didácticos. No recuerdo si por entonces quien me enseñaba inglés era la profesora Raquel, o Mercedes (que también enseñaba Historia de la Música) o el profesor Miguel. Yo creo que Raquel nos intentó hacer leer por partes una versión abreviada de La vuelta al mundo en ochenta días, de Julio Verne, pero que no lo logró por falta de días lectivos y de que avanzara la clase a la vez con el idioma. Y creo que pudo ser Miguel quien nos diera a leer esta otra novelita de detectives y misterio, también por partes y tutelados por él. Lo que sí recuerdo es que los tres se empeñaron en que viéramos una película en inglés subtitulado y de que de aquellas sesiones nadie aprendió nada más allá de la búsqueda de distraerse en la oscuridad de la sala. En todo caso, la lectura de este libro y mis intentos de leer las letras en inglés de los grupos de música que me gustaban fueron un primer acercamiento a esta clase de prácticas para aprender inglés, por entonces de manera reglada, años más tarde: autodidacta. Con Miguel me encontré muchas veces después, en mis años universitarios, asitiendo al Cine Club Nebrija y al Festival Alcine como jurado del público, especialmente cuando se jubiló. Otra muy buena persona, y de los profesores con aptitudes pedagógicas más valiosos que he conocido.

El romancero gitano (Federico García Lorca, 1928): Lo destaqué en la Noticia 204ª. Yo ya había leído poemas sueltos de este libro desde que estaba en la EGB, porque teníamos en casa un ejemplar de mi madre de la editorial Cátedra, que incluía Poema del cante jondo, del cual leí cosas sueltas pero aún no de forma completa. Ella decía que le gustaba, aunque tampoco es que la viera consultarlo mucho, pero es cierto que el libro era suyo y que lo conocía y conocía sus poemas. De hecho mi madre tiene por casa varios libros de su juventud marcados con su nombre, aunque con los años hace tiempo que no la veo lectura de libros, sí otro tipo de lecturas. Leer el libro completo y de manera analítica, dado que es un poemario complejo, lo hice por primera vez ahora con el profesor Julio Huélamo y su interés porque conociéramos la Literatura experimental. Fue muy enriquecedor, exigente, pero enriquecedor. Era un buen profesor de Literatura. Nos enseñó no tanto a que entendiéramos a los autores como él los veía, sino a que aprendiéramos a conocer las claves por nosotros mismos para que pudiéramos interpretar a los autores por nosotros mismos, lo que se dice hacer lecturas íntimas y personales. Lorca es como un jeroglífico. Su surrealismo y la psicodelia de The Beatles a través de unos álbumes que me regalaría mi madre en Navidades iniciarían en mí una etapa creativa diferente y decisiva. En cuanto a Lorca, hay quien dice que mi obra tiene en cierto modo algo de él, no de modo claro muchas veces, pero algo. Sea como sea, este libro no sería la única vez que lo leería entero.

Poemas satíricos (Francisco de Quevedo, recopilatorio de poemas suyos del siglo XVII en 1984): Otro libro de mi madre. Se trata de un recopilatorio de 1984 de poemas de Quevedo en el siglo XVII. Era una edición de Selecciones Editoriales, desconozco si se trataba de un regalo de una revista o de alguna compra de libros de mi padre y mi madre. Las ilustraciones eran de Goñi, que por entonces hacía viñetas de humor en revistas y periódicos. Son varios de los poemas satíricos de Quevedo, especialmente los de contenido sexual, aunque no exclusivamente estos. A mí, del Siglo de Oro de la Literatura española, me atraían por entonces Quevedo y Garcilaso de la Vega. Este libro me lo leí por iniciativa propia. Lo leí dos veces.

La vida del Buscón (Francisco de Quevedo, 1626): El libro no sé si lo compró mi madre o mi padre, pero se lo dieron a mi hermano. Él me lo dejó. Yo se lo pedí, quería leerlo por iniciativa propia. Sería una edición de los años 1980. Me pareció bastante divertido y más contundente que El Lazarillo de Tormes. El humor negro, la picaresca y la sátira social se mezclan muy afortunadamente en esta novela. Un clásico de ese estilo del humor español.

