miércoles, enero 04, 2017

NOTICIA 1672ª DESDE EL BAR: MÍNIMO: UN BAR NUEVO EN EL NUEVO AÑO

Con el nuevo año 2017 pienso que lo mejor es quitarme de encima una entrada que pensaba escribir hace meses y no lo hacía. Una de bares de Alcalá de Henares. Ya mencioné algunos en el pasado, pero no tenían entrada específica hasta ahora. Todos menos uno ya tienen un tiempo sus puertas abiertas, aunque varios han abierto en 2016 en Alcalá de Henares. Me dejo fuera de momento otros lugares que aún no he pisado, como pueda ser el restaurante-bar vegetariano y la Cornucopia, ambos en la calle del Empecinado. Entre los que hablo hoy, al menos uno es nuevo, abierto desde el 1 de enero de 2017. Lo dejo para el final. De momento empiezo con uno de los más veteranos, del cual ya hablé la primera vez que hablé de bares, allá por 2006, y que lo he mencionado alguna vez con posterioridad, de pasada. En la primera referencia de 2006 escribía: "EL RELOJ, rock, cerveza, cartel del 'Ataque de la Mujer de 50 Pies' y un piano" (Noticia 165ª, de 22 de octubre de 2006). Las posteriores referencias no os las anoto, pero existen. Muchas cosas han cambiado desde ese 2006 en este bar, que se puede ir considerando ya uno de los clásicos del rock, si bien su ubicación le aleja del resto de bares de rock de la ciudad, aunque no de otros bares de otro estilo de música y también de comida. Para empezar ya no sirven la tabla de medidas de cerveza que en el pasado sirvieron, ni preparan nada de comida a la plancha de día, como antes preparaban. Los dueños no son los dueños argentinos que un día tuvieron, no recuerdo ya si antes de 2006 o todavía en ese 2006. Los dueños de hecho son venezolanos y muy metidos en el mundo del rock, sobre todo del rock clásico de los años 1960 y 1970, que es la música que preferentemente se oye, aunque no dejan de sonar de otras épocas y actuales. Tampoco está ya el piano de pared que hubo. Cuando hay fiestas señaladas en el calendario meten una barra transportable de calle para poder ampliar clientela aprovechando los permisos municipales de beber en la calle, pero siendo el bar muy pequeño, eso reduce bastante el espacio, ocurre pocas veces al año. No hay comida como antes, aunque ponen comida de picoteos con cada bebida, lo que no me parece que haga justificar que se mantenga el nombre de "gastro-bar", yo lo llamaría Rock-bar. En 2016, en otoño, han pintado de rojo su puerta y ventana, lo que recuerda un poco a Londres con ese ladrillo de fachada entre el siglo XIX y el XX que con su color terroso nos recuerda la arquitectura racionalista. Queda bonito. Lástima que el negocio de al lado haya sido reformado esta última semana y haya eliminado el escaparate de la misma época con características de esa misma arquitectura ya centenaria, y lástima que al ayuntamiento le dé igual esta destrucción estética de patrimonio con la excusa de ser un negocio privado que, aparte, intenta mantener el escaparate pero con formas del siglo XXI y una falseada viga tipo siglo XVI. Un poco horrendo el desacierto de lo que fue una papelería-librería que ha perdido hasta ese cartel recordando el pasado social y comercial de la ciudad. Como sea, El Reloj, en la calle Cerrajeros, en uno de los laterales del ayuntamiento, es un bar barato, con buen ambiente, decoración de fotografías de cine, rock clásico fundamentalmente y al cual he frecuentado y frecuento desde hace años. Muchos buenos encuentros y más de una historia personal puedo reunir de allí. Me gusta.

El Island House tampoco es uno de los nuevos, no salvo por su nueva ubicación, en la calle de las Siete Esquinas, donde antes estaba La Posada de las Almas, y muchos años antes el Giardino, entre otros. Este traslado se produjo después de verano, o de agosto, a mejor decir. Los dueños durante el principio de agosto, si no me han informado mal respecto a que son los mismos o tienen que ver entre ellos, no me queda claro, que todo puede ser que lo que he escuchado sea erróneo, pues como digo esos dueños, si son  ellos o relacionados con ellos, habían abierto ya en el comienzo de agosto el Mojo en la calle Empecinado, ya hablé de él en la Noticia 1638ª. Si bien el Mojo ha celebrado concierto de jazz los domingos, el Island House se dedica a los conciertos de rock, de blues, de Rhythm & Blues y cosas así. Si no son los mismos dueños o no tienen que ver entre ellos, al menos quedáis ya informados de las actividades de ambos. La cosa es que el Island es un clásico de los conciertos de esta clase. Hace años, desde finales de los 1990 o principios de los 2000, estaban en Torrejón de Ardoz. Hace un año o un poco más se trasladaron a Alcalá de Henares, a un local de las afueras, al norte de la ciudad, pero han dado el salto a principios de septiembre al centro de la ciudad a esta nueva ubicación. Yo fui a este sitio cuando estaba en Torrejón. Los músicos de Alcalá y de fuera de Alcalá le tienen muy bien valorado. Tiene prestigio musical y de trato a los músicos, lo que no es poca cosa. Para mi gusto los precios son algo caros, ligeramente caros, pero desde luego es un sitio más de rock, ahora más cercano.

