martes, septiembre 17, 2013

NOTICIA 1245ª DESDE EL BAR: CINE DOBLADO, SÍ. POR MI PARTE, SÍ.

Hace un año decidí tomarme en serio ser autodidacta para mejorar mi inglés. La última vez que recibí clases regladas fue durante la carrera universitaria, en una asignatura optativa más o menos del 2001, año arriba o año abajo. Siempre tuve un interés, traducir canciones yo mismo, ir al Cineclub Nebrija en versión original, y otras pequeñas cosas que en realidad eran respuesta a un afán por la comunicación y por conocer. Pero nunca me lo había tomado en serio de una manera total, a pesar de que siempre quise mejorar el idioma. No, no hablo bien el inglés, y en parte es consecuencia de cómo lo recibí en mi enseñanza general obligatoria de niño y cómo lo recibí después en el bachillerato, en la universidad no era obligatorio y como mucho te decían que te fueras a otro país o que pagases una academia o a la Escuela Oficial de Idiomas. Pero no tenía, ni yo ni mi familia, dinero para esas cosas. Pero ahora a todo el mundo nos reclaman el idioma inglés en unos niveles de perfección altos si queremos un trabajo, a pesar de que nuestros dirigentes han demostrado durante años por activa y por pasiva no tener ni pajolera idea del mismo. Te reclaman inglés incluso para ejercer en trabajos donde no sólo nunca lo usarás, sino también en trabajos donde ni habrá posibilidades de que se pueda dar el caso de que debas usarlo. En efecto, algunos empresarios han reconocido en reportajes de noticiarios que a menudo es una condición que ponen simplemente para que la gente se vaya autoexcluyendo y tengan así que decidir entre menos número de desempleados a la hora de contratar. 

El idioma es algo que tampoco es tan decisivo como dicen. Si preguntamos a nuestros padres cuarentones o cincuentones, nos dirán que en su juventud el idioma más popularizado en ámbitos internacionales en Europa era el francés, y lo que más se enseñaba era ese idioma. Ahora nos dicen que en unas pocas décadas serán los chinos quienes lleven la voz cantante, o parlante a mejor decir, en el mundo, y los alemanes lo harán dentro de la Unión Europea. Se pretende que hablemos inglés cuando quizá sean esos idiomas los más interesantes de cara a esas oportunidades de futuro de las que hablan aquellos que hablan del inglés como idioma de progreso en la vida. El inglés en la Unión Europea, por otra parte, juega con ventaja, es un idioma "pan", lo hablan de modo natural no sólo los ingleses, también los irlandeses, los holandeses, los belgas, buena parte de los alemanes, suecos, noruegos, finlandeses... Así que es un idioma que se impone al resto, que por otra parte sería justo que reclamasen, ya que los miembros del Este conocen todos el ruso y en el centro de Europa, el alemán citado. Pero lo pragmático es que hoy por hoy se pretende imponer el inglés. Por el camino se hace sentir culpables a los ciudadanos miembros que no conocen la lengua, y se inician políticas que a largo plazo, muy largo plazo, lo único que generarán será poner el inglés en una situación preponderante que acabará por limitar el uso del resto de idiomas, poco más o menos, y salvando mucho las distancias, la idea es crear un idioma que haga de vehículo común para entendernos, como el latín en su época o el asirio anteriormente al latín. 

Pero la verdad es que el inglés, según los últimos estudios mundiales, es un idioma en retroceso en cuanto a angloparlantes, aunque siga siendo preponderante. De hecho el idioma que está en auge y que se calcula que para el periodo 2050-2100 tomará el relevo y será el mayoritario en todo el planeta es el español. El español hoy día es uno de los idiomas más hablados del mundo, y mucho más rico que el de alguno de nuestros vecinos en la Unión Europea. Sin embargo en la Unión Europea se da preferencia al inglés, al francés, al alemán y al italiano antes que al español, y eso que el francés, el alemán y el italiano no son tan hablados en el mundo como el español. El español como individuo, lo declaraba la Real Academia de la Lengua el año pasado, no sabe defender su lengua, y como diplomático no la sabe hacer valer en igualdad de condiciones. Antes bien el español se avergüenza de su lengua cuando sale fuera de su país y mejor o peor suele hablar cualquier otro idioma, aún más, muy normalmente suele criticar su falta de conocimiento de idiomas, a pesar de que en muchos países angloparlantes no hay interés real ni por estudiar otro idioma, ni por estudiar tampoco su propio idioma. El español infravalora su lengua e incluso cede espacios lingüisticos, como expresiones y palabras, al inglés. Ningunea su cultura al hacer eso.

