sábado, febrero 05, 2011

NOTICIA 894ª DESDE EL BAR: GENERACIÓN PERDIDA

Ahí está la paradoja. ¿No la veis? Prepararte para el futuro y abandonarte para que este sea la ruina, tu propia ruina. El Aula de Danza de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH) es la metáfora perfecta de nuestros días. El edificio fue una iglesia de la Universidad complutense en el siglo XVII, pero su desamortización y su abandono a lo largo de los siglos XIX y XX la habían entregado a su paulatina autodestrucción. La arquitectura y elementos artísticos del siglo del Barroco iban cayendo en la ruina amenazando con su desaparicón total. La creación de una nueva Universidad en Alcalá de Henares en 1977 hizo que los sucesivos rectores invirtieran diplomacia, dinero a millones y recursos para recuperar y restaurar muchos de los antiguos edificios universitarios alcalaínos de aquellos tiempos iniciales del siglo XVI. De este modo, en los años 1990' le tocó el turno a esta iglesia. Fue comprada... pero no fue restaurada de inmediato, hubo de esperar su turno mientras se iban mejorando y modernizando en lo posible edificios antiguos como el de la Facultad de Filosofía y Letras, la facultad de Derecho, la facultad de Documentación y Archivo Central, el edifico de San José de Caracciolos y el de Trinitarios, o bien la facultad de Arquitectura en los años 2000'. A la par se iba construyendo y mejorando también los edificios del campus de Ciencias en los antiguos terrenos de lo que fue el aeródromo militar más moderno de Europa en los años 1920'-1930'. Pero esta iglesia siempre esperaba su turno a pesar de estar comprada y muy bien ubicada en el centro de la ciudad, aún espera.

Se llegó a restaurar en buena parte, sí, pero se abandonó. Se instaló en él el Aula de Danza universitaria, sin embargo la mitad del edificio, o más de la mitad, está sin uso y abandonado a su suerte. Apenas hay gente en él usándolo, y quien lo usa no es en principio estrictamente universitario ni gente joven preparando bailarines innovadores y grandes artistas en ello, sino gente mayor mayoritariamente que acude a clases de baile como las que podría dar cualquier pequeño negocio privado que trate ese campo. Mientras la Universidad de Alcalá anduvo muy preocupada en comprar los antiguos cuarteles de Lepanto (que anteriormente era donde vivían los universitarios en otros siglos) y en empezar a restaurarlos y reconstruirlos para paralizar las obras sin día fijado de reanudación, llevándose por el camino un gran despilfarro de dinero moralmente injustificada, este edificio del Aula de Danza más o menos está abandonado a su suerte, a pesar de que en su tiempo también requirió de ser comprado y rehabilitado con grandes sumas de dinero.

Esa es la metáfora. Probablemente mi generación es la generación mejor preparada de toda la Historia de España. Aunque esto es algo que la prensa airea casi cada día ahora en 2011, a costa de la crisis económica acarreada desde 2008, lo cierto es que si usamos la hemeroteca encontramos que es algo que ya estaba presente en 2007. El desempleo de la población universitaria, de la intelectualidad, pues un universitario es precisamente eso: la intelectualidad actual de España, es algo que se estaba dando ya en España mucho antes de que empezara la crisis económica. Especialmente en las carreras llamadas de Letras. El desempleo de titulados universitarios jóvenes es algo que ha venido a ser alto en los últimos años, por mucho que ahora mucha gente se ponga las manos en la cabeza al escuchar que la canciller de Alemania, Angela Merkel, tal como pasara hace cincuenta años atrás está dispuesta a dar trabajo a los jóvenes españoles, esta vez precisamente eso: universitarios. Lo que ocurre es que se ha fijado en aquellas personas que son técnicos, o en otras palabras: titulados de las carreras llamadas de Ciencias. Así mientras ella quiere técnicos españoles para su industria, los británicos, por otra parte, están dispuestos a contratar a titulados en médicina españoles. Esta gente, los titulados en Ciencias, eran anteriormente a 2008 los que tenían menos problemas para encontrar trabajo de entre los universitarios. Por ello ahora su caso particular llama al escándalo a la población española aguijoneada por la prensa. Sin embargo no vi a nadie escandalizado por las altas tasas de desempleo entre historiadores, periodistas, abogados, filólogos, maestros, documentalistas, humanistas, etcétera, los cuales, repito, sufrimos un desempleo endémico muy anterior al comienzo de la crisis de 2008.