El Reto tampoco es nuevo. Está en la calle Gallo, en la esquina frente al edificio de Caracciolos y su sala de exposiciones, la de la Universidad, lo que es el edificio de Filología. Ocupa el espacio que por muchos años acupó La Corte, un local de música pop y a veces electrónica-bakalao en los mejores tiempos de "La Zona", en los años 1990 y parte de los 2000. Cuando fue aquel local recuerdo algún concierto de rock tipo años 1950 y estar yo bailando allí, aunque no era lo normal. La cosa es que El Reto ya lleva bastante tiempo abierto. Su dueño, un chico joven, crea un ambiente familiar y de confianza. Es barato y tiene la peculiaridad de que no vende los litros de cerveza en vaso grande ni jarra, si no en botella, las cuáles no deja que se saquen del bar, cumpliendo la ley. Ponen rock y música bailable. Tienen futbolín y, otro ingrediente, por allí es común encontrar a un cantautor y un grupo de teatro y de poetas conocidos en los espectáculos de la ciudad.  

El Enigma es otro bar de rock, este abrió en la primera mitad de 2016, en el Paseo de las Moreras, donde estuvo una de las etapas del Flamingo Rock Bar, cuando se dedicaba a hacer conciertos. Lo regenta gente muy, muy joven, en consecuencia su clientela es principalmente adolescente. Sin embargo, paradoja, aunque son gente joven los que por allí andan, suenan grupos propios de los años 1990 y 2000. Rock, grunge y otros estilos de aquellas épocas. Será que es lo que se llama "revival", "renacer", quizá ellos ya están indicando un camino de tendencia. No sé. Ando despistado con ello. Para mí, un placer poder escuchar esto en bar. La calle es tranquila. Bien es cierto que tuvo hasta hace relativamente poco más vida musical con un buen conjunto de bares dedicados al rock y a los conciertos. Supongo que la ubicación garantiza a esta gente una calma y una tranquilidad. Espero que cuando escribo esto sigan abiertos, yo creo que sí, pero en estos tiempos ya se sabe que todo pudiera ocurrir. Yo creo que sí, que es un lugar más en la lista de bares a los que ir.

El Café Rock Louisiana es otro de los muy veteranos bares de rock de Alcalá, del que ya hablé en 2006 y en otras ocasiones, me remito de nuevo a la Noticia 165ª. Está en la Ronda de la Pescadería, casi enfrente de las Casas Regionales. Café... lo que es café, yo no le he visto servir café, aunque pudiera ser que sí lo sirvan y yo no haya coincidido a esas horas. Lo que sí ponen es comida del tipo de patatas fritas con salsas y cosas del estilo de la comida rápida. Tienen futbolín, una excelente colección de cuadros con fotos de carteles de conciertos antiguos y fotos no muy conocidas de grupos musicales. Su clientela también es mayoritariamente gente muy joven, aunque el dueño en este caso no es un chico joven. Sus cocteleras son bastante conocidas. El local no está mal y también allí acumulo alguna que otra historia personal. Merece la pena ir también, aunque he de decir que yo ya voy en ocasiones contadas, no por nada, sino por afinidad a los lugares donde encuentro viejos amigos, que ya no los veo tanto allí, pero está bien. 

Utopía es el que más me despista de todos. Está en la calle Postigo, a continuación de la calle Victoria, o de la Plaza de la Puerta de Santa Ana, según se vaya. se ubica en el local que hasta hace poco ocupada el Black and Clover, antes Mazo's. Lo abrieron tras el verano cambiando su chapa-escaparate por estos luminosos extraños que a todo el mundo confunden, que desentonan con la calle, que recibe bromas de viandantes sobre su parecido con las luces de reclamo de un prostíbulo... en fin, no, no es un prostíbulo. Puede que sus luces no sean las más acertadas como reclamo, pero no se puede decir que no intenten atraer clientela con los medios que creen oportunos. Ellos creyeron que esa portada era muy apagada y nadie se fijaba en ella y pusieron las luces. Tienen juego de dardos, me parece, musicalmente es música bailable, cosas comerciales. Están comenzando. Buscan su sitio y su reconocimiento entre los bares de Alcalá como una opción más a la que poder ir.

