jueves, febrero 18, 2016

NOTICIA 1567ª DESDE EL BAR: REVOLUCIONARIOS FRANCESES EN ALCALÁ DE HENARES AL CORTARLE LA CABEZA A LUIS XVI (2 de 3)

Hoy: la segunda parte de una de las tres conferencias que di en 2014 para el Foro de Historiadores del Valle del Henares, publicada íntegra en papel en el Libro de Actas del XIV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, 2014. Aunque la primera parte está en la entradaa anterior, Noticia 1566ª, si ayer os dejé el resumen en castellano que acompañó aquella publicación, hoy es dejo el resumen en inglés.

ABSTRACT


French King Louis XVI's execution in 1793 arrived to Alcalá de Henares on the 2nd of February. It was joyfully welcomed by a group of French inhabitants. Authorities were anonymously alerted and a secret process was begun. The main defendant was a walloon guard named Juan Sandot. Many of those involved will be names to be among the first liberals of the complutense nineteenth-century.
Keywords: French Revolution, XVIII century, Alcalá de Henares, revolutionaries, secret trial, Juan Sandot.


INFORMACIONES SECRETAS SOBRE REVOLUCIONARIOS FRANCESES EN ALCALÁ DE HENARES AL CORTARLE LA CABEZA A LUIS XVI EN 1793 (2 de 3)


LOS INTERROGATORIOS

Como se introdujo al comienzo, el anónimo denunciando al francés Juan Sandot por alegrarse ante las noticias del guillotinamiento de Luis XVI se escribió el 2 de febrero de 1793, el día 7, apenas cinco días después había llegado al Real Consejo de Castilla, en Madrid, y había obtenido respuesta del Conde de la Cañada. En cuatro días más el corregidor de Alcalá de Henares, Ignacio José de Vega y Loaysa, comenzaba el proceso secreto con ayuda del escribano público Nicolás Azaña. Aquel día debió ser un día realmente complicado, pues el expediente refleja un gran número de acciones en la ciudad desde la mañana a la tarde, incluyendo el interrogatorio de varios de los implicados. A pesar de que el auto era secreto y el Conde de la Cañada había mandado mantener el sigilo y la precaución, el número de personas implicadas que se iban a suceder, sus relaciones entre ellos y la mera observación de los vecinos en sus idas y venidas para ver al corregidor y al escribano es probable que levantaran todo tipo de suspicacias vecinales, aunque eso es algo que no podemos saber documentalmente. En principio todos los que hicieron acto de presencia fueron tomados juramento doble. El primero de los juramentos, siempre por Jesucristo, con La Biblia y con gestos religiosos, era acerca de que se diría toda la verdad de lo que se le interrogara. El segundo de los juramentos era para pedir silencio total sobre lo que allí se hablase una vez que acabara el interrogatorio. Había penas a cumplir en caso contrario. En tales circunstancias también es de imaginar todo aquello que pudiera pasar por las personas que fueron llamadas a declarar de manera individual y sin saber en principio para qué o porqué ni a quién más se llamó.

Aquel día 11 la primera diligencia del auto mandada por Ignacio José de Vega y Loaysa fue el cotejo de la letra del anónimo con el de varias personas posibles. Nada se escribió de a quién se llamó para realizar tal cotejo, ni como se produjo[16]. Llevó a cabo la tarea el escribano Nicolás Azaña ayudado por otro notario más de la ciudad, Francisco Huerta. Su primera certificación tras cotejar varias letras de diferentes personas con el anónimo se resume perfectamente en una de sus frases textuales más significativas: “testificamos, damos fe y testimonio de verdad (…) no podemos de pronto fijar la consideración [sobre] qué sujeto sea el autor”. El corregidor esa misma mañana recibió el certificado pero no conforme con él volvió a ordenar el cotejo. Debieron gastar en el primer cotejo toda la mañana, pues los dos escribanos escribieron su segundo certificado a las seis de las tarde. Habían pasado la mayor parte del día comparando las letras del anónimo con la de diversos vecinos. Teniendo en cuenta la buena ortografía que presenta el anónimo y su significativa frase final, es de suponer que eligieron a personas cultas, tal vez nobles o sacerdotes, aunque nada de esto se nos dice. La cuestión es que el segundo certificado dado a las seis de la tarde dice: “Nos parece imposible dar con el sujeto”. Si el señor corregidor había insistido en este punto, desde luego iba a quedar sin resolver. Ignacio José de Vega y Loaysa hubo de conformarse y ordenó dar por enterado del resultado del cotejo a Antonio Pérez Cañas, a la vez que ordenaba dar paso a una serie de interrogatorios con carácter secreto[17].