Scorpio en la Rusia de los zares (Alex McDonough, 1991): Era una de las novelas de una tetralogía, creo. Yo le encontré barato en una oferta y me lo compré. Me atraía la combinación de novela histórica, aventuras y ciencia ficción. Aparecen viajes en el tiempo, extraterrestres y aventuras e intrigas en la Corte de los zares de Rusia justo en tiempos de la Revolución Rusa de comienzos del siglo XX. Aprendías y te divertías a la vez. Me atrajo a su compra el tema de los viajes en el tiempo.

Maleficio (Stephen King, 1984): Cuando era niño había acumulado muy malas experiencias con películas de terror de Stephen King, pero había algunos casos que fue lo contrario. Este autor era uno de los favoritos de mi hermano. Tenía varios de sus libros. Yo no quería leerlo, tenía miedo a que me provocara demasiado miedo, o más bien que me originara alguna manía por miedo. Pero llegó el año en el que me atreví a leer algo de él. No tenía nada que ver con otros libros de miedo que ya había leído. Era algo más próximo. Su lenguaje, su ambientación, la cercanía temporal y de comportamiento de sus personajes... Pocos años después sabría que las primeras novelas de King eran las que creativamente tenían más valor, mientras que el resto, siendo éxitos, responden a un esquema elaborado por él y su editorial para generar grandes ventas. En este libro de maldiciones gitanas descubrí que no era para tanto mis temores y que la narrativa de este autor me abría las puertas a una nueva forma de idear relatos que generasen emociones encontradas e interés.

Historias fantásticas (Stephen King,  1985): Una colección de relatos, algunos no necesariamente de terror. El lenguaje totalmente actual de King seguía siendo lo que más efectismo me provocaba.

El sabueso de los Baskerville o El perro de los Baskerville (Arthur Conan Doyle, 1902): Le compraron este libro a mi hermano para que practicara la mecanografía, creo recordar. Era una edición barata, como de novela de bolsillo a la antigua usanza, con malas calidades de papel, pero precisamente eso le daba un toque especial, porque en lugar de clasificarlo en el género de misterio, al ser una novela de Sherlock Holmes, lo englobaban en el género de terror. No era para menos, existían varias películas de este libro que se catalogaban desde antiguo como cine de terror. La verdad es que yo no le encontraba nada de terror, ni siquiera de manera aproximada a lo que se hacía de terror en el siglo XIX. El libro me gustó bastante, pero lamentablemente no he tenido ocasión de leerme nada más del personaje Sherlock Holmes. Muy recomendable.

Confesiones de un vampiro o Entrevista con el vampiro (Anne Rice, 1973, no publicado hasta 1976): Una edición de bolsillo de la editorial Plaza & Janés aprovechando el tirón del éxito de taquilla cinematrográfica de la película que hizo Neil Jordan en 1994 y que en España estaba en pantalla grande en ese 1995. Fuimos al cine a verla mi hermano y yo. Nos gustó muchísimo. Además, la idea de la vida eterna como vampiro, sus contradicciones, el aceptarlo o el sufrirlo... era una idea romanticista del vampirismo que combinaba lo romántico de las novelas de vampiros del siglo XIX con lo pragmático y crudo de las historias de vampiros del siglo XX. Por ello mi hermano se compró este libro en Librería Diógenes, le costó lograrlo, porque siempre estaba agotado. Un día mi padre le llevó en coche a la tienda sólo para que pudiera comprarlo porque lo habían encargado. Por entonces no se hacían avisos a tu teléfono, simplemente te indicaban la posibilidad de que llegara  en el reparto de un día de la semana, y si no venía... hasta la semana siguiente. El libro lo leímos sin poder parar ninguno de los dos. Aunque sabemos que es parte de una saga, sólo leímos este. Recuerdo haberlo leído hasta bajar la luz y tener que encender una lámpara o mi madre o mi padre. Era algo imparable.

