martes, enero 17, 2017

NOTICIA 1674ª DESDE EL BAR: LA SALITA, CRÓNICA (1970)

España en su grandeza es un salón familiar donde encontramos un mueble viejo en torno al cual la familia hace su vida, gracias a que en él depositan por igual y sin distinción el televisor, viejos tomos enciclopédicos y las botellas que de tarde en tarde los padres abren para beber en las fiestas de reunirse. Las lámparas aspiran en el techo a ser algo que engrandezca con estilo actual, aunque se quedaron en realidad en otra época más iluminada. Al fondo el cuarto de estar, con sus sillones con visillos y fundas de tela en estampados no afortunados, pero que dotan de una calidez entrañable el convivir con ellos. Un cuarto de estar normalmente reinado por los reyes de la casa, esos padres que, siendo los que administran la casa, dotan de ausencia su presencia. Y las niñas y el perro, con esos juguetes de irse pronto a la playa o a la piscina, junto a la planta en la maceta que a la madre le ha costado mimos y esfuerzo que crezca. Y Velázquez, ¿cómo no va a haber un Velázquez en cada familia que retrate cada instante para la posteridad, para el recuerdo venidero si no con el relato auténtico, sí con el que invente los años?

De todos los pintores españoles de la segunda mitad del siglo XX siempre habrá quien adore a Antonio López y su realismo preciso y casi fotográfico, con su familia real de don Juan Carlos I, a la que comenzó a pintar de jóvenes y acabó el cuadro siendo todos viejos y Juan Carlos I rey emérito. Esa realidad, así casi como de cuento de Borges donde el tiempo atrapado se destrapa por sí mismo en un bucle para ser contado, aunque es de admirar, siempre me admiró tanto como a la vez me hacía sentir que le faltaba justo el relato no fotográfico de la escena. Le faltaba lo no preciso. La magia que nos hace maquinar en la cabeza las mil ideas que nos surjan. Así pues, de la segunda mitad del siglo XX fueron y son de mi especial regocijo siempre el que fuera Equipo Crónica, compuesto por Rafael Solbes (1940-1981), Joan Antoni Toledo (1940-1995) y Manuel Valdés (1942). Los tres pintores se asociaron como Equipo Crónica tras escindirse del grupo Estampa Popular en 1964. La primera vez que vi un cuadro suyo no recuerdo si fue en una exposición temporal o en la permanente del Museo Reina Sofía o quizá en Bilbao. Era un Capitán Trueno dando mandobles y rajando cuerpos en mitad del cuadro de Picasso El Guernica. La irreverencia de Crónica era necesaria para poner en tela de juicio todas las intransigencias y altares culturales, sociales y políticos levantados por la dictadura franquista. Eran por ello también: congtraculturales, incluso aún hoy siguen siéndolo. Ellos eran claramente pintores del Arte Pop, aunque más de un crítico español les ha calificado pintores de la denuncia social española. De acuerdo, sus cuadros están llenos de humor y sátira que denuncia las costumbres y las intolerancias de la sociedad y de la dictadura que les tocó vivir, pero es innegable que lo hacen claramente desde el Arte Pop. Los colores planos, los tonos pastel, la tendencia a la producción de cuadros con variantes como en producción industrial, la elección de elementos muy conocidos popularmente...

En La salita vemos a Las Meninas de Velázquez. Crónica reinterpreta en 1970 esta parte de la familia del rey Felipe IV, uno de los emperadores de España llamado de los Austrias menores por una historiografía propia que hablaba así de los reyes españoles del siglo XVII. Aquel siglo, siglo del Imperio, había sido recogido por el franquismo para hablar de las esencias patrias y alimentar a los españoles de unas glorias pasadas como si fueran presentes. Crónica sabe coger esos elementos de la grandeza española, incluída la del gran Velázquez, apreciado ya en masa por turistas americanos y europeos en esos momentos cuando visitaban el Museo del Prado, y le dan la vuelta para acercarla a la cotidaneidad de una familia si no de clase media al menos de una clase trabajadora que se puede permitir ya unas vacaciones en 1970. Como si se tratara de la casa del pueblo, o de un apartamento en la playa, la realidad imperial española cobra ambientte casi pueblerino pero a la vez mucho más real y cercano a lo que los españoles comunes vivían en aquellos últimos años de una larga y empobrecida dictadura que aletargó todos los modos de ser de España. Se desmitifica la grandeza española para hablarnos la de otra grandeza de los españoles: el saber vivir con poco, el saber disfrutar con cosas más cotidianas. Hay en ese cuadro más elementos para analizar y descubrir la forma de ser de los españoles comunes del siglo XX, que de los españoles del siglo XVII en el cuadro original de Velázquez. La foto de las niñas que no terminan de posar.

El cuadro se puede ver hoy día en el Museo de la Fundación Juan March. Lo cierto es que ningún cuadro de Crónica me suele defraudar. Fueron algo de luz y de humor en el panorama español, tan acostumbrado a mirarse a sí mismo con seriedad y dignidad en cada cosa que hace. Nos han faltado Crónicas que nos recuerden que más que de una furia española, venimos de viajes en coche humilde por la noche rumbo a las playas atiborradas de gente donde algún familiar te recordaría siempre que te pusieras crema protectora, por si te daba mucho el sol.

No hay ámbito español donde un español no aspire a un Antonio López (dicho como metáfora), y menosprecie los Crónica. Saludos y que la cerveza os acompañe.