Para los interrogatorios se prescindió del escribano Francisco Huerta. Los llevó a cabo el corregidor junto a Nicolás Azaña. El primero en declarar lo hizo aquella misma tarde. Se trataba de Agustín Muñoz Corera, un joven médico de 29 años. Según el anónimo era uno de los principales ofendidos por Juan Sandot al afirmar que el rey de Francia, Luis XVI, se merecía su degollamiento por traicionar a la nación francesa. Los Corera era una familia burguesa y pudiente de la ciudad que figuraba como vecinos al menos desde el catastro de Ensenada en 1753, en el que aparecía un Pedro Antonio Corera como cirujano. En el Repartimento de la Contribución General de 1801 sólo figurará un Corera, que no será este, sino Tomás. Sin embargo, en el mismo cuestionario, pero de 1814, aparecerá un Agustín Corera junto a otros dos, Juan Bautista y Ángel. El Agustín Corera de 1814 es miembro de la Facultad de Medicina de la Universidad de Alcalá y propietario de casas, se trata del mismo Agustín Corera que aparece de joven en estos interrogatorios secretos. En 1817 reaparecerá como cirujano y persona adinerada que debía contribuir con impuestos. Pero en 1826, tras el Trienio Liberal de 1820 a 1823, sólo hay en la ciudad un Corera, Ángel[18].  Los Corera, además, emparentarían con los Tejedor, dato que vamos a retener pues nos será de utilidad. De momento en el interrogatorio de 1793 al joven Agustín Muñoz Corera se confirmó que Sandot había dicho lo que había dicho de manera pública. Además dio detalles de la personalidad del francés que vivía en Alcalá de Henares. Se trataba de un guardia valón (o walón, como se prefiera) al cual describía como disperso, lo que podría ser o bien bravucón o bien de vida disoluta. Aunque Agustín Corera (el Muñoz no aparece casi en el expediente) desmintió que lo oyese él en persona, sino que se lo había contado Martín de Astoreca, regidor decano por su estado noble de la ciudad de Alcalá de Henares. Describió la pelea de Martín de Astoreca y Juan Sandot dando por detalle que el primero dijo que había dado con un demonio al oír la frase de Sandot al alegrarse por la muerte de Luis XVI, a lo que Sandot le dijo que se fuera en mala hora. Además, declaró cuál fue el día exacto de la pelea, el 2 de febrero, el mismo día del anónimo. En cuanto a la reunión frecuente de los franceses alcalaínos en casa de uno de ellos mismos que era florero, dijo que era verdad que ocurrían, sin embargo hablaban en francés, por lo que él no sabía de qué hablaban, no podía confirmar la acusación anónima de que hablaran sobre asuntos de Francia[19].

