lunes, abril 03, 2023

NOTICIA 2215ª DESDE EL BAR: EL DESCENSO DE LA CRUZ, ARTE DEGENERADO

Es Semana Santa y como vengo haciendo varios años aprovecho para acercarnos al Arte y dar unas reflexiones y explicaciones. Este año he elegido el cuadro El descenso de la cruz, que realizó el pintor alemán Max Beckmann en 1917. Lo primero es acercarnos al autor, porque creo que muchos no lo conoceréis. Beckmann nació en 1884 y comenzó a dibujar desde niño y a pintar cuadros a una sorprendente edad precoz. Él era hijo de granjeros, su padres le mandaron a la Academia de Wiemar en 1900 y siguiendo su precocidad se casó en 1903 por primera vez, años más tarde tendría una segunda esposa. En sus primeros cuadros seguía a los impresionistas franceses y los que había en Alemania, por lo que era una persona interesada en la modernidad y su plasmación, sin embargo, al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914 fue enviado como enfermero al frente de combate. Lo que allí vivió y vio le traumatizaría de por vida y quedaría reflejado en todas y cada una de las cosas de su vida, incluido su Arte. Fue retirado por una crisis nerviosa profunda y hospitalizado. Es de esa época que pintó en 1917 el cuadro que hoy propongo. En 1925 sería ese segundo matrimonio, con una cantante de la que se divorciaría años después manteniendo una buena amistad. Desde 1930 viajó a Francia por aprehender más sobre los más modernos de la pintura, pero se interesó paradójicamente por El Bosco, del siglo XV, y quiso llevarlo a su época. Le hicieron profesor de Arte en Fráncfort, sin embargo, al subir al gobierno el partido nazi le quitaron la plaza y se quedo sin empleo. En 1937 consideraron oficialmente que su arte era Arte degenerado, por lo que quedó prohibido, ese fue el momento en el que decidió emigrar a Holanda e instalarse en Ámsterdam. Pasó la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) Mundial allí, estando en el punto de mira de los nazis. Terminada la guerra sus obras fueron de nuevo permitidas en Alemania, aunque su figura no fue tan publicitada como otros autores alemanes que también habían sido perseguidos, lo que ha provocado que incluso en 2023 sea bastante desconocido en general. En 1947 emigró de nuevo, ahora a Estados Unidos, donde moriría en 1950 a los 66 años de edad. 

El descenso de la cruz pertenece a una serie de cuadros sobre la pasión de Cristo, donde también está muy valorado el dedicado al pasaje donde defiende a una adúltera. El personaje de Cristo siempre aparece con la misma caracterización, por lo que los cuadros juntos cuentas visualmente la historia. Actualmente se encuentra expuesto permanentemente en New York, en el MoMA

La visión de Beckmann aquí, probablemente influido por los cadáveres que vio durante su estancia en el frente de combate como enfermero, nos muestra a un Cristo ya muerto que parece incluso tener un rigor mortis imposible, ya que fue descendido en el mismo día de su muerte en la cruz. Divide el cuadro en diagonal en dos mitades que el pintor trata de rellenar al máximo con personajes humanos. Él nos mira con los ojos abiertos conservando su postura de crucificado de tal modo que a la vez parece que se nos muestra en una especie de "aunque muerto, vivo", a modo de revelación, o bien nos invita a acercarnos a Él con los brazos abiertos. La Virgen María aparece anciana con rasgos sutilmente judíos, mientras no quiere ver a su hijo muerto es atendida por una muy joven María Magdalena, que aparece rubia y de ojos azules. María Magdalena es el único personaje que mira extrañamente al espectador, pareciera invitarnos a comprender un mensaje, si bien su gesto no parece tanto afectado por la tragedia, sino sugerente, detalle curioso teniendo en cuenta que en origen ella fue prostituta, posteriormente reformada al verse atraída por la palabra de Cristo, aunque lo cierto es que el texto bíblico nunca apuntó que se produjera esa reforma, sino que fue protegida por Él y ella pasó a formar parte de las mujeres que le acompañaban en algunas ocasiones. Pablo de Arimatea es ayudado a bajar a Cristo pero parece adquirir una pose que parece indicar que aquí nos lo trae a nosotros, él lo desciende de la cruz para acercárnoslo cual si fuera un objeto. Cristo, por otra parte, es un personaje que parece mucho más viejo de lo que era, 33 años de edad, y aparece sin la belleza idealizada que suele ser habitual, con un cuerpo sumamente delgado, algo demacrado, y calvo sin barba. Aunque el cuadro fue pintado en 1917 y aún quedaría bastante para el gobierno de los nazis y el holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial a partir de 1939, parece una figura que se adelanta a las visiones de su tiempo y nos recuerda uno de aquellos presos judíos. Evidentemente es imposible que lo sea, pero también durante la Primera Guerra Mundial se vieron imágenes de personas sumamente demacradas por diversos motivos bélicos, incluidas las hambrunas en las zonas rurales donde los ejércitos arrasaban los campos por una parte y decomisaban todo alimento que encontraban.

