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viernes, octubre 16, 2026

NOTICIA 2490ª DESDE EL BAR: LA BOLA NEGRA

Estamos muy cerca de Alcine 55, donde volveré a ser jurado del público, como cada año desde el año 2000 incluido, y este año le antecede en el cine comercial una de las películas españolas más exitosas de los últimos años, La bola negra, dirigida y estrenada este año por los directores llamados "Los Javis", Javier Calvo y Javier Ambrossi. Para los que coleccionan estadísticas de premios, de momento ha obtenido el Premio del Público a la Mejor Película del Festival de Toronto (TIFF 2026), el Premio del Público del 74º Festival de San Sebastián y el Premio a la Mejor Dirección en la 79º Edición del Festival de Cannes, está nominada a representar a España en la mejor película extranjera en los Premios Oscar en 2027 y ya veremos que hace ese mismo año en los Premios Goya. Pero el mejor premio se lo está llevando ahora mismo en las salas de cine. Es una de las películas más taquilleras en las pantallas españolas en un año que ha sido muy afortunado con este éxito sumado al de La Odisea (Christopher Nolan, 2026) y Spiderman: New Brand Day (Destin Daniel Cretton, 2026), tres películas muy diferentes entre sí, aunque todas son grandes producciones cinematográficas, aunque las dos de Estados Unidos sobrepasan con mucho como gran producción a la española, que no obstante también cuenta con dos actrices internacionales de peso, Penélope Cruz y Glenn Close, y unos medios económicos que se intuyen elevados por los muchos recursos que se ven de efectos especiales, caracterización, coros de personas, etcétera. He visto los tres metrajes en cine, creo que ha sido un acierto muy grande, y probablemente, aunque está difícil decirlo y decidirlo, puede que La bola negra sea la mejor y la más impactante. No lo digo por ese sentir de defender lo español que cada vez sienten más personas a ciegas, siguiendo lemas tópicos y a veces de rancio sabor incluso cuando se viste de modernidad defendiendo que sólo por ser de España se defiende, cuando algunos de los que lanzan ese lema (que muchos siguen sin pensar) por ser muy español que tú seas, si hay algo que les viene mal de ti, ya te digo yo que precisamente no te van a defender ni aunque tengas acento de Valladolid. 

Pero antes de entrar en hablar de La bola negra en sí, sigamos con las estadísticas. Si seguimos los datos aportados en Wikipedia la película se ha colado entre las diez películas más taquilleras del cine español en España en esta tercera semana desde su estreno, es la octava que más ha recaudado de momento, va subiendo. En cuanto a espectadores lleva a fecha de 15 de octubre unos tres millones y medio, sin haber entrado todavía en las diez que más han tenido en este país, aunque está a punto de desplazar por la parte baja de esas diez películas a No desearás al vecino del quinto (Tito Fernández, 1970) y probablemente sobrepasará con facilidad a El orfanato (2007) y Un monstruo viene a verme (2016), ambas de Juan Antonio Bayona. Tiene toda la pinta de que se situe tanto en recaudación como en público en la primera, siendo en estos momentos respectivamente la primera Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014), que dista en cifras con mucho a las que respectivamente se sitúan como las segundas. No son cifras fáciles, pero da la impresión de que los Javis han dado con una tecla de creatividad muy potente, y eso me hace decir que tal vez también entre entre las diez películas españolas de más éxito en el mundo, donde desde 2001 la primera es Los otros (Alejandro Amenábar), que en este caso sí sería muy difícil de superar por razones que no me voy a explayar aquí, pero que aparentan ser evidentes, pero que sí podría desplazar como mínimo a la que está la décima, que es Momias (Juan Jesús García, 2023), y tal vez a alguna de las de Pedro Almodóvar, que son las siguientes por la parte de abajo de las diez primeras.

La bola negra es altamente impactante porque ha sido concebida como algo más que una mera obra de cine para la taquilla. Se nota muy evidentemente que ha sido creada con un sentido artístico muy elevado y muy intenso. Es una película total que no ha querido dejar absolutamente nada ni descuidado ni al aire. Su punto más débil precisamente no es cinematográfico, es publicitario, al empeñarse en incidir  a fomentar a Federico García Lorca más que a la película, aunque es posible que Lorca haya atraído a mucho público que de otro modo no se hubieran acercado si les hubieran dicho que la guerra civil vuelve al cine español. Y lo es también al incidir en los anuncios televisivos y fotografías para prensa en fotogramas y fotografías a coros de actores fuera de fotogramas que muy artísticamente presentan retratos que insinúan o directamente dejan ver homosexualidad, que es un eje central de la película, indudable, pero subrayo, es un eje, hay más ejes en esa película. La película no rueda sólo en una dirección, su riqueza artística es precisamente grande precisamente porque lanza tantos mensajes y tantos caminos abiertos a la reflexión que no deja indiferente tampoco en todo aquello que se ve en el argumento y no tiene que ver con lo homosexual. Aunque es conocido el hacer de los Javis por las reivindicaciones de la igualdad y derechos de los homosexuales, ellos van más allá de ello, y probablemente atrayendo con este tema a también un gran número de público, aprovechan para explicar la realidad social española que al rozarse más escuece desde el arco histórico que marca la Segunda República a la actualidad de 2026. No van al tópico, aunque lo tocan, pero lo tocan para decir lo que incomoda decir a uno y otro sector social de lo que llaman tópicamente "las dos Españas". Para poner  un ejemplo, la aparición de la tropas marroquíes en el ejército de Franco haciendo cosas corrientes, no tanto las atrocidades de guerra que se veían en Libertarias (Vicente Aranda, 1996), sino cosas corrientes de la vida militar y en perfecta convivencia con las tropas de Franco y fascistas italianos, incluso practicando sus rezos islámicos mientras se celebra una misa, está dispuesto en el argumento de una manera que es todo un revulsivo mental imprevisto incluso para los Javis en un momento en el que mucha de la extrema derecha española actual está en pie por el asunto Ceuta. De hecho, en vista de estadísticas que darían por ganador de las elecciones de noviembre a un hipotético gobierno de PP-Vox, uno se pregunta si un gobierno así apoyarían a la película en esa gala de los Oscar de 2027 o si la aplaudirán en los Goya, por más que uno además piensa que se van a ver tentados de hacer censuras y cancelaciones de su proyección (digo tentados, que no sé si ocurrirá, no soy futurólogo). Sí que creo que en su conjunto esta película puede movilizar más mentalidades de cara a las elecciones de noviembre que todos los mítines juntos de cualquier partido que se presente.

Los Javis han sido muy cuidadosos en atender lo que los historiadores y los documentalistas hemos ido conociendo y dado a conocer de la guerra civil y de la sociedad, así como a los detalles que incluso el gobierno de la dictadura se dedicó a darles propaganda. Se hace claro que hay elementos que estaban en los escenarios donde ocurrieron hechos que en su día no se hablaba de ellos, pero hoy conocemos bien. Como por ejemplo carteles de Falange hablando de la nueva España y el despertar en edificios que servían como lugares de detención y de hospital improvisado de los cuáles se sacaban algunos de los presos para ser ejecutados. Lo presentan además con una delicadeza de la fotografía y del cromatismo que, peses a lo crudo de la guerra, tiene algo de la estética de Almodóvar, tan preocupado en los últimos años de esa búsqueda de la estética a la hora de contar visualmente sus historias. Podemos verlo también en La bola negra al comienzo de la película, cuando el protagonista busca refugio en una iglesia bombardeada y va escalando la escultura derruida de un enorme San Sebastián, que conforma el cartel principal del largometraje, con pintura rosa sobre el traje del personaje en ese cartel, no en la película. Recordemos que San Sebastián es un icono para algunos colectivos homosexuales, aunque dicho santo no tenga que ver en su historia particular con los homosexuales. Este santo es toda una metáfora en sí misma, no sólo por ser ese icono hoy día, sino también porque como santo se le martirizó y ejecutó en durante la época de Diocleciano, en el Imperio Romano, por ser un militar que se negó a perseguir y ejecutar cristianos por el mero hecho de ser cristianos. Y ahí entra en buena parte una metáfora explicativa de toda la película que vamos a ver mientras nuestros protagonista se encarama a ese santo derruido perseguido por fascistas italianos que le disparan por confundirle con un republicano. Mensaje sobre mensaje, sobre mensaje. Sí, la película hay que verla con toda la atención y la mente dispuesta a ser alimentada por multitud de mensajes a la vez.  Algo muy sabroso. Muy estimulante.