Si hubiera habido palabras malsonantes también hubieran sido enjuiciadas, pues los insultos graves eran un delito criminal. Sin embargo, en principio al corregidor le interesaban las acusaciones del anónimo en cuanto a la alegría de Sandot por la muerte de Luis XVI y su irreverencia respecto a un rey que fue el primo de Carlos IV de España, la acusación de que iba al encuentro de la correspondencia que venía de Francia, y la acusación de reuniones sediciosas entre franceses en la casa de uno de ellos que era florero. Ignacio José de Vega y Loaysa mandó traer a Martín de Astoreca a declarar en secreto. Siendo febrero y habiendo habido un interrogatorio ya después de haber pasado las seis de la tarde, como anotaron los escribanos en su último certificado de cotejo de letras, probablemente estaba ya anocheciendo o a punto de ello.  Martín de Astoreca no era una persona cualquiera, era licenciado, abogado de los Consejos de Alcalá y regidor decano del ayuntamiento por su estado noble. Compartía mucho con el corregidor, pues Ignacio José de Vega y Loaysa era también, aparte de corregidor, licenciado y abogado de los Consejos de Alcalá, más otro cargo del que luego hablaremos por su importancia. De hecho, Martín de Astoreca había ejercido como teniente de corregidor en 1783, en 1786 y en 1791, y todavía lo haría una vez más en 1797, año tras el que le sucedería el propio De Vega y Loaysa[20]. Martín de Astoreca confirmó que Sandot dijo lo que dijo, pero declaró que en el momento de su discusión entre ellos, ambos estaban a solas, sin testigos. Dijo que fue él quien le dijo que se marchara y que no hablara “semejantes desatinos, pues nunca era justo hablar así contra un Rey”[21]. Lo que realmente parecía ser una bronca muy educada.

El Interrogatorio a Martín de Astoreca fue realmente breve, así pues el corregidor llamó esa misma tarde, o ya quizá noche, a otra persona más, José Yarritu, un comerciante de 54 años de edad del que el anónimo decía que era uno de los testigos de todo. También la familia de este apellido eran personas significadas en la ciudad. A él se le interrogó en referencia a las reuniones de los franceses en la casa de uno de ellos que era florero y que vivía enfrente suya. Confirmó que estos hechos eran ciertos y dio por detalle que su vecino, el francés de oficio florero, era moreno. Según él, Sandot iba siempre a su casa al día siguiente de que llegara la gaceta con noticias a Alcalá. La leían juntos, decía, pero como lo hacían en francés él no sabía realmente de qué hablaban o qué noticias leían. Según este testimonio, Sandot también iba a la casa del florero los días que llegaba correo, y que traía siempre consigo unos papeles que eran leídos junto a otros franceses que también vivían en la ciudad y que iban ese día a esa casa. Estos eran Juan Villar David, calderero, Pedro Landa “el Mayor”, Beltrán Cibrián, tendero, y otro más del que no conocía el nombre. Al ser todos franceses y comerciantes entendía el declarante que era normal que se reunieran entre ellos a leer las cartas y la gaceta, aunque reconocía que los días que la gaceta traía noticias de victorias del gobierno revolucionario francés ellos daban muestras de alegría[22].