Por último llegamos al nuevo bar que ha abierto sus puertas el 1 de enero de este 2017: El Templo, en la entrada a la calle Victoria desde la calle Tercia, donde hasta el verano estuvo el bar Don Pablo, al cual yo solía ir cuando buscaba aislamiento y tranquilidad. Conserva afortunadamente su sala interior tal como estaba, con la pintura en relieve de su techo, su suelo a dos alturas, sus mesas de mármol que recuerdan a las cafeterías de la mitad del siglo XX y, de momento, su tranquilidad. La mayor innovación es el acierto de haber colocado en la sala de entrada unas mesas alargadas de asientos altos para quienes prefieren el bullicio de la sala de la barra del bar. La cuestión es que ellos se definen como "gastro-bar". Soy contrario a ese tipo de definición que se está poniendo de moda cada vez más. ¿Es que acaso en el resto de bares que no son de copas no se come? En todos se come. En todos se cocina. La definición de "gastro-bar" es la ocurrencia de algunos "listos" que encontraron en el invento de nuevos términos la respuesta de gente que se deja guiar por ellos como si fueran a algo innovador y con clase, como si todo no estuviera ya inventado. Su invento tuvo éxito y ahora lo acuñan muchos nuevos locales, como este. "Gastro bar" parece hacer referencia a una cocina de autor, como si cada cocinero no fuera en sí un autor. No porque uno que cocina saque referencias de escuela, invente platos o decore mejor o peor, sabe mejor su cocina. Para mí un bar es un bar, y aunque comprendo que llamarlo "gastro bar" indica ya qué clase de cocina se hace en ese local, conmigo estos sitios comienzan desde un toque de desconfianza total y plena. No soy cerrado a ellos, pero me ponen en guardia ante lo que se me va a ofrecer con la excusa de ser "gastro bar". Para empezar diré que no termino de comprender porqué le han llamado al local "El Templo", sólo se me ocurren dos posibilidades: considerarlo un templo a la cocina elaborada, lo que es algo pretencioso, o su ubicación cercana a la entrada principal a la catedral de los Santos Niños, sin embargo, el logo del bar es una cruz de una orden religiosa militar de la Edad Media y de la Edad Moderna, al margen del hartazgo que me produce que se quiera asociar todo lo alcalaíno a lo medieval y lo moderno como si no existiera más etapas históricas en esta ciudad, negándole así su modernidad y su evolución, no entiendo para nada todo esto, salvo que sea porque al dueño le gusta ese tipo de asuntos de órdenes militares medievales. Por otro lado tampoco entiendo el nombre al que han dotado a las tapas que ofrecen. Todos tienen nombres muy originales que poca o ninguna relación tienen con la comida a la que la asocian, que son patatas con salsas, croquetas, pinchos morunos... si bien su elaboración es ligeramente diferente a otros sitios, en detalles ocurrentes. Lo de "gastro bar", al menos, que no quede en una mera invención de nombres con excasa relación aparente con lo que se ofrece. No me termina de convencer que el centro de la ciudad se llene de bares que ofrecen tapas que se alejan por completo de lo que en realidad se ofrecía de tapa en esta ciudad, pues parecen bares pendientes de contentar al turista y para nada al ciudadano, pues dejan en la nada lo que aquí se hacía y se consumía, nuestra cultura de verdad alcalaína. Si Alcalá se hizo hueco entre las ciudades de tapas de España se debe mantener su porqué, no impostar realidades de cocineros que no son alcalaínos pero opinan de todo en cuanto ven un fogón en el que pueden influenciar cuál ha de ser su camino, obviamente no hablo del cocinero o cocinera de este local, ignoro de dónde es, sino de aquellos cocineros que influencian a otros en cómo debieran ser las cosas al margen total del lugar y gente donde harán las cosas. Pedí dos cañas de cerveza, respetan el tamaño grande de la caña alcalaína, que se diferencia de la caña madrileña, que es pequeña. Quizá es muy grande aquí en este bar, pero al menos se respeta esa costumbre de que la alcalaína es más grande que la madrileña. La camarera tardaba en venir por la sala interior, tanto que antes de terminar la primera decidí pedirle la segunda en cuanto la vi aparecer, lo malo fue que nada más pedir cogió mi caña, que aún le quedaban dos o tres tragos, y se la llevó. Eso no se hace, y si se pretende hacer, al menos se pregunta antes. Pero supongo que en realidad esto se debió a que estaban empezando, sería su tercer o segundo día de estar abiertos al público. Es algo sin importancia, se corregirá con el tiempo. Las tapas son más bien para poder saborear algo con la bebida. Hubo una mejor elaborada que la otra. Como sea, pese a todo lo dicho, que en realidad eran valoraciones generales de lo que se está abriendo en Alcalá más que concretas de este bar, aunque alguna cosa concreta he citado, el bar en principio no me disgusta, a pesar de que es ligeramente más caro que otros lugares. Soy fiel a ese espacio, al menos mientras me otorgue tranquilidad cuando la desee. Creo que volveré. Merece además que pruebe alguna cosa más de las que hacen, aunque en esta primera vez una de las dos tapas no me convenció demasiado. Es un bar nuevo y, por lo que oí a personas que parecían gente que tenía que ver con los que abrieron el sitio, sus dueños son gente joven que le ha puesto mucha ilusión a este negocio como su futuro. Sólo por eso se merece oportunidad de conocerlo. A mí el lugar, el espacio, me gusta. Yo volveré.

2 comentarios:

  1. Amén a lo de gastrobar...y tengo colegas que han abierto alguno...yo voy a abrir una sonicoenólogataberna..xD

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