La guerra civil contada en crudo, pero con una delicadeza poética que nos hace sentir toda su barbaridad y a la vez no pretende que apartemos la mirada por no soportar los mayores horrores. Contiene en sí la narración clásica, la metafórica, la alegórica, la poética en general, la estética, la musical, todas. Es una película que adopta para sí incluso narraciones de lenguaje sobre Lorca que se han contado en el teatro y en los musicales flamencos. Lo integra con una naturalidad que ni te das cuenta, hasta que te das cuenta que los Javis no sólo quieren dar su visión, quieren integrar la que otros han tenido de Lorca y de la guerra civil. Hay saltos temporales hacia el año 2026 que te sirven de enorme contraste entre lo que padecieron las generaciones de la guerra civil y las pequeñas miseria de la vida común de alguien de nuestros días. Que se atreve incluso a tirar de las orejas, sin quitarles razón, pero tira de las orejas, a las personas homosexuales en comparación entre una época y otra, y que a la vez explica el recorrido de los que les precedieron. Y en esos saltos temporales de repente hay ritmos propios de cortometraje en ocasiones, en otras nos mete en fiestas al estilo de las películas de Almodóvar. Volvemos atrás y de golpe nos mete de nuevo en ¡Ay, Carmela! (Carlos Saura, 1990), que en origen era una obra de teatro de José Sanchís, pero la despoja de todo sesgo de comedia, con italianos incluidos e historias de presos. Nos reproduce, en otra escala, el alboroto de la Universidad de Salamanca que se ve en Mientras dure la guerra (Alejandro Amenábar, 2019), pero bajando a las tablas de unas cupletistas no idealizadas los mundos universitarios, pero con la barbarie de espectadores, y en ese sentido se nos va la cabeza a Senderos de gloria (Stanley Kubrik, 1957), donde la diferencia está en que los Javis ni dan por cerrada la guerra con la cupletista, ni da por igualados como humanos a todos los combatientes. 

La narración es múltiple, cae en los poético en sus diálogos y monólogos a veces, y otras en la literalidad. Nos recuerda lo experimental de las obras del Romanticismo del siglo XIX, pero en el siglo XXI. Tiene al comienzo de metraje desde la fotografía con luz y colores que nos hacen pensar en fotografías de color propias de las décadas de 1950 y 1960, a evoluciones múltiples donde esas texturas cambian y se ve desde una fotografía más nítida y digital del siglo XXI en el siglo XXI, cuando la narración parece ritmo de cortometraje, a composiciones de escena al estilo de Almodóvar dentro de la fiesta en un piso, composiciones clásicas de cine durante las escenas de hospital y guerra, rozando hasta El paciente inglés (Minghella, 1996) o las huidas infructuosas de La trinchera infinita (Garaña, Arregui y Goenaga, 2019), o las grabaciones que se han creado para proyectar de musicales flamencos, previamente realizados en teatros, pero llevados al cine. Tenemos ritmos de teatro puro y duro con guiños a obras del propio Lorca, no sólo las cuatro páginas de la obra inconclusa La bola negra, se identifican claramente que de repente ocurren diálogos de La casa de Bernarda Alba, por mucho tiempo considerada metáfora del comienzo de la guerra civil, pero también aparecen otras obras lorquianas, sobre todo poéticas, y en esto llama mucho la atención la representación de la vida ultraterrena, que toma ya un carácter del surrealismo que estoy seguro que Luis Buñuel daría su aprobado. Es una película de lenguajes múltiples... ¡y ninguno es ruido, ninguno está de más! Todo está usado a conciencia de estar al servicio de lo que en cada momento se narra con voz propia y con autoridad de saberse qué se narra y porqué. 

 Hay incluso un ritmo de documental. Y esta es la parte que más me llama la atención. El naturalismo con el que se ha rodado al comienzo de la película la guerra civil es brutal. Si bien no escatima contar la guerra como se produce, al estilo Steven Spielberg en Salvar al soldado Ryan (1998), con un extraño pero más que contunde referente de Bienvenido míster Marshall (Berlanga, 1953) del que una cupletista hará una velada y amarga referencia sobre su realidad más tarde en el desarrollo de la historia y que nos lleva la cabeza a Guernica, Durango, Alcalá de Henares o Madrid, hay un naturalismo casi de carácter documental que no veíamos desde Tierra y libertad (Ken Loach, 1995). La actriz, actrices en realidad, que son actrices de reparto, que ejercen de monjas recogiendo posibles sobrevivientes entre los muertos, parecen estar en una escena real de guerra. Parece una escena sacada de un telediario. Se merecen un gigantesco premio interpretativo que nadie les va a dar porque a este tipo de personajes pasajeros no se les suele premiar a quienes los interpretan. Parecía de verdad la realidad pura y dura de un telediario y eso te hace acercarte a una guerra civil real, alejada de los relatos ficcionados. Algo a lo que ayuda la multiplicidad de acentos, catalanes (hay un general franquista con acento catalán, asturianos, italianos, marroquíes, andaluces, castellanos... Los interpretan y hablan de una forma tan natural que nos resultan tan expresivos como su propio diálogo. 

Ayuda también que no es una historia de buenos y malos, aunque haya algunos personajes realmente deleznables, nos cuentan una historia de personas humanas reales con todas sus vertientes, buenas y malas, cada una de esas personas con sus ideas, eso es verdad, pero incluso estas tienen sus dudas y sus grados. El propio protagonista, ni el de 1937, ni el 2026, es alguien limpio e impoluto. Y todo esto se impregna además de historias comunes que nos han contado más de una vez de algunas personas, como el clásico abuelo repudiado por su familia porque no guardan buen recuerdo en lo familiar de él y lo asocian a haber apoyado a Franco, pero también quita ese tópico que muchos historiadores hemos dicho que había que revisar, el de "pasaban por aquí" y por eso estuve con ellos. Pero es que no es impoluto tampoco el protagonista del siglo XXI, que es capaz de enfadarse con su pareja por dar una fiesta en su ausencia, aunque él estando ausente ha recurrido a un prostituto. Los traumas familiares y las realidades de barrio son algo tremendamente comprendidos por los Javis y representados, incluida madre alcohólica de vida malograda, y eso nos lleva también a Almodóvar, pero igualmente despojado del sentido del humor. Puesto en la crudeza de los traumas psicológicos familiares. Impecable el recurso a ese novio de ella que el hijo no conoce por ser uno de tantos y que nosotros tampoco llegaremos a ver jamás. Por cierto que es un recurso que ya usó Lorca en varias de sus obras de teatro.

Música al servicio del relato (muy agradable encontrarse con Rosalía por aquí), construcción argumental basada en saltos temporales y cruces de las vidas de un mínimo de tres protagonistas, en realidad cuatro si se cuenta a Lorca (cuya historia en esta historia se narra pasando al blanco y negro), todo en cierto modo al estilo del cine que se potenció en la década de 1990. 

Por lo demás es la historia del que se cree que fue el último amante de de Federico García Lorca, aunque hay un manuscrito que habla de otro, y una obra de teatro inacabada de la que sólo se salvaron cuatro páginas de un incendio en la casa donde se guardaba, asaltada por Falange en 1939. Obra de teatro que se sabe que se iba a llamar La bola negra, y que explícitamente habla de una pareja homosexual, aunque este tema ya lo trató en otra obra inacabada, El público. Así que sí, sale Lorca y salen otras numerosas personas de la cultura de la década de 1930, aunque no se les nombre por su nombre, pero se dé por hecho que, siguiendo el relato histórico conocido, la gente pueda saber identificarlos. Yo intuyo que sale Altolaguirre, por ejemplo, pero se evidencia la presencia de Manuel de Falla con su música, única persona que denunció el asesinato de Lorca. Pero aunque de Lorca lo principal es su obra, y dentro de esta, tanto la defensa de la igualdad para los homosexuales como, me da en la nariz que por encima de esa idea, la denuncia de cómo la intolerancia puede acabar con todas las libertades de golpe si las libertades no se defienden e incluso si te pones al servicio de quien pretende imponer su punto de vista. El argumento pasa a tres personajes principales. Se narra las historias del que fue su amante, Rafael Rodríguez Rapún; de la persona que le fusiló, Sebastián; y del nieto de Sebastián, Alberto. En torno a ellas hay historias de personajes secundarios con mucho peso, como la madre de Alberto, el abuelo del mismo y también el novio, la familia completa de Rodríguez Rapún, un soldado fascista italiano, una cupletista, los miembros de un casino que emiten bola negra de inadmisión a Rodríguez Rapún, y otros personajes. Pero de verdad que hasta los actores por debajo de los secundarios, hasta los que son de figuración, cobran aquí una potencia narrativa impresionante, véase los marineros sin camisa tomando el sol, de los que en alguna ocasión habló Lorca en alguna de sus obras, creo recordar que en poema. Y por cierto, otra referencia, la de la mítica La vaquilla (Berlanga, 1985), los Javis recogen esa escena donde soldados republicanos y soldados de Franco se bañan todos juntos totalmente desnudos en un río, la despojan una vez más de todo sentido del humor y reaparece aquí reinterpretada, aunque con un mensaje metafórico muy idéntico, y los soldados de Franco y los italianos se bañan del mismo modo desnudos al completo en el mar, con multiplicidad de acentos españoles venidos en aquel 1937 tanto de zonas de la España de Franco como de la por entonces España de las zonas de la República. 