Es interesante parar en estos nombres nuevos en la investigación, pues recuperaremos el dato sobre que Agustín Corera era de una familia que emparentó con los Tejedor. Previamente a estos sucesos de 1793 en torno a investigaciones secretas a vecinos de origen francés, ya en 1791 había existido un antecedente. El 13 de octubre de 1791 el corregidor del momento, Jacobo de Villaurrutia, investigaba con la ayuda del mismo escribano Nicolás Azaña a otros dos franceses que vivían en Alcalá de Henares, Juan Tejedor y Juan Borsal, ambos caldereros. Estaban matriculados en la ciudad, esto es que sus negocios estaban registrados en Alcalá, así como que ellos estaban censados como vecinos. Sin embargo, ambos conjuntamente habían obtenido pasaportes españoles y franceses en el mes de septiembre de aquel 1791 para irse a Francia ocultando su matriculación en Alcalá de Henares, lo que era ilegal por unas Reales Órdenes que impedía las idas a Francia a los extranjeros matriculados en los municipios españoles. Ellos habían sido denunciados por Juan Villar David, también calderero, pues todos ellos, más otros caldereros, habían formado una asociación de tipo gremial llamada Compañía de Caldereros de Alcalá de Henares. Los miembros del gremio sospechaban que habían malversado fondos comunes, pues Tejedor y Borsal llevaban las cuentas de la asociación, y que con ese dinero era con el que partían a Francia. Fueron apresados en Madrid y puestos en prisión preventiva en Alcalá de Henares mientras se aclaraba el asunto con el Conde de Cifuentes (que otorgaba los pasaportes en España), con los embajadores de Francia, con el alcalde de la ciudad, Gregorio Martínez, y con la Compañía de Caldereros. El caso quedó sobreseído y ellos fueros puestos en libertad el 2 de noviembre de 1791. Nada indicaba que hubiera existido malversación de fondos, ni que hubieran tomado el dinero par irse a Francia, por lo que la Compañía de Caldereros y Juan Villar David quedaron satisfechos, tampoco se podía saber si existió mala fe en el incumplimiento de la ley en cuanto a obtener pasaportes falsos al no decir que estaban matriculados en Alcalá, o si bien era desconocimiento de las leyes de circulación que se habían puesto en marcha con motivo de la revolución en Francia. No sabemos porqué motivo querían ir a Francia, pero este asunto entre franceses de Alcalá de Henares no les era ajeno ni desconocido a los que llevaban los autos secretos contra Juan Sandot en 1793, el cual les implicaba a ellos[23].  

Ignacio José de Vega y Loaysa tenía prisa por ir zanjando el asunto en aquel día 11, llamó a Martín Padura y Gorbea, de 44 años de edad y otro de los testigos señalados por el anónimo. Este hombre, aunque señalado como comerciante, era otra de las personas notables de la ciudad, pues llegaría a ser corregidor sorprendentemente tres años seguidos, de 1799 a 1801. Confirmó que enfrente suya vivía el florero francés, en cuya casa entraba y salía mucha gente, entre ellos Sandot, sobre todo en los días de correo y de gaceta. Confirmó igualmente que cuando había noticias favorables a Francia, todos demostraban una gran alegría, hasta el punto que Sandot se vestía de gala esos días. También confirmó que los días de correo, pero también los de gaceta, Sandot traía consigo papeles y los leían entre ellos juntos. Siendo vecino a la vez de Astoreca, sabía que habían tenido Sandot y Astoreca una pelea donde Sandot decía proposiciones feas, pero también había tenido Sandot una pelea con don Álvaro Valiente, otro regidor más de la ciudad, el cual ascendería a corregidor al año siguiente de este expediente, en 1794[24]. Sin embargo, esto lo sabía de oídas y no recordaba quién se lo había contado. La memoria de Padura y Gorbea volvió a fallar aquella tarde, pues se acordó con detalles que en casa del vicario de Santa Clara de los clérigos menores le habían contado, sin acordarse de quién, que en casa de Laureano Padura, familiar suyo, estuvo Sandot diciendo que los franceses tenían más fe que los españoles. También en aquel lugar le contaron que Sandot salía todos los días al encuentro del correo de Francia en el camino de Guadalajara, pero no sabía si le daban cartas[25]. Como hemos visto ya, Floridablanca había prohibido estos correos.

De Vega y Loaysa debía tener realmente interés por solucionarlo todo con rapidez, pues aún ese mismo día 11 llamó al nuevo testigo mencionado. Debía ser ya bastante tarde, pero Álvaro Valiente, regidor del ayuntamiento por su estado noble, de 24 años de edad, compareció. Su declaración fue escueta pero tajante. No sabía nada ni Sandot le había comentado nada de todo esto. Ni tampoco se lo había oído comentar al juez oidor de Santa María la Mayor, con el cual sí que le había dicho Sandot que había tenido una “desazón” por las cosas de Francia y que le había causado una “incitación”.  Del mismo modo, añadió, que el oidor le había comentado alguna vez que el comerciante José Soler había echado de su casa a Sandot por las mismas causas. Álvaro Valiente va a tener una importancia destacada en la ciudad en el comienzo del siglo XX, de momento nos quedamos con su declaración y con que sucedió a De Vega y Loaysa como teniente de corregidor en 1794.