Hace un año que me intereso por mejorar mi inglés de manera autodidacta, dije, y es así. No porque me fuerce la búsqueda de trabajo, aunque también se da ese hecho, sino porque me apetece conocer esa lengua. Leo libros y prensa en inglés cuando puedo, reconozco que escasamente me aventuro a hablar con alguien en ese idioma, y de vez en cuando me pongo grabaciones de video o películas y series completas en inglés, trato con ello adaptar mi oído, y más o menos lo voy logrando... con mis dificultades. Me evalúo a mi mismo usando una herramienta de examen gratuíta en Internet. Avanzo lento, pero avanzo. No tengo prisa. Tengo curiosidad. Y por el camino hago lo mismo desde hace años con el portugués, el gallego y el catalán, y por cuestiones laborales me he acostumbrado a entender por encima los textos en latín, francés e italiano. Pero no nos engañemos, no los hablo. 

Y estoy en contra totalmente de los que pretenden obligarme, obligarnos, a ver todas las producciones extranjeras de cine y televisión en versión original subtitulada. Por un lado dicen que:

1.- "Es un invento franquista". Es mentira. No es un invento de Franco. El cine no sólo es arte, es negocio, y desde su invención se trató de rentabilizar todas las producciones que se hacían lo máximo posible. Con el cine mudo se creaban varias copias del metraje original con diferentes carteles de texto en diferentes idiomas, a veces se rodaban varias veces esos metrajes (de ahí que varias películas nos hayan llegado en versiones ligeramente diferentes). En 1901 ya hacíamos esto en España. Con el invento del sonoro en 1927 las películas eran dobladas en diferentes idiomas. Las productoras norteamericanas contrataban personal para esta labor, por ejemplo Luis Buñuel trabajó como director de actores de doblaje en los años 1940 en Hollywood. Se contrataban actores de teatro y de radio. El sonoro en España llegó en 1930 y la primera película que doblamos al castellano fue Entre la Espada y la Pared (1931, Marion Gering), doblada en el pueblo francés de Joinville por la productora Paramount. España tuvo su primera empresa de doblaje de películas en 1932, llamada T.R.E.C.E., y en Madrid en 1933, llamada Fono España. Así que el doblaje en mudo llegó en España con Alfonso XIII, y en el sonoro con la II República, no con la dictadura de Franco. La diferencia es que con la II República se podían encontrar metrajes en versión original, y que con la dictadura en los años 1940 no se encontraban, todas se doblaban por cuestiones de la política nacional inciada y porque se consideraba que las influencias ingleses y francesas eran parte de la culpa de la guerra civil, no olvidemos que Franco simpatizaba con el fascismo italiano y el nazismo alemán. De este modo, sí que es verdad, la censura pudo eliminar expresiones, textos y palabrotas con más facilidad. Sin embargo, y retomando el origen del doblaje, es lógico que se produzca desde el comienzo del siglo XX, la mayor parte de la población era análfabeta y que el espectador pudiera seguir la película en su propio idioma facilitaba las cosas y beneficiaba a la taquilla. Además, los lazos sentimentales entre los personajes y el espectador son más fuertes. Recomiendo leer el artículo "Historia del doblaje", publicado por la asociación Artistas de Doblaje de Madrid.