Narra la conexión de todos estos personajes desde el amorío de Lorca y Rodríguez Rapún, como el rechazo a Rodríguez Rapún en el casino, al comienzo de la guerra civil en ese escenario de 1936, la evolución de esa guerra en un salto hacia el desplome del frente republicano en el norte de España en 1937, previo repaso al avance de la guerra en el entorno rural. A partir de ahí comienza el encuentro de dos de los personajes principales durante la custodia de Rodríguez Rapún como preso de guerra en un hospital de guerra y su evolución como persona a ejecutar. Ahí se explorará las almas humanas de los personajes y el alma deformante de la guerra. Y dará un salto al siglo XXI, a los pormenores de 2026, con una pareja homosexual masculina, dos estudiantes precarizados, hemos de imaginar según el trato de la dirección artística de sus condiciones de vida y de vestir, con traumas familiares con su madre uno de ellos, el cual recibe la herencia inesperada de su abuelo, al cual creía muerto mucho antes, pero que acaba de morir en realidad. Y eso nos remite, otra vez, a Ken Loach y Tierra y libertad, en la que con una misma estructura argumental el heredero de algo inesperado en esa ocasión es una joven que descubre que su abuelo estuvo alistado en el POUM durante la guerra civil española, en alusión directa, a la vez, a George Orwell. 

Muy excelente película. Muy recomendable. Y muy para sumar a una filmoteca personal como amante del cine, como historiador y como amante de la poesía. Muy cuidada en todos sus detalles

sábado, septiembre 19, 2026

NOTICIA 2483ª DESDE EL BAR: TRES POEMAS ANTES DEL OTOÑO

Últimamente se ha ralentizado en mí un poco la creación de poemas, pero es algo normal, todos los que escriben saben que hay etapas más productivas que otras. Son procesos interiores de uno mismo. Además vuelve a ocurrir que ha pasado más de un año y medio, quizá dos años en breve, que no he hecho un recital propio, aunque muy brevemente he participado de algunos, y en esto creo que las mejores invitaciones han venido de parte de Mamen Solanas. Estoy muy satisfecho con mi aportación a un recital que hubo en Guadalajara el día de la poesía, el 21 de marzo, aunque nosotros recitamos el día 20 (Noticia 2445ª). Pero también es cierto que cuando comenzó toda esta etapa de retraerme en realizar mi propio recital, yo había tratado de organizar uno en el Pub O'Malley's y lo anulé porque planteé una puesta escénica muy diferente a la habitual y a quienes se lo comenté en privado me dijeron sólo opiniones negativas, porque querían que hiciera más de lo mismo que hasta ahora he venido haciendo. Lo expliqué en persona el día que presenté mi novela Los pasos del ayer en el mismo pub, el 27 de abril de 2025 (Noticia 2385ª). Aquel día vino muy excesivamente poca gente, pero creo que es la mejor presentación de libro que he hecho hasta la fecha. Ese hecho se unió al anterior de lo que venía recibiendo sobre mi idea de recital que planeaba y me frenó. Al final se necesita un poco de retroalimentación, es parte de todo esto. Planteé desde entonces hacer el recital que yo quería en mi propia casa. Algo intimista, porque el poemario y el momento de mi vida me pedía hacer eso. Aunque traté de convocarlo varias veces, incluso apoyado por la violinista Ali en que debía hacer lo que yo creyera que debía hacer, opinión compartida por otra amiga, nadie vino nunca. Algunos dijeron que no se sentían directamente invitados al convocarlo a través de la red Whatsapp o Facebook a mis grupos de amigos y estados. Como si Shakira, por ejemplo, tuviera que pedirle uno a uno a sus espectadores que vengan a sus conciertos. No, no me comparo con Shakira, sino que trato de hacer comprender que una convocatoria es una convocatoria, aunque el escenario fuera mi casa y yo mismo iba a cocinar, porque era parte del plan. En todo caso, las convocatorias sólo las veían aquellos que tengo como amistades o contactos, ya con eso se entiende que si lo lees estás apelado si te interesa. Luego hubo otra vez las voces de antes con que abandonara lo del intimismo y volviera a la fiesta de los bares. Bueno, hoy por hoy me planteo querer hacer recital en bar, tal vez regrese a lo de siempre, porque en parte vuelvo ahí, o quizá haga lo otro. Sinceramente, lo que me apetezca, como si vuelvo a intentar hacer el recital del salón de mi casa, porque, la verdad, creo que mientras no se desatasque mi deseo de un recital intimista, esto está un poco atorado. Y en buena parte las invitaciones colaborativas de Mamen Solanas me permitieron algo de ese intimismo, y estoy muy contento con mi breve aportación en Guadalajara, que en buena parte algo ha saciado. Además, tuvo muy buena acogida por parte de un público que en general me era nuevo. Bueno, algo se está preparando ahora, otra colaboración. Pero es otra historia. Hoy, si acaso, os comparto tres poemas un día antes de que empiece el otoño.

Caimán de las aguas de la vida

 
Debería haber un caimán que en los líquidos de la vida
se comiera las almas
de los sin alma.
Sagrado caimán que nadara abajo y arriba
y entre medias, como una máscara,
nos poseyera.
Bailaría, bailaría toda la noche
disimulando mi ser,
pero no puedo disimular
y no bailo,
no bailo el baile de los sin alma,
que juegan lo mismo que el resto de almas
que como un rebaño, una recua, una piara,
señalan con el dedo
a los con alma.

(Por Daniel L.-Serrano, Canichu)

 

La flor


Una mañana fría llegó el horizonte
lleno de barcos perdidos,
en aquella fiesta
extraña
no encontré el sur ni el norte.
Busqué las caras perdidas de niños
como quien busca en la cesta,
en la maraña,
la moneda perdida del bolsillo.
La radio habló de cuatro,
siempre de los mismos,
los demás les otorgábamos ser
sólo con oírlos.
Pregunté por la vida
y nadie supo decirme,
sólo me decían:
se fue por el abismo.

(Por Daniel L.-Serrano, Canichu)

 

¿Do estás?

¿Do estás
recién despertada
sola en la cama,
fábrica de herida estampada,
que suena agua en la ducha
no habiendo alguien
tan sólo la lucha
entre el viento
que en duelo
te ha llevado de nuevo
al agua que escapa
sobre el cuerpo de nadie
y el vacío del alma?

(Por Daniel L.-Serrano, Canichu)

(Estos poemas tienen registro de autor bajo licencia creative commons, al igual que el resto del blog según se lee en la columna de links de la derecha de la página. También están protegidos por la Ley de la Propiedad Intelectual. De estos poemas no está permitida su reproducción total o parcial sin citar el nombre del autor, y aún así no estará bajo ningún concepto ni forma permitida la reproducción si es con ánimo de lucro).

sábado, julio 18, 2026

NOTICIA 2473ª DESDE EL BAR: LA ODISEA, A OJOS DE CHRISTOPHER NOLAN (cine en el comienzo de verano, no hay 4 sin 3, final)

No he podido evitar ampliar a una cuarta entrega mi serial de cine a destacar del que vi este comienzo de verano, aunque ya estamos en mitad del verano. Y es que ayer fui del trabajo al cine para ver el día de su estreno La Odisea, de Christopher Nolan. No puedo menos que decir que es la primera vez en muchos, pero que muchos años, que estando en el cine he tenido la sensación de estar viviendo un momento importante en el cine y un momento que se quedará a recordar de manera concreta y especial en mi memoria. Algo que ocurre con contadas ocasiones en producciones que merecen tanto la pena que sabes que han marcado época. Algo que viví por ejemplo al ver en cine La lista de Schindler, Salvar al soldado Ryan, Bailando con lobos, Drácula, de Bram Stocker,  Forrest Gump , Atrapado en el tiempo, Pulp Fiction o Fargo, entre otras (por cierto que mis padres me llevaron a ver el primer estreno de El retorno del Jedi, pero era tan niño que me queda un vago recuerdo del Cine Paz, de la Plaza de Cervantes de Alcalá de Henares).