Evidentemente esta escena bíblica rompe de manera brutal con la tradición de siglos de cómo se había representado. Lanza muchos más mensajes que únicamente los religiosos. El cuadro es claramente perteneciente al expresionismo alemán, aunque imágenes religiosas que rompían la tradición estaban empezando a surgir en otras tendencias, como por ejemplo se puede ver en la etapa azul de Picasso o, más tardíamente, en el surrealismo de Dalí. Para las mentes más conservadoras podía resultar escandaloso o chocante. A pesar de que el cuadro no es irreverente y respeta lo que es el descendimiento en sí, el mero hecho, por ejemplo, de María Magdalena hermosa, rubia y mirando sugerente al espectador podía provocar escándalo. La representación novedosa del aspecto de Jesús podía ser considerado rozando la blasfemia o la irreverencia en las cabezas de los más puritanos en lo que sería la tradición. Hay que tener en cuenta también que en la iglesia cristiana luterana no es excesivamente dada a crear representaciones religiosas, para no caer en iconoclastia, o sea en la veneración de iconos e imágenes que puede provocar idolatría y por tanto blasfemar. En un principio, en el siglo XVI los protestantes (luteranos, calvinistas y otros) llegaron a destruir una gran cantidad de imágenes religiosas, pero Lutero dio pie a que algunas representaciones religiosas eran tolerables, por lo que en Alemania surgieron algunos pintores religiosos que seguían algunas pautas sobre cómo representar a Dios y cuántas imágenes puede haber en una iglesia. Esas representaciones debían respetar la imagen tradicional de Cristo, con barba, pelo largo, piel blanca, rasgos europeos, cierta belleza y juventud... Con esa tradición se desarrolló el arte religioso de los luteranos. En Alemania la división religiosa está entre luteranos y católicos principalmente, siendo mayoritarios los luteranos. Ignoro ese detalle de la vida de Beckmann sobre sus creencias o no en cuanto a lo religioso, pero sin duda el venía de un mundo alemán donde esta cuestión sobre el Arte religioso estaba presente, si bien en el comienzo del siglo XX probablemente las posturas tolerancia eran más permisivas que en el siglo XVI.

En breve, nada más terminar la Primera Guerra Mundial en 1918, los artistas alemanes se volverán altamente experimentales como consecuencia de las vivencias y traumas de una guerra devastadora que además pierden y que transforman toda su escala de valores. Los expresionistas en concreto encontrarán incluso la cinematografía como medio de lanzar sus mensajes visuales más directamente. Poblarán los cines de historias oscuras de terror con numerosos ángulos imposibles o extraños, como este Cristo en diagonal y esa escalera que se ve tras Él que asciende sobrepasando con mucho su apoyo en la cruz, si no que parece que sigue hacia el cielo con una forma exagerada. La cruz, por otra parte, no es latina, si no de tau, es una cruz en T. Un expresionismos con seres aparentemente terribles o sumamente diferentes, como la imagen de este Cristo. 

Todo esto se daba en una Alemania que se recuperará con rapidez, mientras al mismo tiempo se transforma en uno de los principales centros europeos de las experimentaciones artísticas. En medio de este mundo, que dejó de ser monárquico para ser una República que a punto estuvo de tener su propia revolución socialista, tenemos desde gentes que abrazan todo tipo de libertades, a gente que se entrega a los excesos, y, en el otro extremo, gente que cada vez más buscan un mundo más autoritario y conservador en nombre de una revolución nacionalista disfrazada de falso socialismo, los nacionalsocialistas, los nazis. La Gran Crisis de 1929, el crack, acelerará todos los cambios hacia los extremos, de ahí al ascenso nazi de 1933 y a que estos artistas fueran considerados degenerados por no tener coincidencia en ideas y en lo que debía ser el Arte para ellos. Obras como esta fueron prohibidas, algunas quemadas. Para los nazis el Arte pasaba por exaltar los valores de su propio ideario, todo lo demás les resultaba un peligro social degenerado que había que eliminar. Afortunadamente muchas obras se salvaron.

Pero la obra tiene en origen el contexto de 1917, aún lejos de todo aquello, aunque sumergido en la crisis de valores de una Primera Guerra Mundial que no paraba de generar muertos y destrucción. En medio también de una crisis personal de Beckmann por su paso por la guerra. La propia postura de Cristo parece recordar la de algunos cadáveres que se sacaban de debajo de montañas de tierra tras varios días de un bombardeo en las trincheras, o los cuerpos que se amontonaban a veces por falta de posibilidades de enterrarles. El cuadro, sin duda, más allá de esto, tiene su propia estética religiosa. Invita a diversas reflexiones. Merece la pena.   

Otras reflexiones sobre Arte en Semana Santa: El informe Jesús de Nazaret (Noticia 254ª, Noticia 255ª y Noticia 256ª, análisis desde la Historia del relato bíblico); JesuCristo Superstar (Noticia 257ª, la película de Andrew Lloyd Webber y Tim Rice, 1973); Monty Python (2) (Noticia 594ª, de la película "La vida de Brian", Terry Jones, 1979); Estudio de Cristo (Noticia 1466ª, cuadro de Sorolla, 1883); Ramos de Domingo (Noticia 1581ª, reportaje fotográfico propio de la procesión del Domingo de Ramos de 2016 en Alcalá de Henares); El abrazo de Dios (Noticia 1695ª, cuadro de Sergei Chepik, 2005); El velado (Noticia 1778ª, escultura de Giuseppe Sanmartino, 1753); Un incendio en nuestros corazones (Noticia 1867ª; cuadro "Nuestra Señora de los Siete Dolores", autor no encontrado, siglo XVIII); Semana Santa de confinamiento en tiempos de Covid-19 (Noticia 1954ª, cuadro "XI estación: el eremita", de Roberto Ferri, 2018-2019); Yo ya he comido potaje (Noticia 2040ª, fotografía anónima, primeras décadas del siglo XXI); Enterramiento de Cristo en su tumba (Noticia 2041ª, cuadro anónimo de la Escuela de Rostov, 1497); El Cristo de un anarquista (Noticia 2128ª, cuadro "Cristo en la cruz", de Benito Prieto Coussent, 1948); Cine que vi esta semana (Noticia 2130ª, análisis de algunas películas de la televisión de la Semana Santa de 2022).

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