2.- "Si no dobláramos las películas, sabríamos inglés". Es falso. Durante mucho tiempo he ido todas las semanas al CineClub Nebrija, excepto el último año por cuestiones económicas, y puedo garantizar que no he aprendido inglés ni francés, del mismo modo que cuando las han puesto en rumano no he aprendido rumano, ni cuando las han puesto en japonés he aprendido japonés. Quien fue mi jefa en la Filmoteca es de Colombia, allí nunca se doblan las películas, se ven subtituladas y es firme defensora de que no se doblen. Su razonamiento sí le tengo mayor consideración: que la interpretación del actor está en su voz y por ello no se debe doblar a otro idioma. Pero cada vez que le oía a alguien decir lo de que así todos sabríamos inglés decía lo mismo que yo: es mentira. Ella las ve así desde niña, y tiene ya una cincuentena de años avanzada, y no ha aprendido inglés viendo el cine así, ni mucha gente de Colombia sabe inglés por ver las películas así. Ni tampoco ha aprendido japonés, ni ruso, ni francés, ni nada de todo esto por ver las películas sin doblar. Eso sólo ocurre si te tomas la película como un ejercicio para aprender el idioma y prestas atención al metraje y a la vez a la pronunciación, siempre y cuando tengas un nível previo de inglés, sino como si la oyeras en chino sin saber nada de ese idioma. Aparte de que en todo caso la película te ayudaría a entender el inglés hablado, pero no a hablar inglés.

3.- "La interpretación del actor está en su voz y por ello no se debe doblar a otro idioma. Cuando se muere el actor de doblaje y sigue vivo el actor al que dobabla suena raro", el razonamiento de mi exjefa, que sólo se lo he oído a muy pocas personas más. Este razonamiento me es muy respetable, es el que veo más lógico de esgrimir. Sin embargo, no todo el mundo sabe leer, no todo el mundo tiene velocidad lectora, no todo el mundo coordina leer y ver imágenes y trama, no todo el mundo soporta leer dos horas seguidas, no todo el mundo ve bien, no todo el mundo tiene una edad que le permita leer de una pantalla en movimiento (ancianos y ciertos niños no podrían), no todos los personajes son personas (no lo son en los dibujos animados, por ejemplo), por lo que no tiene tanto sentido insistir en la voz original, en televisión no todo el mundo tiene aparatos con pantallas de tamaño adecuado... Y en fin, luego tenemos la empatía que nos pueda generar. Aunque es también deseable ver los metrajes tal como lo interpretaron sus actores, yo al menos lo hago de vez en cuando y con determinadas películas, sí que es cierto que si en tu vida sólo has hablado el español de modo habitual te emociona más un "te amo" que un "I love you", y no es porque lo diga yo o lo opine yo, que lo opino, sino porque en este sentido también hay numerosos estudios psicológicos que confirman que el idioma natal nos emotiva más que otro idioma, porque se asocia a experiencias personales vividas y almacenadas en la memoria afectiva por agradables o desagradables, ayudando a soltar las sustancias químicas cerebrales determinadas para cada momento. Claro está que en este último razonamiento tenemos que dar la razón a la segunda parte de la crítica, ya que las voces de los actores doblados por Constantino Romero, por ejemplo, nos han generado un recuerdo emocional que nos resultará extraño cuando sean doblados por otra persona, aunque nos adaptaremos, lo hicimos con el personaje de dibujos animados Homer Simpson cuando se murió quien le doblaba en las primeras temporadas.

