Hoy me levanto habiendo depositado en el mueble de mi salón una chapa diseñada por Zia Mei que le compré el pasado domingo en el festival Krunch!, aún en su pequeño sobrecito con un mapa que le sirve de envoltorio. Luego, como es muy de madrugada, me voy a trabajar. La tarde la tendré ocupada en asuntos que nada tendrán que ver con ese sobrecito.
Y la cosa es que ese sobrecito con esa chapa es mi regalo de cumpleaños para mí mismo. Cumplo 47 años. Y los cumplo en medio de recuerdos de infancia con mis padres. Sobrecito que coloqué junto a regalos para una amiga que cumple años el mismo día que yo y tenemos la costumbre de regalarnos mutuamente. Costumbre, la del regalo en el mueble del salón por la mañana, que cogí de niño, por mis padres, y que nunca he podido transmitir ni hacer a nadie que no sea yo. No ha existido oportunidad.
Hay soledad y creo que un año más estaré por casa con el televisor, haré la comida del día siguiente en el trabajo, y poco más, porque hay que madrugar mucho. Aunque este año, este año, puede que la tarde sea muy diferente por motivos que nada tienen que ver con mi cumpleaños ni con celebraciones, pero me lleven a no estar en casa.
Voy sumando años y dada la media de edad española puede que ya he pasado la mitad de mi vida, es, como bromeé con una camarera amiga, más años por detrás que por delante, al menos en principio teórico y estadístico, aunque pudiera no ser así.
Lo que yo quisiera hacer en mi cumpleaños no se hará, nunca se hace. Nunca ocurre. Y uno piensa simplemente en el pasado y en el presente, se hace uno preguntas, pues ese presente no es el presente que uno pensó de niño, ni de joven, y por tanto el futuro parece ya comprometido en su venir.
Me llevo bien con los animales y con los niños. Tengo un gran número de conocidos y de amistades, un buen núcleo de amigos antiguos que cada vez parece que es más complicado que quieran quedar para vernos simplemente por vernos, no por ningún motivo extra que lo haga posible. Aunque observo a los grupos de amigos de vecinos amigos, más mayores que yo, y veo que ellos no tienen ningún problema para verse por verse.
Sólo me adelanto en el camino, es lo que ha tenido esta soledad sobrevenida por un lado, tal vez ganada inconscientemente por las cosas de mi vida.
Me ofrecen ayudar el próximo fin de semana a un amigo en su negocio, como cada año, y como cada año le digo que si lo necesita llame y voy, aunque en realidad es el primer fin de semana de cada cambio de mi edad y, como todo el mundo, al menos me gustaría darme un pequeño homenaje, aunque sea sencillo, y si hay suerte compartirlo con alguien, o hacer un recital, como hace años, pero en lugar de eso sumo al trabajo diario más trabajo. No hay descanso, ni especial nada.
Hubo un tiempo que en mi cumpleaños dejó de haber la típica comida que era de las que más te gustaban. Para mañana apenas me he preparado sobras... del domingo, las última que quedan de ese día. No va a ser el 21 de abril más glorioso así tal como viene anunciando que se presenta.
Así que pienso y pienso, en mis padres, la infancia, los amigos antiguos y cuando nos veíamos más frecuentemente, los errores y fracasos en mi vida, a quien haya podido fallar, en la soledad... la soledad. Lo que imaginé que sería mi vida de mayor y lo que es.
Y en fin, son 47 años.
Saludos, cibernautas. Tened buen día.
Felicidades Dani, la soledad y la edad caminan de la mano, huir de una te regresa a la otra. Tienes mucha vida interior, no te dejes aplastar. Un abrazo
ResponderEliminarGracias
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