El corregidor Ignacio José de Vega y Loaysa interrumpió aquí los interrogatorios, Debía ser sábado, pues no se reanudaron al día siguiente, si no al posterior, el día 13 de febrero. Se llamó a declarar al juez oidor de Santa María la Mayor, de 37 años, que era nieto de otro corregidor que ejerció en 1758, 1759, 1760 y 1761[26], y este juez oidor no era otro que el licenciado, corregidor, Justicia Mayor y abogado de los Consejos de Alcalá, el propio señor don Ignacio José de Vega y Loaysa. Con Nicolás Azaña tomando nota, se interrogó a sí mismo y se tomó declaración. De este modo, el juez y abogado pasó a ser testigo y, como veremos, también acusador. Su primera declaración fue dar por cierta la declaración de Álvaro Valiente, la cual le había llevado a declarar. Declaró que le había ocurrido varias veces que leyendo la gaceta había visto varias veces a Sandot regocijarse con toda aquella cosa que era a favor del gobierno francés, así como también se alegraba cuando venían noticias que hablaban de que los alemanes y prusianos estaban a la defensiva, sin victorias frente a la guerra que libraban contra Francia. Se acordó, dijo el declarante, de que el año anterior Sandot tuvo la misma actitud, por lo que el corregidor creyó oportuno rebatirle sus expresiones y recordarle que estaba en España, a lo que Sandot debió contestar algo que implicaba una hipotética victoria francesa sobre España si esta declaraba la guerra a Francia, cosa que ocurriría en abril tras cortársele la cabeza a Luis XVI en enero. De Vega y Loaysa se enardeció y le pidió que cambiara de conversación o que “le rompería la cabeza”, ya que España no era como las demás naciones, en razonamiento del propio declarante. Además, el corregidor confirmó ser cierto que Soler también discutió con Sandot por las noticias de la gaceta. Soler echó a Sandot de su casa diciéndole que le rompería los huesos si volvía. Y cerraba su declaración diciendo “He oído hablar procaz en favor del actual ministerio francés y que hay otros implicados en esto”.[27]  

La sorprendente declaración del corregidor no terminó el día 13, hubo una segunda declaración, tomada a José Soler, en principio comerciante, pero en realidad otro de los ciudadanos destacados. También este tenía 37 años. Él recibía la gaceta siempre que venía. Por eso no tenía problema en leerla en el portal de su casa a varios vecinos, entre ellos a Sandot, que solía ir varias veces. Sin embargo, declaró, por la adherencia de Sandot “a las causas actuales de los franceses” y su alegría por las misma, le echó de su casa y no volvió nunca más. Dijo que podía confirmarle Pedro José Fernández, por vivir enfrente “de un florero extranjero”, donde iban otros franceses a leer la gaceta[28].