4.- "Se dobla mal". Discrepo hasta cierto punto. España es el país que mejor dobla los metrajes extranjeros de todo el mundo, eso está reconocido por los mejores expertos de la industria del cine, y por los espectadores en taquilla (es el país del mundo que más cine internacional consume, y el segundo que en concreto consume más cine anglosajón). Sí que es verdad que en los últimos años algunas productoras han bajado sus níveles de calidad. No se trata sólo de pasar los textos al español, sino de interpretarlos y tratar de hacerlo como los hizo el actor original, dirigidos por el director de la película o por quien él asigne para el trabajo. En los doblajes que se han tenido que hacer, por motivos de conservación, de las antiguas películas de los años 1930 a 1950, y en algunos metrajes con el sonido revisado para reeditarlos en DVD en los años 2000, como los Superman de los años 1980, los actores y actrices doblan sin  actuar, sin pasión, sin nada, y producen un resultado de mala calidad y rechazable que nos invita a verlo subtitulado. Eso sí hay que evitarlo. Además hay que buscar voces apropiadas para las constituciones corporales de los personajes, cosa que se suele lograr, salvo en el caso citado. Y desde luego lo que hay que evitar siempre es la traducción libre, el cambio de palabras porque alguien ha creído que son lo mismo y le suena mejor, la eliminación de vocablos y expresiones (como las palabrotas, que eran eliminadas en los años 1940, dejándonos una idea equivocada de un vocabulario idílico en esos años), etcétera. Dos nefastos ejemplos de lo que puede provocar esas libertades que se permiten los equipos de doblaje se pueden escuchar en las versiones subtituladas de Lincoln (2012, Spielberg) y Los Miserables (2012, Hooper), claro está que estas cosas deleznables también ocurren en las versiones con subtitulos. En este sentido merece un capítulo aparte los nombres. Está mal no traducir determinados nombres. Cuando Luis Buñuel rodó Belle de Jour (1967), el nombre que elige el personaje femenino para ejercer la prostitución lo pronuncia en francés, porque en francés está todo el metraje, en otras palabras, el director quería que el espectador escuchara "me llamaré Bella de Día", de otro modo hubiera puesto en el guión: "me llamaré Beautiful by the Day", así que está mal que se doble en España como "me llamaré Belle de Jour". Como ese caso muchos más en casi todas las películas dobladas. Y de ese modo se pierde el sentido de muchos guiones en muchas escenas. Es cierto que hay personajes cuyo nombe en inglés tienen una potencia que nos ha creado una mitología emocional, por ejemplo: nos emociona escuchar en boca del espía de ficción más famoso  lo de "Mi nombre es Bond, James Bond"; aunque el espectador anglosajón lo que escucha es "Mi nombre es Deber, Jaime Deber". Sería raro para nosotros ya, aunque se podría hacer una campaña mayor para que el dato fuera más conocido, como pasó con Luke Skywalker en La Guerra de las Galaxias (1977, George Lucas), todo el mundo sabe que sería El Paseante de las Estrellas Afortunado. Claro que en el caso de James Bond aparece, por ejemplo, el otro caso de uno de esos nombres que sí se debieran traducir, y además correctamente. El personaje que en España se llamó Tic-Tac, en 007 contra Goldfinger (1964, Guy Hamilton), en original era Oddjob, que significa algo así como Chapuza o Trabajo Raro, lo que cambia mucho el sentido del guión a un tono de humor inglés, ya que el trabajo de Oddjob era precisamente el de asesino a sueldo y mayordomo del malo del metraje.

5.- "No dan libertad para los que queremos escucharlo en versión original". Empecemos contestando con aquello de que para que tengas libertad no hay que coartar la libertad del otro, porque desde el mismo momento que tú impones algo, por ejemplo la versión original subtitulada, ya no hay libertad. Por ello, si crees que no hay salas con bandas sonoras en versión original, eso no pasa porque para corregirlo se prohiba el doblaje. Es falso la afirmación en nuestros días. Fue cierta hasta hace unos diez o veinte años. Salas en versión original hubo en España desde los años 1960, pasados ya aquellos años citados donde la dictadura lo traducía todo. Con la Transición, a partir de 1976 se generalizaron, pero es cierto que había muy pocas, porque muy poca gente las reclamaba. Sólo desde los años 1980, quizá más hacia los 1990, y desde luego desde los 2000, es más común encontrar tanto cines con metrajes en versión original, como cadenas de cines especializadas en esto, como cineclubs con estas prácticas y festivales de cine igualmente. Siempre hay mayoría de salas con cine doblado, eso sí es verdad, pero un cine no impide el otro, y hay cines que tiene salas con ambos tipos de cine a la vez. En cuanto a la televisión y a Internet, hoy día hay medios más que suficientes para poder optar por la preferencia que tengas. Las nuevas tecnologías han ayudado mucho en este sentido realmente democratizador y de auténtica libertad de elección. 