Las últimas aventuras de Sandokán (Emilio Salgari o Giovanni Bertinetti, 1896): Nos lo regaló de Editorial Orbis una vecina de mi abuela materna, que trabajaba en una distribuidora editorial e imprenta. El libro ha sido atribuido a Emilio Salgari tradicionalmente bajo el nombre más conocido de Los piratas de la Malasia, y se trataría de tres historias largas que algunos han querido llamar "tres novelas en un sólo libro". Sin embargo, estudios más actuales indican que el libro lo escribió Giovanni Bertinetti, que en alguna ocasión ya habría usado otras veces a los personajes de Salgari. Sea como sea, lo leí por puro gusto de leer una historia de uno de los piratas más conocidos y por entonces más nombrados de la ficción: Sandokán. Estas piraterías en Extremo Oriente eran muy exóticas y realmente parecía que se conocía bien el mundo aventurero de cierta piratería irreal dotada de heroísmo.

El cantar de Mío Cid (anónimo, 1200): Lo leí de la Editorial Odres Nuevos, que adaptaba el castellano antiguo al castellano actual. El libro era de mi hermano. Un largo poema épico que marca los inicios de la Literatura española y el cual narra unos cien años después la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador. Épica medieval escrita en su propia época medieval. Yo había visto la película de los años 1950 varias veces y me gustaba. Leerlo en su poema original me atrajo más, supongo que iba cuajando en mí no sólo un gusto literario sino también por la Historia en sus documentos. Algunos de sus versos se me grabaron en la cabeza, de vez en cuando me vienen porque sí al recuerdo, sin explicación aparente. Jacinto, el profesor de Literatura que nos lo dio a leer y nos lo explicó, era ciertamente algo nacionalista en lo español y le dio un cierto énfasis a la lectura. Era un hombre por entonces ya mayor.

La Celestina (Fernando de Rojas, 1499): ¿Obra de teatro o novela teatralizada? La gran pregunta para una de las obras más emblemáticas de aquella España de los Reyes Católicos en la que, por otra parte, se sospecha que también el autor tuvo que cambiar y guardar cierto pseudónimo. Sea como sea, este libro nos lo mandó leer no recuerdo si uno de los dos profesores de Literatura o mi tutora y profesora de Historia, Rocamador Erdozain, en una de sus tutorías. Pero tengo una historia con este libro que me iba a marcar también en mi interés por la Historia, en concreto por la actual y más en concreto por el conocimiento de la lucha por las libertades y las democracias en su choque con los autoritarismos. Me voy a explicar. Cuando me mandaron leer este libro había disponible en mi casa una edición de la editorial Petronio de 1970, ejemplar que era y es de mi madre, según se lee a bolígrafo en su primera página donde probablemente mi hermano pegó de niño unas calcomanías de animales de la selva africana de una colección que había en los años 1980 de Tarzán y que aparecen en otros objetos de mi casa. La cuestión es que para poder hablarnos del análisis de la obra debíamos avanzar la lectura en casa, leer en la hora de clase un fragmento y comentar entre todos aquella lectura. Uno de los alumnos o de las alumnas leía en voz alta y el resto le seguíamos leyendo para nuestros adentros, siendo por caso que cada determinado número de párrafos saltaba de alumno lector en voz alta. Yo siempre me perdía. Mi profesora creía que era porque mi ejemplar no estaba en castellano antiguo, sino casi actual. Luego vio en una de mis lecturas que no se diferenciaba mucho del resto de libros. Pensó que yo me distraía, pero no era así. Un día, harta, cogió mi libro para leer ella y... no aparecían los párrafos o frases de la persona que me precedía en la lectura en voz alta, del mismo modo que lo que yo leí hizo perder el hilo al resto de compañeros porque no lo encontraban en el lugar donde debían, sino páginas más tarde. La cuestión fue resuelta por la profesora que se dio cuenta entonces del problema real: mi libro contenía fragmentos censurados por la dictadura franquista. No aparecían. Seguirían alguna reedición de alguna autorización de publicación anterior a 1966-1967. Eso hizo que compráramos una edición actual de Cátedra, ahora sí: sin censuras. Desde entonces me comencé a interesar por los temas de censura algo más, sobre todo los de la censura reciente. No obstante, ese mismo año mi grupo de amigos y yo seríamos censurados en la revista del instituto, pero ese es otro tema. Sería, no obstante, un punto de inflexión. En cuanto al asunto de los libros censurados, suelo fijarme bastante en las ediciones. Tengo varios libros en edición censurada y en una no censurada, pero no porque los coleccione, sino por cuestiones muy puntuales de otra índole. Son muy pocos. Sin embargo, en mis estudios, investigaciones e incluso trabajos de Historia y archivo he tenido que consultar comparaciones de textos censurados, expedientes de censura, originales previos a censura, etcétera. Cuando voy a librerías o ferias de libros antiguos suelo mirar estas cosas con minuciosidad. Un mundo muy desconocido para la gran mayoría de los españoles, muchos de los cuáles crecieron creyendo que no había tanta censura como se dice hoy día, pero se equivocan, pues ignoran cómo se hacían las ediciones y la censura. Ay, la maquinaria del franquismo, que sigue haciendo estragos en las mentalidades actuales sin que mucha gente se planteé siquiera el porqué de algunos de sus propios pensamientos y nociones de la realidad. Como sea, mi madre se quedó también la edición actual de los años 1990, pues una vez que supo que el que tenía estaba censurado, cosa que ella ignoraba pues al haberse publicado en su juventud creía equivocadamente que sería porque no estaría censurado, quería conservar el ejemplar íntegro junto al otro ejemplar.

