viernes, agosto 10, 2012

NOTICIA 1116ª DESDE EL BAR: MUERTE ROMANA (4 de 7)


Muerte Romana (4 de 7)
EPIGRAFÍA FUNERARIA EN EL NORTE DE LA PENÍNSULA IBÉRICA


Si bien es cierto que cada individuo pagaba el monumento funerario que podía permitirse, estos revelan cierta jerarquía en la muerte. No hay comparación entre un mausoleo y un hoyo con una piedra encima. Para el caso del norte español, el esquema que Tomás Mañanes Pérez considera para este orden de importancia en los enterramientos en  Astorga), podría ser aplicable a la provincia marginal que tratamos en este trabajo. Viene a ser:

1-        Sacerdotes y cargos.
2-        Militares.
3-        Docentes (eran cives, o sea: ciudadanos), libertos y esclavos.
4-        Inmigrantes de Hispania.
5-        Indígenas (tanto con nombres autóctonos, como griegos y romanos).
6-        Emigrantes muertos y enterrados en la provincia o fuera de ella.

No deja de ser curioso que libertos y esclavos estén por encima de los inmigrantes, indígenas y emigrantes. Pero teniendo en cuenta que es un orden de acuerdo a los monumentos funerarios, es posible que los libertos y esclavos estuvieran más concienciados de las ideas religiosas y funerarias romanas, incluso de norma social se podría decir, al vivir más en contacto con  el mundo romano. Por ello estarían más dispuestos a tener un monumento tras su muerte, superando con ello a los indígenas, que quizá prefirieran aún sus propias formas funerarias en general. El caso de los inmigrantes podría ser porque pocos volverían, o pocos podrían hacer volver sus restos a su lugar de origen. Y en cuanto a los emigrantes que fueron a esa región, tal vez, simplemente, eran mayoritariamente los más pobres y, sumidos en sus propias creencias (aunque quizá algo aculturados), preferirían hacer gastos más adecuados a la vida terrenal que a la del Más Allá, o simplemente no tenían dinero para costearlo, en general, ya que algunos monumentos hay. Pero todo esto son especulaciones a comprobar por otros terrenos que son los de la arqueología y las posibles fuentes literarias, o de otra índole, que nos puedan aclarar algo al respecto.

El primer grupo de sacerdotes y cargos son lápidas de ciudadanos romanos, directamente de algún lugar de Italia, o bien de alguien al que le ha sido concedida la ciudadanía romana. Aquí se denota que el control de los territorios no podía quedar menos que en manos romanas, aunque estas manos hubieran de ser hechas ciudadano romano previamente. Este nuevo ciudadano quedaba así agradecido y debía lealtad a Roma. Sólo los más fieles a Roma, para evitar riesgos, recibirían estos honores. Y, sin duda, debían ser, a la vez, gente influyente entre su pueblo, para un mayor control. Pongamos el ejemplo de una de estas lápidas donde se lee el nombre de un convertido a la ciudadanía romana:






"L(ucius) VALERIUS L(ucii) L(ibertus) / AUCTUS / AVIUM INSPEX /  BLAESUS, A(nnorum) / LVI, S(it) T(ibi) T(erra) L(evis) / FELICIO FRATER".       

["Lucio Valerio, liberto de Lucio Aucto, inspector de aves, tartamudo, [muerto] a los 56 años de edad, [honrado] por su hermano Felice, que la tierra te sea leve."]






 

Fue encontrada al cavar una vía férrea de Astorga. Este monumento fue erigido por su hermano Felicio. Nos dice que Lucio Valerio era el liberto de otro Lucio (del que cogió su nombre, sin duda), que murió a los cincuenta y seis años, edad avanzada por entonces, que había sido tartamudo característica bastante notable en él, dado el aumentativo Blaesus, por lo que aquello pudo ser su cognomen, y había desempeñado en su vida el trabajo de inspector de aves, lo que quiere decir que predecía el futuro mediante estas. La predicción del futuro en los signos como el vuelo o las entrañas de las aves era algo muy valorado por los romanos, los cuales no solían realizar grandes empresas sin su consulta, y siempre que esta le fuese benévola. Esto podría ser religión, superstición o costumbre social, pero lo cierto es que es posible que a Lucio Valerio le fuese bien en su oficio, pues no sólo adquirió su libertad, sino que su hermano le pudo levantar un monumento notable y él figura entre uno de los cargos sacerdotales, el de inspector de aves. Aparte de que, por su nombre, había sido adoptado, muy probablemente y adquirido la ciudadanía romana. Y a juzgar por su monumento funerario pudo hasta alcanzar una pequeña fortuna:

Claro que, en esta clase social, las inscripciones en las lápidas con frecuencia ocultan una doble intención más allá de honrar al muerto, como pudiera ser cierto reconocimiento social, escalar puestos u obtener favores. Veamos el ejemplo de otra tumba de Astorga.

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