También ha servido un poco para reconciliarme con Christopher Nolan. Posiblemente esta sea su mejor película en toda su vida. Le queda más carrera por delante, pero este largometraje marca una diferencia muy clara en su obra. Mira que ya me llamó la atención cuando vi Batman begins, y aunque la siguiente de esa trilogía la superó, la tercera cayó en un peligroso mensaje de ultraderecha y no precisamente desde la crítica. Oppenheimer está muy bien, tiene un sentido artístico muy claro ya más allá de lo comercial, pero hay algo que para mí no termina de funcionar, aún cuando hasta la actual película mucha gente le valora por ella. En general a Nolan le gusta el cine del exceso, de las pasiones desatadas en los momentos concretos, del efecto especial desorbitado cuando se aplica, y tiende a personajes que son personas atormentadas y con conflictos internos consigo mismos, con claros problemas psicológicos que se desarrollan a la vez que las circunstancias que le rodean le ponen en el centro de la necesidad de hacer un acto heroico, pero no porque sea algo imprescindible del momento, sino porque es algo meditado, con todas sus contradicciones y todo el conflicto ético y moral que le supone, o quizá confrontando cuanto tiene de ganar y cuanto de perder si sus propia ética la aplica aún chocando con las normas que la sociedad se ha dado. Y en ese interés de Nolan llega su lectura de La Odisea. 

Su obsesión con la obra y su plan de hacer una gran producción durante años, con una campaña publicitaria no vista desde hace años. Y un gasto inédito, entre los doscientos cincuenta millones de dólares, redondeando, pues cito una referencia, la cifra no es esa, podéis buscar la exacta vosotros, que es cercana a esa, quizá doscientos treinta o doscientos sesenta. Pero es un dinero muy bien empleado en lo artístico. Una sensación más que tengo hoy es que he podido ver el día de su estreno una gran superproducción épica al estilo de las películas épicas de las décadas de 1950 y 1960, tipo Ben-Hur, El Cid, 55 días en Pekín o Espartaco. Algo que en nuestras épocas quizá no se vivió hasta Braveheart, que ya ha quedado antigua, o Avatar, más moderna. Pero esta Odisea de Nolan tiene más que ver con el cine épico clásico de esas décadas de 1950 y 1960, que con el cine épico posterior. No lo digo por ser un cine de capas y espadas, de griegos, sino porque el ritmo, los diálogos y el equilibrio entre la acción y el argumento son muy del cine clásico del siglo XX, aún cuando se le dé un enfoque más de este siglo XXI. Y en este sentido de cine épico clásico Nolan ha buscado a un actor a la altura interpretativa. No voy a negar que elegir a Matt Damon era una apuesta excesivamente arriesgada para ello, pero es que Damon posiblemente también ha hecho el mejor papel interpretativo de toda su carrera. Es como si Odiseo (Ulises) sólo pudiera ser él, aún cuando en el pasado lo interpretó nada más y nada menos que Kirk Douglas. Si a Ben-Hur ya sólo le ponemos la cara de Charlton Heston, posiblemente ya nos sea difícil ver a Odiseo sin ver a Damon. Sí, lo contesto ya, tiene todas las papeletas para que en futuras Semanas Santas las cadenas de televisión españolas emitan este largometraje, aún cuando no tiene nada que ver con el cristianismo...

...Bueno, un poco sí. Sutil, soterrado, oculto, entre líneas, pero un poco sí. En una única escena suelta la red Nolan. El personaje de Odiseo es sin duda un héroe que a la vez es un antihéroe, ya era valorado así incluso en la Edad Antigua, y una de sus cuestiones es que se vuelve impío. La guerra le hace algo descreído y le transforma en un estratega altamente metódico y pragmático. Ya en la antigüedad algunos de los epitetos épicos que usaban con él es el de mentiroso, manipulador, falso y persona de doble cara, pero también le achacan que todos sus problemas vienen de ser impío con los dioses, de haberse transformado si no en descreído, pues no es ateo, es creyente de Atenea, si en creer que los dioses han abandonado a los humanos y de ahí todas las atrocidades de la guerra que han vivido durante diez años asediando Troya. No cumple con los rituales sagrados preceptivos y, para más deshonra, permite a sus hombres cometer un saqueo nada más terminar la guerra y lo hacen en un pueblo que era protegido de Poseidón. Hasta Hera, esposa de Zeus, está enfadada con él por su engaño del caballo de madera para entrar en Troya, recordemos que era una supuesta ofrenda a los dioses, y por la destrucción misma de Troya. Sin embargo es verdad que Odiseo tiene cualidades nobles que le diferencian de los otros guerreros de Troya, y valora mucho la lealtad y la amistad. Zeus le tiene en estima por sus valores más positivos y por ello cuando le piden un castigo, él, como juez entre los dioses, no puede dejarle sin castigo, pero tampoco desea condenarle a muerte. Además es verdad que es impío, y eso no lo puede permitir, necesita que Odiseo se redima, que respete a los dioses y honre a los muertos como se debe según las normas puestas por los propios dioses. Así que deja en manos de Hera y sobretodo de Poseidón el castigo, un Poseidón que se enfada más cuando Odiseo ataca a Polifemo, uno de sus hijos, que en principio sólo es un cíclope que es un pastor que se encuentra "atacado" en su propia isla. Pero Zeus sentencia que en concreto Odiseo ha de vivir y le otorga que vivirá hasta que sea muy anciano, y sentencia el número de años que ha de durar el castigo que le quieran dar a él y a sus hombres. Pero sentencia también que si no deja la impiedad él mismo le castigará más severamente. Eso está ya en la obra que escribió Homero hace unos tres mil años. Y Odiseo termina siendo pío haciendo un túmulo y hogueras rituales para honrar a todos los muertos que han contribuido a que él regrese a casa y también a sus victorias en Troya, incluso a aquellos que fueron sus enemigos. Pero en la película, este momento se refleja en una escena a la deriva en una balsa en el mar y una frase que habla de fe, de creer. Y el tema de la fe es más un asunto judeocristiano tal como lo plantea Nolan. Nolan lo atribuye a la religión griega, pero la forma de relación entre humanos y dioses en los grecorromanos difiere de la forma de relación entre humanos y judeocristianos, donde la fe es el mayor peso. Así que con sutileza Nolan desliza un asunto cristiano, el de que la fe te salvará, mientras que un grecorromano no basta con creer, cuidado y con temer y honrar a los dioses, hay también que actuar y hacerlo correctamente para obtener el favor divino. No basta la fe. Pero Nolan nos dice que se salvará sólo por la fe, y eso es un concepto judeocristiano, no grecorromano.

Del libro de La Odisea escrito por Homero en torno al siglo VIII antes de Cristo, y de la historia misma, ya he hablado numerosas veces en esta bitácora. Me voy a remitir a lo que dije de él en el serial de los libros que leí. En realidad Homero reunió por escrito, y redactó en su propia prosa y forma de narrar, una serie de relatos que se conocían de manera tradicional en su época y transmitidos oralmente mediante cantos desde la Guerra de Troya, en torno al siglo X o XI antes de Cristo, que suman una distancia de tres mil años a nuestras épocas. Es un libro sorprendente escrito de manera muy moderna, muy excesivamente adelantada a la época. Usa saltos temporales, comienza por la mitad de la Historia para narrarnos el comienzo más tarde, ni siquiera aparece el héroe hasta que no transcurren varios capítulos, y el propio héroe es un antihéroe. Además funciona como segunda parte de La Iliada. sabemos también que los cantos épicos de la Guerra de Troya son más de los que se han conservado, lo sabemos por numerosas referencias en varias obras y ámbitos y una de ellas era precisamente el periplo de Agamenón, otra historia de aventuras y desgracias que tuvo éxito de difusión incluso en tiempos de Roma, pero que las circunstancias de la Historia han impedido que nos haya llegado ni una sola letra que narraron aquello, aunque sí sabemos su argumento, que precisamente se cita en La Odisea. En todo caso, son obras fundacionales de la cultura occidental actual y sobre todo es algo fundacional de Europa. Es una historia que funciona tan bien que no ha dejado de tener éxito en tres mil años. Y esto se lo puede agradecer Nolan a Homero, si su argumento es tan bueno es porque no es su argumento, es el de Homero. 