Historia de los grandes viajes y los grandes viajeros (Julio Verne, 1878): Lo encontró mi hermano en una feria del libro antiguo y me lo compró. Yo a él solía comprarle libros que creía que le interesarían, sobre todo de cine, hasta que me dijo que no lo hiciera más. Este libro es un libro de Historia escrito por Verne. Intenta ser científico, como en el resto de la Historia, pero su pasión por la Literatura hace que caiga en un error muy común en los historiadores aficionados del final del siglo XIX, por muy cultos que fuera: ejercer de cronistas y crear crónicas, no ejerciendo de historiadores escribiendo Historia. Para un lego puede que no aprecie la diferencia en los términos, pero la hay y estriba en el método y exigencia de la deontología científica como Ciencia Humanística. El libro no se lee mal y gracias a él he sabido de la historia de varios viajes y viajeros que completan la Historia que después he estudiado en carrera universitaria. El libro es una referencia para algunas cuestiones, además, Verne toca algunos personajes poco tocados en la historiografía occidental del siglo XX. Supongo que mi hermano me lo compró por Julio Verne, por ser de Historia y por ser de viajes. Me gusta tener este libro, y alguna vez lo he referenciado. Supongo que en cierto modo Verne quiso hablar de las personas que le motivaron para escribir muchos de los relatos de viajes de aventuras que imaginó. 

Fotografía (s.a. / s.f.): Cuando anoté que leí este libro no anoté ni su autor o autora, ni su fecha. Cursé en Bachillerato dos años de fotografía, por entonces analógica, no digítal. Tuve una profesora, Galocha, y un profesor, de quien no recuerdo nombre pero sí su fuerte acento catalán. Era un libro técnico mediante el cual conocí mecanismos y técnicas de la fotografía que fui completando con la consulta de una enciclopedia de los inventos que tenía mi padre, llamada Cómo funciona. Aprendí el uso de los obturadores, los disparadores, las medidas de la luz, los zoom, la carga y revelado de negativos, el revelado de negativo a positivado, la preparación de los líquidos, los cuartos oscuros de luz roja... Aprendí enfoques, focos, la visión artística... me encanta la fotografía de reportaje, tiendo a ella, no al posado, y comencé en fotografía en blanco y negro, la de color me parece más compleja, y me atrajo lo experimental y lo geométrico... Ahora con la fotografía digital se hacen muchas cosas simplemente eligiendo con un botón o pulsando una pantalla lo que antes se lograba revelando de un modo y otro, eligiendo opciones en el foco, usando una técnica u otra, un papel u otro, más tiempo o menos de revelado, filtros de colores de cristal, grandes angulares... Antes la fotografía era más artesanal y eso hace que cada fotogafía de antes sea más única que las de ahora, pues antes no había vuelta atrás si en una decisión tomada no te convencía luego el resultado, por ello había que tener mucho cuidado, mucha seguridad, realizar pruebas de revelado y si te equivocabas en algo, vuelta a empezar, salvo si estropeabas el negativo, que en tal caso no había solución. Me gustaban estas clases, pero no he vuelto a usar una máquina de fotos reflex ni semireflex desde que no dispongo de la mía analógica, que era de mi madre, y no he tenido dinero ni he mirado demasiado las de este tipo digitales. Es otra cosa, no es lo mismo.