Por otro lado, soy de los que consideran que es con las traducciones como avanza el conocimiento. Antes de Grecia y Roma, las civilizaciones de Oriente Medio y Próximo, incluído Egipto, optaron por usar el asirio y la escritura cuneiforme como idioma diplomático y cultural universal, pero estos textos eran copiados posteriormente en los idiomas propios de los países de los que recibían los mismos. Con Grecia como preponderante pasaba algo similar, y la paradoja está en la Piedra Roseta. Roma optó por la imposición lingüistica del latín, aunque sin prohibir el resto de lenguas del Imperio... estas se extinguieron porque era más práctico el latín una vez que el Estado imperial estaba más que asentado en la sociedad. Pero es a partir de la Edad Media de donde surge lo que nos interesa. La Escuela de Traductores de Toledo y los imperios  y reinos islámicos comprendieron que gracias a las traducciones se hacían más accesibles los textos de otras culturas y avanzaban los conocimientos de la propia. El Renacimiento Carolingio del siglo IX intentó hacer frente a la disgregación cultural haciendo traducir todo al latín pero también a la lengua franca, para que nadie que supiera leer pudiera alegar no saber latín para la observancia de las leyes. El siglo XIII tuvo otro de esos florecimientos, y el Renacimiento de los siglos XV y XVI aportaron junto al invento de la imprenta, la traducción a las lenguas propias los textos sagrados y los textos científicos y novelísticos para llegar a un mayor número de gente, algunas de esas gentes sin estudios complejos, pero alfabetizados, como los comerciantes. En el siglo XVIII, el de la Ilustración, se hizo hincapié en la importancia de la traducción y del conocimiento de idiomas a la vez para lograr avanzar culturalmente, porque en el conocimiento estaba la libertad y el progreso, y estos no podían estar sujetos a la exclusividad de conocer idiomas, como hacía la Iglesia con el latín para defender sus razones teológicas frente a las razones científicas, por ejemplo. No eran cosas enfrentadas lo de las traducciones y el idioma original, sino compatibles y deseables. En el XIX se ahondó en esta idea. No todo el mundo tiene don de lenguas, ni conoce escasamente otra lengua, ni auqnue sepa otra lengua, no todo el mundo sabe todas la lenguas. Hay personas que sepan cinco o diez idiomas, pero en el mundo hay cientos de idiomas. Hasta el más firme defensor de las versiones originales en su idioma tarde o temprano topará con la necesidad de una traducción de algo que está en un idioma que no conoce, sea un idioma vivo o muerto. No son mundos enfrentados, pueden y han de convivir traducciones y versiones originales. Conocer otro idioma es deseable. Lo que no es deseable es imponer. Imponer no es deseable. 

Saludos y que la cerveza os acompañe.

2 comentarios:

  1. Creo que no estoy de acuerdo con ninguno de los cinco argumentos que citas de los partidarios de la versión original, pero yo añadiría un sexto: la perdida de calidad de la banda sonora. Con el doblaje se puede perder mucho del sonido ambiente, los efectos sonoros y cómo se combinan con las voces. A veces hay una diferencia abismal entre la versión original y la doblada.

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  2. Bueno, ese motivo sí es a tener en cuenta. Es verdad que ocurre. Pero con los sistemas que tenemos ahora de sonido yo creo que es algo a superar o superado. No lo sé. Por facebook me apuntan que el doblaje tiene relación directa con muchas dictaduras. Bueno, es cierto que el doblaje es un filón para la manipulación, pero no nació para eso, ni en una dictadura. La que tú apuntas sí la veo una crítica más consistente, pero la tecnología yo creo que puede superarlo.

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