lunes, marzo 01, 2010

NOTICIA 756ª DESDE EL BAR: MIS GALERÍAS Y SOLEDADES

He soñado que un colibrí volaba delante de mi cara, estático, mirándome. Es curioso, últimamente en los momentos más relajados pienso en la soledad. Creo que en cierto modo ese sueño tenía que ver con ello, pero no sabría decir el porqué, no lo sé. Lo intuyo, pero no conozco porqué creo que ese sueño tiene que ver con mis reflexiones sobre la soledad. No reflexiono sobre la soledad en general, tengo muchas amistades, y un grupo de ellas es un grupo íntimo de amistades de toda la vida. No, no me siento solo en ese sentido. Ni siquiera sé si me siento solo. Pienso en una soledad concreta, la afectiva, la de tener lo que se llama a tu otra mitad. Nunca he tenido pareja, por lo que nunca he tenido estas reflexiones ante la falta de alguien cercano en ese sentido. No noto una carencia de algo que nunca he tenido o vivido, pero sí pienso en la soledad. Miro en mi pasado, en mis recuerdos, como quien mira y recorre galerías, galerías internas. Cómo Góngora cuando escribió "Soledades" hace cerca de cuatrocientos años, o Antonio Machado cuando escribió "Galerías, soledades y otros poemas", hace cien. Supongo que en el fondo se trata de eso, de los momentos en los que más o menos todo el mundo nos paramos a pensar en nuestros recuerdos o en los "y si...". Es algo que nos hace humanos. Algo que nos comunica directamente con otras personas que vivió siglos antes que nosotros. Algo que nos iguala. Todos tenemos galerías internas... y en ellas nuestras soledades. En tu propio interior estas tú solo. No es un "tú solo" en un sentido negativo o egoista, sino de tus galerías interiores, que son tus recuerdos, tus pensamientos, tus sentimientos y sensaciones, todo aquello que forma tu yo más introspectivo y personal, ese yo con el que hablas de tú a tú cuando piensas contigo mismo. Supongo que es ese tipo de galerías y soledades las que han asaltado mis pensamientos estos días. No tanto las de tipo afectivo que he citado, sino algo que sin ser general tampoco es concreto. Así de de ambiguo y complejo, pero a la vez tan simple de entender, porque, yo creo, todos hemos sentido eso alguna vez y, aunque no sepamos explicarlo, su sola evocación nos lo explica todo. No sabría decir el porqué creo que el sueño de un colorido colibrí volando estático delante de mi cara, mirándome, agitando sus alas a una velocidad impresionante, tiene que ver con algo tan simple como querer compartir una conversación con alguien, por ejemplo. Pero intuyo, repito, que tiene algo que ver. Una vez leí un ensayo del filósofo y ecologista anarquista Thoreau donde decía que la vez que más le gustó una conversación fue cuando la otra persona le preguntó qué creía, qué pensaba, cómo se sentía respecto a un determinado asunto de una conferencia que dio. Por primera vez en muchos años, decía, no le preguntaban sobre un asunto por mantener una conversación o por informarse, sino que la otra persona quería saber del asunto no como finalidad de saber sobre él, sino como instrumento para saber de su persona, de sus sentimientos, de su humanidad ante ese asunto. Eso le gustó. Aquella era su galería interior. Thoreau echaba de menos que alguien que acababa de conocer, no tanto la familia y amigos de siempre, se interesase por la persona, no por la celebridad de su persona. Esa era su soledad ante la gente nueva que conocía. Cuando yo soñé con el colibrí me sentí muy a gusto, recuerdo esa sensación de bienestar, de fascinación en cierto modo por un espectáculo tan bonito. Su vuelo era espectacular y sus colores eran muy vívidos. Era el bienestar que me daba en ese momento que un ser se parase a mostrarme su belleza interesado en estudiar él mis facciones. Fue un sueño que me gustó, por la belleza de la escena y porque me hizo sentir bien. Pienso que es de esos sueños que uno recordará por mucho tiempo.

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