Es una historia muy conocida, que nos dan a conocer desde niños, los de mi generación incluso con una serie de televisión de dibujos animados galácticos, Ulises 31. Nos la han contado con cuentos, con cómic, con dibujos animados, con series de televisión, con numerosas películas, en canciones, en cuadros, en estatuas, en referencias innumerables en obras derivadas en poemas, novelas, en nuestro propio lenguaje, cuando decimos que algo nos ha sido arduo y decimos que fue una odisea, por ejemplo. Es una historia archiconocida y por ello hablar de ella a nadie le descubre nada nuevo  ni le desvela nada si comentamos que Odiseo cegó a Polífemo, o que Circe (Cibeles) transformó en animales a su tripulación, que Calipso retuvo a Odiseo (y por cierto que en algunas obras de la antigüedad se dice que tuvieron un hijo), que es un gran peligro estar entre Scilos y Caribdis, que Penelope tejía y destejía, que unos gigantes vivían en una isla donde los árboles tenían vida como si fueran personas, que las sirenas tentaron a Odiseo atado al mástil o que la ira de Odiseo desata toda su locura asesina contra los pretendientes de Penelope, tal vez reflejo de un trauma postbélico que, en este personaje es más que evidente, narrado incluso a su modo en la Edad Antigua. A nadie le desvelas nada si le cuentas que entraron en Troya a través de un caballo de madera. Bueno, a nadie... esto no es así.

Esto no es así porque ayer, por ejemplo, al volver del cine entré en el bar de debajo de mi casa y al contar que vi la película una chica joven me preguntó de qué iba y me lo tomé a broma, pero no era broma. No conocía nada de La Odisea, literalmente nada. Así que le dije que no le iba a contar nada, para que se lo llevara de sorpresa, aunque seguramente cuando la viera le iban a sonar muchas cosas que, con seguridad, a visto aunque sea como referencias en otros lugares. Pero el caso es que un día antes me había pasado parecido con otra chica joven. A lo que me pregunto qué les enseñan o cuentan a los jóvenes hoy día, pues estas historias están por todas partes en nuestra cultura, son algo básico. Incluso sus zapatillas Nike no son de un nombre inglés, son de un nombre griego (sí, se pronuncia la "e", no se omite a la inglesa), es el nombre de una pequeña diosa que acompaña a Atenea, la diosa Fortuna. Pero, aún sonando raro que haya personas que no sepan absolutamente nada de los argumentos de historias tan clásicas, se puede aceptar que haya personas que sepan las tramas generales y los personajes centrales, pero no conozcan tanta mitologia. Me juego algo a que mucha gente no se ha leído la obra de Homero y otra tanta tampoco obras derivadas. Me juego algo a que mucha gente no sabe que en un pasaje los árboles caminan, o qué era la Cólquida, o que la hija que lanza al mar Agamenón no muere, y es protagonista de otra saga mitológica. 

Y entre los que probablemente no conocen tanta mitología se han colado más de un crítico de cine. Y es que me he leído muchas críticas de cine sobre esta película en prensa española, inglesa y estadounidense. Y en España tenemos a uno de ellos que ha llegado a decir que los dioses están ausentes, aunque aparezca Atenea, pues esta Atenea podría ser una alucinación. Nada más lejos. Absolutamente nada más lejos. Si Nolan mete un cíclope, dos monstruos marinos, una "bruja", los cuerpos vivos de los muertos en el Hades y demás, ¿qué sentido tiene que los dioses no estén presentes e interviniendo? Ninguno. Para empezar, no es que Atenea muy evidentemente aparezca, es que la "bruja", Circe, no es bruja, es una diosa. Calipso tampoco es bruja, es otra diosa. El anciano mendigo que está al comienzo de la película en el palacio de Penelope es Zeus disfrazado, y aunque en la película parece que sólo se hace presente soltando truenos, es él... y aquí se sabe si conoces la obra. Incluso Hermes avisa disfrazado a Telémaco de que debe huir antes de que le maten. Se puede hacer la lectura de que en esta Odisea se humaniza el relato, aún apareciendo seres fantásticos. Se podría justificar que en parte por eso ocurre el descreimiento y la desconfianza de Odiseo hacia los dioses, pero no se puede decir que están ausentes en el relato, no lo están. Están muy presentes. Lo que no están es como en Furia de titanes reunidos y decidiendo el futuro de los mortales en un tablero. Si tú conoces la obra, si la has leído, vas a sacar una lectura de la película de Nolan mucho más rica y más interesante al darte cuenta de sus detalles. Porque Nolan da por hecho que el espectador conoce en profundidad la obra y no necesita nombrar directamente tal o cual, sino que juega con ello de manera cómplice para que no sólo seas espectador de un relato, sino para que pienses y llegues a tus conclusiones, y ahí está la diferencia entre cine de taquillazo (blockbuster) y cine concebido como expresión artística. 

He leído y oído críticas muy positivas, algunas en el mismo sentido que yo he sacado en esta sensación que tengo hoy de haber asistido a algo importante, a algo importante en el cine. Pero también he leído algunas críticas no tan favorables. Algunas en el sentido del ego y del oportunismo económico de Nolan y su ética y moral a la hora de crear posibles falsas polémicas con fines publicitarios, cosa que escapa a la cuestión cinematográfica. Otras en el sentido de si no es fiel a la Historia, que no es lo mismo que a la historia narrada. Y en ese sentido hay que decir que son críticas injustas. Yo soy historiador y archivero y ejerzo como ambas cosas, y me doy cuenta de que la obra no pretende ser una obra de Historia. Es una obra que está rodando pretendiendo ser fiel a la Literatura, a la mitología y sí, darle un aire dentro de la Historia. Pero desde el mismo momento que oyes a los actores hablando como si declamaran ya sabes que hay un enfoque también operístico, teatral, porque la gente en la vida cotidiana no habla así ni en la Edad Antigua. Pero si ves la armadura de Agamenón ya sabes que es una armadura conceptual, que la hemos visto mil veces precisamente en óperas y teatros modernos con personajes griegos. No pretende hacer una película realista, ajustada a la antigüedad sí, totalmente realista no. No usa referencias arqueológicas en su totalidad, alguna hay, pero no todo, como esa armadura, o la que sale en los gigantes, que por cierto en la obra original se hace dudar si no habrá algún autómata. Cierto que se asemejan a armaduras del Renacimiento, pero eso también ocurre en Excalibur y sabes perfectamente que es una licencia narrativa para lanzarte una sensación, una emoción, aparte de que esos seres sobrenaturales ¿quién te dice a ti que no estén más evolucionados que los humanos? El asunto de los escudos fuera de época o que el vestido de Penelope es más del siglo XVI... Pero si hemos visto en pinturas de aquella época precisamente a todos estos personajes, e incluso a Cristo, pintados con trajes del momento en el que se pintó y nadie se queja, porque todos entendemos que son parte de un mensaje, que no se busca el historicismo, sino otra cosa, ¿por qué cebarse con Nolan por esto? Lo mismo con el gesto de proskynesis que hacen algunos de los pretendientes de Penelope ante Odiseo para reconocerle su sumisión ante él como rey. Ese gesto de arrodillarse era de los persas... un griego nunca en la vida lo hubiera hecho, pero se entiende que Nolan encuentra en ese gesto una forma de narrar algo que de otro modo no encuentra la manera. En esta película en concreto (no así en otras de otros directores con otras pretensiones) quejarse de todo esto es quejarse por una ceguera estúpida, igual que H.G. Wells dijo en prensa que Viaje a la Luna era mala porque las dimensiones del interior de la nave no se correspondía con el exterior, o que lo era Metrópolis porque usaban antorchas, habiendo electricidad. Es no entender que el cine, concebido como Arte, tiene su propio lenguaje.

Otra crítica ha venido porque Penelópe y su hermana son negras, cuando debieran ser blancas, tal como por cierto cita expresamente Homero. También aparece Atenea de raza negra, y aparecen diversos guerreros negros y estaría por decir que uno parece hispano. Y que el personaje que cada vez hay más consenso entre historiadores y filólogos sobre que debía ser de raza negra, Calipso, aquí aparece alta, rubia y muy blanca, como si fuera germana. ¿Provocación de Nolan para alcanzar polémicas que ayuden a la publicidad? ¿Licencia artística para hacernos pensar sobre la universalidad del relato? Yo más bien creo que en el Hollywood actual hay unas cuotas de representación social que si no se cumplen especialmente en las grandes superproducciones te puedes meter en un lío tremendo y arriesgarte a que te cancelen en muchas salas o que incluso te acusen de racista. Así que, ante una producción de más de doscientos millones de dólares, sea o no expresión artística de Nolan, la productora le habrá dicho que esas cuotas tienen que estar sí o sí. O sea, que hay que barajar el cine también como negocio, como industria, y pensar en unas épocas agitadas que plantean al autor la censura, la autocensura y la adaptación de su intención artística real a los planteamientos de grupos sociales que pueden ejercer presión. Porque si la historia está narrada en la Grecia antigua, y esta está repartida con Turquía, si la narración nos lleva a lo que creemos que pueden ser el Mar Negro, Chipre, Malta, las costas de África, lógico es que en cada una de esas regiones las razas que aparezcan sean las que han de ser. Pero yo creo que aquí lo que juega es más un tema de cuotas de representación, que de decisión artística, aún cuando la haya habido. En el mismo sentido creo que se ha rodado la escena de Circe presentándola como una mujer con miedo a una agresión sexual de los hombres. El personaje mitológico en realidad nos narra la historia de una diosa que se llega a enamorar de dos hombres que no llegan a corresponderla como ella quiere y los transforma en leones que tiren de su carro. Y en esa isla en concreto va transformando a los marinos perdidos en animales. La lectura de Nolan es perfectamente una interpretación válida, pero no pensemos que es única.