Los interrogatorios del día 13 cesaron ahí, con esas dos declaraciones. Pedro José Fernández declaró al día siguiente, 14 de febrero.  Efectivamente declaró que en casa de Pedro Soler se leía la gaceta y entre los oyentes estaba Sandot. El francés en cierta ocasión dijo que “no hubiera cosa como la libertad y que los españoles hacen mal en no tenerla”.  Sandot se alegró del daño hecho por los franceses a los pomeranos en su guerra. En ese momento Soler le echó de su casa bajo la amenaza de que “le rompería los huesos con una vara de medir”, y mandó a su mancebo que no le volviera dejar entrar a los portales de su casa, la cual era concurrente a la del florero francés del que, a pesar de todos los testigos que habían declarado ya, no se dejó constancia de su nombre, al menos por escrito. A esa casa comenzó a ir Sandot con otros franceses a leer la gaceta y cartas, y que los presentes eran Juan (hemos de suponer que se refería a Juan Villar David), Beltrán (que sería el citado Beltrán Cibrián) y Luis (el nombre que faltaba en la declaración  de Martín de Astoreca). Así, Soler dio orden de que tampoco estos pisaran el portal de su casa, especialmente los días de correo y gaceta, y menos cuando hubiera noticias favorables a Francia. Todos aquellos franceses, declaró Pedro José Fernández, opinaban que “no hay cosa como la libertad y que los reyes no son dueños de disponer de las cosas de los vasallos, por lo mismo vencen como la Francia daba la ley a todo el mundo”, según él había oído textualmente. Lo habían dicho, dijo, estando solos, entre ellos, pero lo oyó igualmente. No les dijo nada por no exponerse, pero les oyó comentar estas y otras cosas, decía, muchas veces[29]. 

Lo que estaba en juego era una cuestión de posible expansión de ideas revolucionarias tales como la igualdad ante la ley o el fin de los derechos estamentales. Entre enero y abril de 1793 se iba fraguando en España una mentalidad de guerra que animaba a ensalzar los valores cristianos católicos y absolutistas frente a los ideales democráticos de la revolución francesa. Todo razonamiento, expresión o información que no fuera crítico con Francia estaba prohibido por Carlos IV, y eso no sólo era lo que se juzgaba si no que además creaba una sociedad en guardia, muy atenta a lo que decía públicamente, más en un caso como este en el que las diligencias se hacían en secreto, con juramentos severos antes de cada declaración, lo que provocaba ya en sí una mentalidad en guardia y alerta, quizá de denuncia para salvaguardarse.

Aquel día 14, De Vega y Loaysa emitió un auto para conocer si Sandot recogió correos de Francia.  En una diligencia de ese mismo día Nicolás Azaña notificaba que las dos personas que se encargaban de traer el correo a Alcalá de Henares desde Guadalajara, uno de ellos José Guemez, declararon que no venían cartas de Francia, ni tenían correo especial para Sandot. Si este se les acercaba habitualmente era porque tenía una casa cerca de sus oficinas, hacia las afueras de la Puerta de los Mártires, en el camino de Guadalajara. Y con esto se ordenó el traslado del expediente de vuelta al Conde de la Cañada[30]. Los encargados del correo tampoco podrían haber declarado otra cosa, no sólo por la prohibición de entrada de correos y publicaciones de Francia a España, sino porque de haberlo hecho hubieran cometido un delito. No obstante, varios testigos habían dicho que Sandot llevaba papeles a casa del florero, que leían la gaceta en francés y que recibían cartas. No se aclaró el origen de esos documentos ni su naturaleza.



NOTAS

[16]              Misma referencia de nota 1, fol. 3v.
[17]              Ídem, fols. 4r. a 6r.
[18]              Op. Cit. en nota 8, pp. 511-514.
[19]              Misma referencia de nota 1, fols. 6v. y 7r.
[20]              Ídem nota 11.
[21]              Misma referencia de nota 1, fols. 7v. y 8r.
[22]              Ídem, fols. 8r. y 8v.
[23]           AGA 44/13999,0002 , “Expediente contra Juan Tejedor y Juan Borsal, de nación franceses, por haber obtenido pasaportes para irse a su reino, callando estar matriculados en esta ciudad, conforme a las reales órdenes”.  Septiembre a noviembre de 1791.
[24]             Ídem nota 11.
[25]             Misma referencia de nota 1, fols. 9v. y 10r.
[26]             Ídem nota 11.
[27]             Misma referencia de nota 1, fols. 10v. y 11r.
[28]             Misma referencia de nota 1, fols. 11r. y 11v.
[29]             Misma referencia de nota 1, fols. 12r. y 12v.
[30]             Misma referencia de nota 1, fols. 12v. a 13v.

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