Un artículo de 2007 publicado en EL PAÍS (comentado en esta bitácora en su día, buscadlo en los archivos de los links si os interesa) decía que la tasa de desempleo de los universitarios españoles era la más alta de Europa, no sólo eso, si no que además los que lograban un trabajo solían lograrlo muy por debajo de su cualificación, a menudo no cualificado siquiera, temporal y de baja e insuficiente remuneración para poder vivir. Un artículo de opinión de 2010 en PÚBLICO comentaba que los jóvenes universitarios no se estaban yendo de España como aquellos españoles que en los 1950' y 1960' abarrotaban las estaciones de tren con maletas y familia llorando para irse a trabajar en una fábrica alemana (yo tengo varios vecinos que lo hicieron), si no que se iban silenciosamente, con ofertas baratas de compañías aéreas de bajo coste, sin abarrotar aeropuertos, pero yéndose paulatinamente. Decía que nadie parecía estar notándolo hasta que la canciller alemana hizo su oferta a los titulados técnicos españoles. Sin embargo, seguía diciendo, algún día España volvería a llorar estas pérdidas.

Hubo demasiada preocupación por crear una España de la construcción, con numerosa mano de obra joven poniendo ladrillos. No era lógico, que no es lo mismo que deseable pues todo trabajador debe aspirar a lo mejor, que un mozo de almacen tuviera más trabajo y mejores condiciones que alguien con carrera universitaria. Por eso mucha gente abandonó los estudios. Lo peor es que se sigue invirtiendo en la misma idea. En Alcalá de Henares la industria y las empresas desaparecen para dejar lugar a... la construcción de vivienda y más vivienda. En ese sentido el ayuntamiento se ha lanzado a poner aceras nuevas, incluso al precio de eliminar algunas zonas que podrían haber sido verdes. Una zona verde da el trabajo de construirla y el trabajo permanente de cuidarla, una acera sólo da el trabajo de ponerla. Una empresa da trabajo constante y vida a una ciudad, una vivienda sólo da el trabajo de levantarla.

Pero lo peor en todo esto es lo que se ha venido observando en él último año a través de los informativos, algo que sí está generando un estado de opinión lamentable. Me refiero a la demonización continua contra el trabajador intelectual o el trabajador universitario. Si pudiera haber motivo de queja en un aeropuerto no se analiza cual podría ser este, si no que directamente se inculpa a los trabajadores del aeropuerto. Si ocurre algo con la administración o la economía se ataca a los funcionarios administrativos porque sí, sin preocuparse de saber las condiciones o medios de su trabajo. Si Andalucia propone compensar a los maestros, salta Antena 3 Televisión en su telediario montando una encuesta cuya formulación de su pregunta anima a contestar en contra de los maestros, si no deplorándoles. Si un hospital funciona mal administrativamente, se publican reportajes contra los que manejan sus archivos, cuando estos están saturados por falta de personal y medios. Si la justicia está atascada, se inculpa de ello a los jueces y abogados, sin ahondar en porqué está atascada o si el sistema judicial español está desfasado. Si un historiador dice algo, la gente le cuestiona y los medios alimentan que se le cuestione porque prefieren animar la opinión por encima del conocimiento documental. Y así podríamos seguir en un largo etcétera. ¿Realmente alguien cree que esto es justo? Porque si esto fuera justo hagamos el caínita de modo total y empecemos a hablar mal también de las profesiones que no requieren estudios ni años de preparación, que también hay para largo si nos ponemos a quejarnos sin pensar las cosas. Pero no es ese el camino. Para ser constructivos, más vale ser eso: constructivos... y comprensivos.

