Estamos a sábado entre el Viernes de Dolores y el Domingo de Ramos, ha empezado la Semana Santa. Como viene siendo costumbre en esta bitácora, con ese motivo analizaremos una obra de arte religioso. Este año me he decidido por abandonar un poco las vanguardias y lo moderno y contemporáneo, aunque alguna vez en otro año ya lo hice. Nos vamos al Barroco andaluz con una escultura de bulto redondo tallada en madera entre la segunda mitad del siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII, todo un siglo para encuadrarla cronológicamente en alguno de sus momentos, pero no se conoce la fecha exacta en la que se creó. Tampoco se sabe quién fue el escultor, el tallista, aunque se sabe que debió ser una persona anónima de Andalucía, por ser una talla con características de esa escuela andaluza en el Barroco. La talla se haya pintada al óleo para asemejarla a una persona. Hablamos este año de la escultura llamada Caída de Jesús, que pertenecería a un Vía Crucis, aunque no estén el resto de pasajes bíblicos de ese momento. Se ubica en la Ermita de Nuestra Señora de la Fuensanta, en Coín (Málaga). Desde diciembre de 2007 está declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en calidad de bien mueble, como se puede comprobar en la Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía. Así que, en estas época tan llenas de susceptibilidades hay que tener en cuenta que la escultura, aunque pudiera parecer irreverente, no lo es. Es una escultura devocional perteneciente a la Iglesia católica y considerada y protegida por el Estado como BIC.
Teniendo en cuenta que la escultura de JesuCristo aparece semicaído, apoyado con las rodillas y una mano, en una postura común y popularmente llamada "a cuatro patas" o "de perrito", y está montada sobre un tablón, puede que en su época de creación fuera parte de alguna procesión de Semana Santa, o esa fuera la intención, máxime cuando la Contrarreforma religiosa del Concilio de Trento acabado en el siglo XVII reforzó y potenció las procesiones como hecho religioso del catolicismo, ya que casi todas las derivaciones protestantes del cristianismo (los reformistas) rechazaban las procesiones por considerarlas idólatras, así como la representación de Cristo se prohíbe en algunas de esas corrientes, como la calvinista, o bien muchas de ellas no reconocen la santidad de la Virgen o el culto a los santos. Como sea, la escultura se quedó dentro de la ermita y allí recibe su culto o es parte del culto en sí como elemento devocional.
Cristo aparece lleno de magulladuras y heridas de su tortura previa a su crucifixión, pena de muerte a la que había sido condenado. Desde el presidio donde se encontraba en Jerusalén los reos condenados a muerte debían cargar con las cruces donde habían de ser clavados para atravesar todo el largo de la vía que les llevaba al monte Calvario, donde se cumpliría la sentencia. Esa calle llamada Vía de las Cruces, o sea: Vía Crucis, evidentemente debía volverse empinada en ese ascenso. Todo ello hace de por sí un aumento del martirio, la pena de muerte conllevaba en ese caso una tortura física y también psicológica, pues cargas con tu propia cruz y eres expuesto a la gente de la ciudad que te ve pasar escoltado por soldados. En el caso de Jesús y el grupo en el que iba, sabemos que se congregó mucha gente y algunos se reían o insultaban, otros, se apiadaban de él. En ese penoso camino dice la Biblia que Jesús se cayó tres veces, por la extenuación y los latigazos y golpes recibidos.
La estatua no contiene ningún elemento del relato bíblico sobre si esta es la primera, la segunda o la tercera caída, cosa que en numerosos cuadros y grabados de estos pasajes sí se hace. Es una escultura peculiar, no es que sea la única sobre la caída de Jesús, pero sí es extraño que en escultura se represente cualquiera de estas caídas, y es excesivamente peculiar que en este caso no se introduzca ese elemento diferenciar de cuál de las caídas es. Jesús ladea la cabeza para mirarnos, para mirar a la multitud que observa su martirio. Nos hace pensar que tal vez se hizo la escultura para ubicarla en una pared desde donde lanzar su mirada entre serena, fatigada, cansada quizá del ensañamiento público.
Es peculiar que no aparezca la cruz caída con él, semidesnudo, apenas con un trapo a modo de calzón, cosa propia de la Contrarreforma, que en buena parte no miraba con buenos ojos los desnudos, aún siendo sagrados, que se habían realizado durante el Renacimiento como expresión artística.
El anonimato del autor andaluz puede deberse a que mucho del arte sagrado como estas esculturas, o la orfebrería, algunos cuadros y relieves, carpinterías, forjados, textiles y demás, era considerado en ese momento no tanto artista como un artesano, un profesional al que se requiere sus servicios porque se necesitan ese tipo de cosas para el culto. La Contrarreforma se encargó de que iglesias y ermitas se llenaran de todo tipo de objetos suntuarios en respuesta al sentido inverso que habían hecho los reformistas. Algunos de estos artesanos se podían considerar a sí mismos artistas, pero reivindicar el propio nombre ya es otro asunto. Una gran mayoría de ellos no lo hacían, puede haber diversos motivos, desde muy simples a cuestiones más complejas.
Evidentemente quien hiciera esta escultura sería conocido por los que la encargaron y las personas de Coín que supieron de ella cuando se hizo y cuando se llevó a la ermita y se ubicó. Normalmente había actos solemnes, bendición de la obra, alguna misa... Hoy día no nos ha transcendido esa autoría. Pero si al comienzo del artículo decía que no es una obra irreverente, porque no en principio no lo es, lo poco común de ella, la postura elegida, la cara de él al verse observado, y los elementos no incluidos de la caída, sí pueden levantar suspicacias y pensar en irreverencia.
En la Edad Moderna del Barroco, en pleno momento culmen de la Contrarreforma, con una España que aún mantenía a la Inquisición, esta obra reverencial podría tener algún tipo de mensaje de parte del autor más o menos implícito y evidente ante la postura y la expresión de la cara del hombre semidesnudo caído. Una posibilidad de mensaje sobre la sexualidad, lo prohibido, especialmente por la Iglesia y más en esa época, las restricciones morales y éticas de la sociedad del momento, lo que se ha de ocultar.
Pero evidentemente la obra se creó con un objeto devocional. Las tres caídas de Jesús son objeto de expresión artística y culto en numerosas obras en todo el mundo occidental y en una gran mayoría de iglesias y parroquias. No se niega que en el siglo XXI, quizá en parte del XX, las posibilidades teóricas de interpretación de la escultura más allá del mensaje religioso, en otro más mundano, le dan un valor artístico reforzado al multiplicar con mucho la escultura como objeto de mensajes aún más ricos y variados al espectador, incluso al no religioso y al lego. Un mensaje que, dado el punto de la Iglesia católica actual respecto a la sexualidad, puede incluso llamar hoy día a la reflexión del religioso sobre la tolerancia y el amor al prójimo. Pues la caída de Jesús en su vía crucis expuesto a todo el mundo cobra un valor de alegoría o metáfora sobre los vía crucis personales de cada uno y su señalamiento público. Interpretación que pudiera estar también en la mente de su artista al crearla. Puede que fuera ese el mensaje artístico del artesano que, interpelado a hacer una escultura de Vía Crucis, elije aquel pasaje que le sirve para lanzar un mensaje alegórico sobre las limitaciones sociales y una llamada a la reflexión sobre el perdón y la tolerancia. No obstante, el personaje representado, al margen de Dios, es inocente aunque se le haya condenado sin haber hecho el mal a nadie.

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