Nolan de hecho se toma licencias, como la no aparición del regalo de Eolo que termina alejando más a Odiseo de Ítaca y que es el motivo del naufragio que mata a toda su tripulación, aparece la tormenta, pero no el regalo que la provoca. No aparecen las violaciones de mujeres en Troya, como la que sufre la princesa Casandra que al ver la ciudad asaltada va a rezarle a una estatua de Hera para que les salve, y al verla allí Áyax el menor la viola delante de los ojos de Hera, que a la postre es la misma Hera que lo ve todo y considera que hay un sacrilegio, más cuando decapitan a Casandra y a la estatua, es motivo de su ira contra Odiseo. Se ve el rezo y se ve la decapitación, pero no la violación. Y puede que tenga que ver con miedo a que la película sufra cancelación o que el antihéroe que es el héroe nos produzca una reacción que perjudique la taquilla. Aunque Circe sí llega a mencionar que Odiseo mandó violar. En realidad Odiseo en el libro no manda violar, ocurren las violaciones, pero él no las ordena. Repito, aún con todo es uno de los pocos héroes con honorabilidad, aún cuando es por él la destrucción  de Troya. El propio Áyax el mayor, que en esta película no aparece entre los muertos, pero sí lo hace en la obra de Homero, no recuerdo si en La Iliada o en La Odisea, le recriminará unas cuantas cosas. Aquí se las recriminará Sinón. No aparece tampoco la muerte de la criada que traiciona a Penelope atravesada por una lanza y ensartada junto a su amante. No aparecen bastantes detalles conocidos, aunque sí aparecen las numerosas puertas abiertas a historias mitológicas de los personajes que hay, ya expresadas por Homero. Pienso que cabe la posibilidad de que esta película de casi tres horas termine siendo una película de mayor duración dentro de unos años si le dejan Nolan montarla de nuevo de manera extendida. Porque tengo la sensación de que algunas cosas se quedaron fuera de la sala de montaje. Aún así, el relato funciona bien.

Del asunto de rodar la película en formato IMAX he leído de todo. Puede ser una cuestión artística profundizada por Nolan, que además ha encarecido el producto. Y puede ser también un capricho. gual que puede ser querer rentabilizar más le metraje obligando a la gente a buscar cines IMAX, que hay muy poco en el mundo, en España hay varios, donde la entrada es mucho más cara económicamente. yo pude haber ido a Ciudad de la Imagen o a Las Rozas, y pagar 14 euros en IMAX, pero cogí el tren y la vi en Quadernillos por 9'30 euros. El cine IMAX tiene un sistema de pantallas envolvente que hace que tengas una experiencia como si estuvieras dentro de la escena, donde además el sonido funciona de la misma manera y que hace que la pantalla sea más alargada en lo vertical. Esto hace que la fotografía haya sido rodada pensando en este formato. ¿Estropea mucho la fotografía verla en un cine que no sea IMAX? No voy a decir que no la estropee, pero no puedo decir que la estropee mucho. Ocurre como cuando las películas en cinemascope, alargadas a lo ancho, pasaron al televisor cuando la pantalla era cuadrada. Los dos extremos de la imagen quedaban fuera de la pantalla y te perdías lo que ahí ocurría. Eso se solucionó poniendo dos franjas negras cuando se emitía por televisión, pero la imagen quedaba muy pequeña. Con el paso del tiempo, los nuevos televisores más grandes y apaisados han solucionado todo el problema. ¿Qué ocurre con esta película rodada en IMAX en una sala normal? Los efectos envolventes los pierdes, pero no es tan vital porque lo habitual es que no veamos cine en formato IMAX, estamos acostumbrados. Pero sí es más doliente la fotografía. Queda rota por su parte superior. Si una torre cae al quemarse lo mismo no ves la caída en todo su esplendor y lanzando el mensaje visual del plano ideado por Nolan. Lo  mismo con las velas de un barco que queden interrumpidas al navegar o que un primer plano de una cara se transforme en primerísimo plano y no sea primer plano. Lo que se transmite visualmente cambia un poco el mensaje, pero no es algo drástico ni una calamidad. Nolan no lo ha hecho mal, se notará una narración visual más cercana en plano al espectador, quizá intuirás una composición de imagen similar a un cuadro que queda interrumpido en alguna secuencia, pero en general sigue siendo una fotografía bonita y no estropea la película. Puede que en pleno siglo XXI, en 2026, hubieran podido hacer algo que adaptara la proyección, como poner bandas verticales y ver la pantalla menos apaisada, pero se ha optado por no hacerlo. Nolan quiere que la veamos en IMAX, pero sabe que la gran mayoría no la verá en IMAX y la ha rodado para que también fuera del MAX tenga coherencia y no te pierdas nada sustancial, quizá estético, pero no sustancial.

La banda sonora de Ludwig Göransson está creada y montada al total servicio narrativo. No tengo duda de que ganará un Oscar. La obra de Nolan es una obra narrativa total, desde lo oral, desde la imagen y desde la música. No hay nada dejado al azar. El papel de la música como elemento narrativo del metraje de una historia que comenzó siendo cantada hace tres mil años es un acierto. Pero, tremendo acierto, el único momento vital en La Odisea para la música, el canto de las sirenas, es el único momento en el que Göransson y Nolan deciden no intentar hacerlo. Hay música, pero no canto de sirenas. Dejan en el misterio lo que hasta el propio Homero dejó en el misterio.

Y luego tenemos esa frase final del metraje sobre esa escena del caballo de Troya tal como aparece. Parece que toda la película se hubiera hecho sólo para decirnos esa frase sobre nuestro hoy y sus peligros, y los peligros de lo que creemos real y no lo es. Es como si la película hubiera sido narrada por una de esas personas que saben muy bien como narrar una historia. Hablas con ellos y te cuentan muchos detalles de algo, tres horas de detalles, para que al final cuando te dice lo que realmente quiere, te lo dice de tal manera que te ha situado justo en el sitio donde comprendes a la perfección lo que te ha querido decir. Imagino a Nolan en un bar y le preguntamos qué opina de este mundo de guerras y falsedades, especialmente con Trump, y Nolan nos cuenta una historia del tipo te voy a ilustrar contándote lo que me pasó cuando bajé a por pan, me ocurrió esto y lo otro, y me perdí, y tal y cual que me vi envuelto en esto... y así hasta que al final nos dice una frase demoledora que resume todo lo contado, del tipo "con esto te digo que...". Genialidad de genialidades.

Es una visión de Nolan. No es la lectura única y exclusiva. Es La Odisea como él la ha entendido. Esto hay que tenerlo muy en cuenta, sobre todo con los presuntos puristas que seguro que saldrán, y con los que a partir de hoy sólo interpreten la historia de Odiseo a través de este largometraje, ignorando al propio Homero. Es la visión de Nolan, repito. Muy culta, muy ajustada a texto, salvo algunas cosas, pero su visión.

Particularmente esta historia y otras de la antigüedad están muy presentes en mi propia obra escrita. Incluso en mis primeros poemas ya hay varios donde Polifemo o Ítaca son protagonistas. Hay incluso dos de los libros de poemas más recientes que hice donde la mitología en general es motor. Para mí ver este largometraje era y es algo más que ver una película. Tiene unos significados y unas raíces en mi propio ser que a veces se traducen en mi obra como elemento que me ayuda a expresar algunas cosas usando la reinterpretación y una nueva puesta de valores.

Creo que es una gran película, aún cuando se le pueda sacar alguna cosa.

miércoles, julio 08, 2026

NOTICIA 2470ª DESDE EL BAR: LA MUERTE DE ROBIN HOOD / SUPERGIRL (cine en el comienzo de verano 1 de 3)

Estas primeras semanas del verano antes de la canícula, etapa central (y la tradicionalmente más calurosa) le toca a uno trabajar, como ha ocurrido otras veces, y he recuperado ver cine. Me gusta mucho el cine, pero entre unas cosas y otras de mi vida, aunque nunca he dejado de ir, estaba casi de capa caída, pese a que he visto mucho cine en DVD y en televisión. Como sea, quiero iniciar una serie de tres capítulos compartiéndoos lo que más destacable de cine he visto en las dos últimas semanas, y no tanto en todo lo que va de verano. Para ello escojo el primer capítulo para lo visto en cine, el segundo para lo visto en televisión y el tercero para lo que vi en DVD. 