¿Y qué hay de los que trabajamos? Bueno, en mi caso yo oficialmente no trabajo. No tengo contrato laboral, soy un becario. Trabajo, eso sí, como un archivero de forma total y completa, pero no figuro en ningún papel como archivero tal cual, sólo como becario. En España hay numerosa población becaria, hasta edades tan escandalosas como los 40 años, cosa que en 2009 la Unión Europea ya recriminó. Pero también hay, como mi anterior trabajo, gente con contratos de formación. Por no hablar de lo ya comentado hace pocas semanas en este blog acerca de los contratos que últimamente se hace a gente sin estudios en empresas de trabajo temporal para trabajar archivando documentos. Y quien dice esto lo dice también con la restauración de obras de arte, la arqueología, la documentación y otros campos de Letras. O por no hablar también de los bajos sueldos (hay empresarios que quieren titulados universitarios con toda clase de formación a cambio de 700 euros... ¡y como no hay nada mejor los aceptamos porque tenemos que vivir!) ¿Cómo quieren que nos quedemos en España cuando nos trata España de ese modo?

Sin embargo muchos nos quedamos, capeamos el temporal. Y no me confundo, cuando la crisis arrecie volverá a abundar el trabajo para los titulados de Ciencias, pero los de Letras continuaremos en nuestra travesía por el desierto. Nuestro desempleo es un problema endémico de España y su mentalidad respecto a nuestras posibilidades y tareas, antes, durante y posiblemente tras la crisis económica. Nadie cuestiona el trabajo de científicos como el del catalán que hace poco ha dado a conocer su gran descubrimiento farmacológico para combatir la enfermedad del SIDA. Es aplaudido, y con razón, yo también lo aplaudo. Nadie cuestiona a un médico de hospital (al de cabecera, el de barrio, el familiar, todo el mundo le zarandea como si todos los españoles hubieran estudiado medicina menos él). Nadie cuestiona a un físico o a un químico. Sin embargo todo el mundo cuestiona al profesor, al abogado, al fiscal, al juez, al historiador, al archivero administrativo, al periodista, al analista... Se nos ha formado extraordinariamente, y nosotros seguimos formándonos, pero no se ha formado en cuanto a nuestras capacidades a los empresarios, ni se ha concienciado a la sociedad más generalizada de nuestra importancia en la misma (que no es superior a la de un fontanero, aviso, pero tampoco inferior, reclamo). Como ese Aula de Danza de la Universidad de Alcalá de Henares, se nos ha dado medios para afrontar el futuro... pero nos han colocado en la puerta que da al futuro de arruinarnos.

Pertenecemos a las generaciones del estallido abundante de la natalidad entre los 1960' y 1970'. Lo hemos colapsado todo según crecíamos... guarderías, colegios, universidades, puestos de trabajo y posiblemente hospitales y prestaciones de jubilación en el futuro. Por el camino hasta ahora, según crecíamos, se nos ha etiquetado como generación X, generación grunge, generación baby boom... incluso a una generación inmediatamente posterior a nosotros se le ha llamado generación ni-ni (ni estudia-ni trabaja), pero ahora, con la crisis, se nos ha dado el término que yo creo que es el más definitivo, pues la definición de todos esos términos iban a converger irrevocablemente al nuevo término acuñado, que no es muy diferente al que se usó con los jóvenes norteamericanos de finales de los 1950' y principios de los 1960': GENERACIÓN PERDIDA, aunque en algún sitio también se ha dicho: generación fracasada. Y sin embargo, aunque en principio uno podría pensar que la culpa es nuestra y de las circunstancias que nos ha tocado vivir, lo cierto es que cuando uno reflexiona el transfondo de todos estos términos se da cuenta de que todos coinciden en algo: es una serie de generaciones imposibilitadas de desarrollarse todo lo plenamente que podríamos porque el sistema establecido está formado de modo que nos impide dar todo lo que podríamos dar. Desde 2008 se habla en los ámbitos internacionales de la necesidad de cambiar el sistema capitalista para superar la crisis, pero todas las medidas que toman no son para cambiarlo, si no para perpetuarlo, ahondando aún más los problemas. Sólo en el último año las reformas laborales, las de las pensiones, la paulatina privatización de numerosos sectores públicos, algunos como la Salud y la Educación, nos han hecho retroceder muchísimas décadas atrás en derechos sociales. ¿A quién le extraña que vuelva a pasar España de ser un Estado recibiendo inmigrantes a ser uno dando emigrantes?

La gente joven tenemos muchas cosas que decir y más valdría que nos oyesen, o, como decía aquel comentarista de PÚBLICO, algún día España llorará nuestro desperdicio después de haber invertido tanto dinero y esfuerzo en transformarnos en la mejor formada generación de nuestra Historia.

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