viernes, febrero 13, 2026

NOTICIA 2439ª DESDE EL BAR: ACERCA DE ESAS COSAS DEL AMOR SANVALENTINIANO

Un estudio internacional de esta semana dice que el 65% de los hogares pobres no se sienten totalmente satisfechos con su vida amorosa. El 65% de la población del mundo es mucha gente. El mismo estudio dice que los hogares con más dinero (todo a escala proporcional según el lugar del mundo) están casi plenamente satisfechos con su vida amorosa, dicen sentirse amados totalmente. Curioso, ¿no? Los Beatles cantaban aquello de que no puedes comprarme amor, pero parece ser que que con la estadística en la mano en pleno 2026 tener dinero garantiza más tener alguien que te ame, o al menos que te haga sentir que te ama. 

En una breve entrevista en Cadena Ser Madrid una psicóloga decía que parte del estudio apunta que los problemas que se derivan de no tener dinero suficiente para determinadas cosas aumentan estados mentales de alerta y autoprotección, los cuales pueden hacer ver que tu propia seguridad se ve amenazada por estar con alguien que no te garantiza esa "defensa" económica ante los males que te lleguen. Bueno, como explicación posible es una de las posibilidades, claro que sí, pero ¿qué decir de aquellas personas que sin ser pareja o familia no se ven atraídas por gente con poco dinero, pero sí con aquellos que lo tienen o que aparentan tener una vida sin problemas ante el gasto económico?

El asunto amor y economía, y su relación con nuestro instinto de supervivencia o protección, es todo un tema de debate, y de estudio. Hemos de suponer que eso explicaría porque en aplicaciones de contactos como Tinder buena parte de la gente se muestra viajando por otros países, con vestidos que quizá se pusieron en una boda pero los muestran como si se los pusieran de manera corriente, veraneando dentro de un barco bordeando una playa, y dorados... muchos e incontables dorados en multitud de fotos. Dorados literales y metafóricos como si fueran el anzuelo para una urraca. 

Ya hablé de Tinder en 2023 (Noticia 2207ª), la verdad es que nunca cerré la cuenta y ahora podría incluso afinar más sobre aquello. Es desde luego una especie de universo paralelo donde lo que no vale para tu vida en persona, parece que vale en esa pantalla. Es una especie de hipocresía social generalizada al estilo de la moralidad victoriana, pero puesta al día, al siglo XXI. Pero es también un negocio, la sentimentalidad y el deseo ajenos, y la exposición personal, como producto de mercadeo a buen provecho monetario de la propietaria fundadora de la empresa.

En la vida personal de cada uno, yo desde luego hablo de la mía, nada afortunada en los asuntos de atraer a alguien, totalmente desafortunada, siempre tenemos a ese amigo/amiga y conocidos que en vista de tus escasas cualidades de atraer a alguien te hacen recomendaciones: cambiar la forma de vestir, viajar a ser posible fuera de España y si se puede mostrarlo en foto, ponerte pelo, ir a bares caros que es donde van la mayor parte de gente que busca gente, tener un coche o al menos conducir, arreglar tu casa cambiando todo el mobiliario o hacer una reforma integral, cambiar de trabajo... Todos estos consejos son reales, y otros tantos que me han dado. Ninguno de ellos hace referencia a otra cosa que no sea: lo material, lo físico, lo que el dinero puede darte.

Hace un par de años ya (parece menos) una amiga de bares de rock, más conocida que amiga, se reencontró conmigo después de un tiempo largo y me preguntó si seguía viviendo con mi madre. Le dije que mi madre estaba muerta. Ella dio su pésame, pero le aclaré que ya estaba muerta cuando nos conocimos hace unos años. Ella extrañada me dijo que yo le había dicho que yo vivía en la casa de mi madre, y le dije que sí, que así era, aunque la casa es mía porque la heredé y soy yo el dueño, la sigo llamando la casa de mi madre algunas veces. Entonces entre risas trató de excusarse por haberme rechazado quedar alguna vez que le dije ir a ver algún  concierto en el bar donde nos conocimos (sinceramente, cuando se lo dije mi intención no era ligar, sino hacer algo que antes hacíamos, como amistad que somos), y sincerándose ella trató de dar una explicación no pedida (ni esperada) sobre aquello de evitar a hombres que siguen dependiendo económicamente de su madre, aunque ella vivía con su tía. Le seguí la risa de la broma, pero en el fondo creo que en ese momento fue el momento en el que mejor conocí a mi amiga. Pero todo el mundo cambia, claro. No sé si ahora me sorprendería otra vez.