Así pues comenzamos con lo de cine. Ya comenté el pasado 20 de junio que fui a ver El día de la revelación (Steven Spielberg, 2026), su más reciente película, de ciencia ficción y que aún está proyectándose en las salas. Así que me remito a la Noticia 2465ª para que la leáis si os interesa mi análisis y opinión. Aunque aviso que puede haber espóiler (spoiler en su inglés original, si pasamos de su nueva acepción y aceptación en el diccionario español). 

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Así pues, pasamos a cuando fui al cine el pasado 3 de julio. Nada más salir del trabajo cogí directamente el tren para bajar en la parada de los Cines Ocine de Quadernillos. No esperaba ir con nadie, porque normalmente nadie acepta mis planes últimamente, he de ser yo quien diga sí a los planes de los demás, pero es que a uno le apetece sus propios planes. No está mal decir que "sí" a algo de vez en cuando, no siempre "no", porque por el camino los "noes" abusivos terminan haciendo mella. Como sea, me apetecía ver una nueva película de Robin Hood. No sabía que estaban haciendo una, pero el día anterior escuché un programa de radio donde hablaron de su preestreno y quise ir. Soy de esa generación que Robin Hood es un personaje con el que nos han criado de niños, como a tantas generaciones más o menos hasta la mía y cercanas. Ahora las nuevas dudo mucho que les muestren estas historias o que les interese, puedo equivocarme. Pero lo cierto es que ese día, día de su estreno, no había ni un sólo joven en la sala, sólo estábamos personas más o menos de mi generación. 

A ver, a la gente de mi generación, quien más quien menos, le han hablado o contado de Robin Hood desde niños y niñas, le han dado cuentos adaptados, historietas de cómic de él o dibujos animados con él o basados en él, hemos leído el libro que le escribieron en el siglo XIX, al menos Walter Scott, hemos visto la película de dibujos animados de Walt Disney, Robin Hood (Wolfgang Reitherman, 1973), y también la clásica innumerables veces en televisión, Robin Hood (Michael Curtiz y William Keighley, 1938). Y yo al menos, igual que seguramente muchos más de mi generación, fuimos de jóvenes al cine a ver el estreno de la estadounidense Robin Hood, príncipe de los ladrones (Kevin Reynolds, 1991), con Kevin Costner y que probablemente más gente recuerde a fecha de hoy. Para mí es uno de los momentos memorables de películas que puedo decir que vi el día de su estreno. Un clásico del cine de acción de la década de 1990 que aspiraba a tener ya algo de realismo historicista por lo menos abandonando algo la teatralidad. Pocos recuerdan que ese mismo año de 1991 se estrenó una segunda película, Robin Hood, el magnífico (John Irvin, 1991), la cual era británica y era menos espectacular, pero más sujeta a la literatura intentando acercarse al historicismo... y yo también fui al cine a verla. Aunque probablemente las generaciones más jóvenes tienen por referencia la versión más centrada en el espectáculo de la acción que hizo Ridley Scott en 2010, Robin Hood, con un Russell Crowe eternamente recordado en papeles de guerrero de espada por esta y por otras producciones.

Sin embargo la nueva película no trata de la vida de Robin Hood, si no de su muerte. Se trata de La muerte de Robin Hood (Michael Sarnoski, 2026). No es una idea nueva. A quienes nos gusta el cine en general, y también a los seguidores del cine clásico, de grandes estrellas como Sean Connery y Audrey Hepburn, y el personaje del ladrón medieval que roba a los ricos para dárselo a los pobres, no nos es ajeno el tema. Ya hemos visto en televisión o en DVD u otro canal, Robin y Marian (Richard Lester, 1976). Un clásico que narra el final de la vida de Robin Hood y lady Marian, su amor, ya ancianos, cuando se reencuentran justo en un momento donde él se ha visto en la necesidad de regresar a luchar contra la opresión y ella es priora de un convento, pero su amor continúa. Esta historia no es una invención del cine, es parte de los diversos poemas épicos, canciones y tradición medieval inglesa, que volvió a reinterpretarse en la literatura anglosajona del siglo XVII y que en el siglo XIX retoma fuerza junto al resto de todas las historias medievales sobre estos personajes de forma historicista y romántica. Será el cine del siglo XX el que se dedique a añadir un toque edulcorado y amable a todo el añadido en ese sentido del romanticismo del siglo XIX que matizaba las partes más duras de los relatos medievales. Especialmente todas las versiones infantiles y juveniles que se crearon se encargaron de limar muchísimo las aspas más rudas de los relatos medievales sobre las formas de luchar de los personajes de la historia, más propias de la Edad Media en la que se escribieron que de un cuento infantil o juvenil para las gentes del siglo XX. Como sea, la película de Richard Lester seguía el final de Robin Hood siguiendo lo que la literatura del siglo XVII y XIX decía de manera heroica y romántica y es una gran obra crepuscular y de amor, llena de aventura. Un clásico al que la nueva versión de Sarnoski llega a referir muy sutilmente, casi imperceptible, hacia el final de su metraje.

El asunto de La muerte de Robin Hood no persigue hacer caso a las historias literarias que nos han llegado. Sarnoski es consciente de que Robin Hood es un personaje real cuya vida se ha mitificado mucho y tiene mucho de leyenda, tal como pasa en España con Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid. En un siglo XXI donde abundan los falsos líderes, las falsas historias, los relatos alternativos a la realidad que pasan por ser reales porque mucha gente los repite, donde los líderes prometen cosas contrarias a lo que hacen, donde el poderoso se aprovecha de la credulidad del débil, Sarnoski ha querido explorar un Robin Hood que llegado a anciano sabe que la gente conoce de él montones de leyendas que no son ciertas o que no son exactamente lo que vivió. En determinado momento del metraje llegará a decir que él inventó las historias para protegerse de la gente, o para verse protegido por ellos si le buscaban. No es un ladrón bueno y caballeroso. Es poco menos que ladrón que asalta a quien sea y asesina con extrema crueldad. La película rompe con la imagen del Robin Hood con la que hemos crecido, y eso hace daño emocional a los que crecimos creyendo en él como un rebelde, como un conato de justicia y rebelión cuando la injusticia más abusiva viene de los más poderosos hacia los que trabajan y los más humildes. Recordemos que Robin Hood luchaba también contra una usurpación del poder del príncipe Juan "Sin Tierra" frente a su hermano Ricardo "Corazón de León", parte política que Walter Scott explotó en sus novelas.

Sarnosksi elige una banda sonora nada incitadora a heroísmo alguno, si no más bien a la ensoñación casi de pesadilla, y a lo angustioso. Del mismo modo que en la primera mitad de la película habrá experimentaciones con desenfocados y primerísimos planos que nos llevan desde el sueño a una oscuridad total del personaje y de la época. Y será la oscuridad lo que prime en casi toda la película. Una oscuridad que irá desapareciendo así como vaya evolucionando Robin Hood siendo consciente poco a poco de su vida de crímenes. No es una película de acción ni de aventuras, pero hay mucha y muy explícita violencia, siguiendo las formas y crueldades de la Edad Media que conocemos por grabados y relatos. No es apta para quien no soporte la carnicería y la casquería. Sarnoski quiso ser fiel a la Edad Media y puso los modos de ella en el contexto de la vida de Robin Hood y Little John y cómo debían ser tanto sus asaltos en el bosque, como sus combates, siguiendo los testimonios medievales de cómo era la violencia. Hay también un esfuerzo enorme por poner los conocimientos arqueológicos al servicio de la ambientación. Busca la verosimilitud de la realidad, frente a la de la literatura. 

Es descorazonador y desalentador descubrir que el director nos lanza un mensaje sobre que no hay esperanza, ni líderes reales, y que todo es engaño, por lo que hay que dejar hacer a los que detentan el poder, quienes, dice el relato, son los que ganan. En la crítica que yo oí el día anterior en la radio también se hablaba de esto, y se añadía que el director ya había tenido algún escarceo con historias que rozan o caen en ideas más propias de la extrema derecha en cuanto al orden social. Si es cierta o no esa intencionalidad del director, para mí queda dentro de la interpretación de esta película separada del resto de su obra. Porque también podríamos entender que está criticando a líderes tipo Trump, que falsean lo que les interesa. O que en unas épocas donde es verdad que hay numerosas historias falsas que la gente cree reales nos pone el dedo en el ojo para que recapacitemos sobre tener nuestro propio criterio ante lo que nos cuentan. A mí me parece, por otra parte, que estamos en un momento donde el cine de Hollywood está poniendo de héroes a los que siempre fueron malvados como el Jocker, Cruella Deville o Malicia, hasta Darth Vader o Drácula, y poniendo de malos a los que siempre fueron buenos, como Robin Hood, algunos momentos de los metrajes de Superman y Batman más recientes, Kárate Kid visto desde el punto de vista de su adversario, y otros. Ahí está pasando algo, habría que estar atentos, porque la cultura popular expande más ideas que la cultura formal.

Pero también es verdad que la película desliza sutilizas que te hacen pensar que aunque no paran de decirte que todo era mentira interesada, en realidad sí tienen base de realidad. Uno de los personajes que aparecen es Guy de Gisbourne, un asesino a sueldo cruel y despiadado que, según la Edad Media, mandaron a matar a Robin Hood, y que Robin Hood logró matar, desfigurar y decapitar. Aquí aparece con lepra y vivo, su desfiguración queda en duda por la enfermedad, pero desde luego está vivo en su ancianidad, y sí se dice que lucharon en el pasado, por lo que Guy de Gisbourne no era la persona tan buena que aparenta de anciano, ni Robin Hood el malvado que aparenta ser también de anciano. Quizá la base de la historia de Hood es real, aunque con florituras según se ha ido pasando de boca en boca. Es un giro del giro sutil que me temo que sólo se darán cuenta aquellos que conozcan los textos literarios medievales, o al menos los del siglo XVII. Hacia el final del metraje, adaptando a su modo el final de la muerte del arquero según la literatura y que Richard Lester siguió, aparece una metáfora visual combinada con una especie de moraleja de porqué la necesidad de contarnos historias alternativas.

La película no es mala. Es buena, pero no es fácil de ver. No es comercial. Es un viaje interior de redención, pero también es una llamada de atención sobre la falsa realidad y la utilización, la manipulación... y sobre la violencia. Sé que en mi sesión una pareja se fue antes de que acabara la primera mitad del metraje, mala señal. Verlo requiere estar abierto a romper con lo que antes sabías de Robin, pero también a algo que te viene a decir el director: ve a la fuente, lee los textos originales, saca tus reflexiones, cuidado con las interpretaciones que te dan ya hechas para ti, porque quizá son para que sean útiles a quien te da la interpretación ya hecha de los hechos. Esa sería la reflexión positiva, de una película que es dura y que me produce rechazo por cuanto ataca a un personaje éticamente heróico, revolucionario, justo, y que entronca con toda una vida en el que te han educado con sus historias, entre las de otros personajes, pero hay que reconocer que es una película muy bien hecha y que si la reflexionas entiendes lo que quiere decir, estés de acuerdo con ello o con los modos, y te haga o no sospechar de la posible intención de Sarnoski.

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El 6 de julio, lunes, volví a coger el tren de mi trabajo al cine. Esta vez quedé con una amiga con la que he ido a ver otras películas en el pasado. Uno de sus personajes favoritos de superhéroes es una superheroina, Supergirl, Así que me comprometí a ir a ver Supergirl (Craig Gillespie, 2026), primero porque también me interesaba y segundo porque ella a mí me ha acompañado en el pasado a películas que estoy convencido que propuse yo pero ella no es que no quisiera verlas, pero podría haber dicho "no" sin ningún problema. Ambos evidentemente hemos leído cómics, visto dibujos animados, visto al personaje en series de televisión y otras películas actuales donde ha aparecido el personaje, pero ambos teníamos por referencia en cine Supergirl (Jeannot Szwarc, 1984), que yo estaría por decir que vi por primera vez en mi casa en formato video VHS de algún videoclub, alquilada por mis padres. Metraje no muy afortunado, pero a vista de hoy, entretenido y rellenando el vacío de anteriores películas de Superman. Íbamos los dos con la referencia de los cómic, pero también con la de la película de 1984, de la que sabíamos que no tendría nada que ver, porque ambos vimos la primera aparición de la nueva Supergirl en Superman (James Gunn, 2025). Aparte, yo vengo del conocimiento que me produjo investigar y escribir Superman, Batman y Franco. La censura en tiempos de Franco (2023). La nueva Supergirl tiene más que ver con el personaje renovado en cómic en el siglo XXI gracias a una miniserie que publicó DC con la idea de hacer de él algo más agresivo, menos complaciente, y que fuese todo lo contrario al chico bueno que es su primo Superman. Así que la Supergirl del siglo XXI sigue teniendo su complejo de estar a la zaga de su primo, sumado a sus problemáticas múltiples por su condición de mujer, cuestiones que tenía cuando fue creado en papel a mediados del siglo XX, aún cuando le quisieron dar un toque más feminista a partir de avanzada la década de 1960. Ahora es un personaje que, con todo eso, suma un temperamento de descontrol en su vida personal y pública, que no atiende tanto a las normas y que de vez en cuando se desmadra. Aunque no todo es eso, pues Supergirl es Supergirl y siempre ha de tener algo de chica buena para no desnaturalizar al personaje, pues para personajes totalmente desmadrados DC ya tiene otros perfiles femeninos. 

Así que la película es una Supergirl rebelde en su vida personal, porque su vida personal está en crisis existencial, emocional y de no saber qué hacer con su vida, salvo la vía fácil de la juerga, de la alcoholemia, de cierto egoísmo personal. Y se toma juergas en sistemas solares con soles rojos, donde se anulan sus poderes. Esto se cuenta en la miniserie de cómics donde se la presentó así, y así nos la presentan en la película. Ha descuadrado a numerosas personas y probablemente ha provocado las malas críticas que ha tenido, en parte. En la sala no había nadie joven cuando nosotros fuimos, cosa rara teniendo en cuenta que el género de superhéroes está en auge entre ellos. Pero puede que sea también porque Supergirl nunca llegó a aferrar bien en España, y no hay que negar que aquí hay algo del machismo original con el que el personaje fue recibido y coartado cuando sus historias se comenzaron a publicar.  

Por otro lado ha podido descuadrar una historia que narra una aventura espacial de la superheroina. Es algo habitual en ella y en las historias de su primo. A mí particularmente me ha hecho pensar que han querido trasladar la historia del exilio de Superman, narrada en cómic entre los años 1980 y 1990, a esta historia de Supergirl. Quizá el público general que no ha leído tanto cómic de ellos no están acostumbrados a estos relatos y esperaban una historia de heroicidad en La Tierra. Pero el relato no está mal, es entretenido. Hay acción, hay humor, el personaje no está mal interpretado ni mal recreado. Quizá hay que perfeccionar los efectos especiales sobre Kripto, el perro. Y el argumento es cierto que gira sobre un tema de fondo como es en realidad la trata de blancas, o en otras palabras sobre los traficantes de mujeres a las que raptan para que ejerzan la prostitución, aunque aquí queda enmascarado en una historia de piratas espaciales que raptan mujeres para procrear sólo varones que ayuden a aumentar sus filas (en un eco lejano a la mitología clásica romana con el rapto de la sabinas). 

Tengo serias dudas de que mi amiga estuviera satisfecha con esta nueva película de una de sus superheroínas favoritas. No dijo nada contrario ni malo, pero no sé si realmente le gustó, o simplemente le pareció entretenida. Sí que me hizo ver que en todo el metraje casi todo lo hacen los demás por ella, por lo que podría perfectamente no estar involucrada en todo ese conflicto con los piratas y el resultado sería el mismo. En este sentido le gustó que apareciera un antihéroe, Lobo. Sin embargo, aunque no es mentira lo que dice, yo sí creo que Supergirl tiene partes importantes en el desarrollo de la historia. A fin de cuentas es también una búsqueda de sí misma y una explicación de su origen. Lo justo para dejar el relato en el punto de si se necesita de una segunda parte o de una aparición en La Liga de la Justicia, pueda estar ya presentado. 

La actriz lo hace bien, además cuadra cierto salvajismo físico con el nuevo personaje. El personaje está renovado. La película entretiene. Es verdad que no es la película de superhéroes más llamativa de todas, pero no es tampoco una a olvidar. No creo que sea una de las malas películas de DC. Es una película que, además, para algo ligero en verano, está bien, aún cuando uno, si quiere pensarlo todo, se da cuentas de algunas cosas como el encaje del tema idiomas u otras cosas, pero, de verdad que no descuadra tanto, que la película cumple su propósito y da aire fresco a esta heroína que, habitualmente, pasaba por niña bien y ya no es una niña bien.