No creo que el amor o la atracción única y exclusivamente dependan de lo económico, pero, visto lo visto, pareciera que fuera para mucha gente en el mundo actual un anzuelo y, para muchos, un pegamento. 

Hoy es 13 de febrero y coincide que es Viernes 13, una combinación ligada a la mala suerte, pero es también el primer día de Carnaval en Alcalá de Henares, mañana 14 será el Día de los Enamorados, San Valentín, y el martes 17 es al Año Nuevo Chino, así que este fin de semana da toda una confluencia de eventos este año. Y puesto que el 14 de febrero es mañana es de pensar en ese 65% internacional de población pobre insatisfecha con sus relaciones amorosas. Ahora, eso sí, a las grandes superficies eso les da igual y harán que buena parte de ese 65% compren regalos, flores, inviten a comer o cenar, al cine, o les hagan viajar, que es fin de semana. Y así, así es, el círculo es completo. Un círculo de rueda de jaula de hámster.

Saludos y que la cerveza os acompañe.

sábado, febrero 07, 2026

NOTICIA 2438ª DESDE EL BAR: MANUEL AZAÑA Y LOS ÁRBOLES

Hay  una carta de 1919 escrita por Manuel Azaña desde Francia a un amigo suyo apellidado Vicario donde se indigna grandemente al enterarse que en Alcalá de Henares, su ciudad natal, iban a talar los árboles de una glorieta llamada Bernarda. Escribió: "seria ya demasiada barbaridad y habría que impedirlo a toda costa, con escándalo". La indignación de Azaña, por entonces más literato y periodista que político, se extenderá contra la tala de árboles en el barrio de El Chorrillo. Ya en otros escritos personales, tanto cartas, como diarios y alguna novela, le dolía las numerosas ruinas abandonadas en la ciudad, pero quiero detenerme y poner la atención en este asunto de su indignación por la tala de árboles en los barrios. Una indignación tal que incluso dice que habría que detenerlo a toda costa, con escándalo, lo que se podría entender con manifestaciones o con denuncias públicas en prensa local. Más o menos unos cien años después hubo un movimiento vecinal en defensa de los árboles de la ciudad, talados de manera continua sin reposición desde los tiempos de la alcaldía de Bartolomé González en el comienzo del siglo XXI, y actividad no detenida fuese la tendencia política la que fuera de las que han gobernado desde entonces a la actualidad.

En el actual gobierno municipal pareciera más bien que hay una dejadez en el correcto mantenimiento del arbolado urbano; dejadez, por otra parte, continuadora del anterior consistorio. Apenas hay podas, las ramas se caen a veces, a veces si se cae la rama se tala el árbol, y a veces directamente se cae el árbol, tal como pasó a montones de ellos durante el temporal de nieve de La Filomena en 2021 y tal como ha pasado hace un par de días con las fuertes rachas de viento que han habido con las lluvias.

Supongo que Azaña se indignaría también ya no sólo con la tala de árboles, sino también con la falta de mantenimiento y cuidado. 

No es que Azaña fuera un ecologista, que ya en aquellas épocas existían (y por cierto, en España muchos de ellos lo eran a través de algunas corrientes del anarquismo, igual que naturalistas -nudistas-, vegetarianos y feministas). Aún pudiendo ser que pudiera tener una mentalidad ambiental o de la importancia de la naturaleza, puede que la indignación de Azaña pudiera tener que ver con una concepción de la urbe como algo más amable, con espacios verdes y arbolado, que invitase a la ciudadanía a lugares que no sólo fuesen asfixiantes. Puede quizá que esos lugares tuvieran que ver con algún recuerdo personal, o con una visión de su Alcalá ideal en la que se incluyera el arbolado urbano. 

Sea como sea, sí que es cierto que entre finales del siglo XIX y comienzos del XX el arbolado urbano y los espacios verdes eran algo puesto en valor para crear ciudades amables y lejanas de aquellas que hasta esas fechas hubo donde el humo de las fábricas ennegrecían y deterioraban los barrios más humildes, especialmente. Y las vidas de las personas. Arturo Soria es ejemplo de esa ciudad ideal, por ejemplo en Madrid con el barrio de la  Ciudad Lineal, donde a la vegetación se le sumaba avenidas y calles amplias que, bien orientadas, permitieran airear todo ese humo que también venían de los automóviles. 

Hace un par de días paseando por las calles cercanas a mi casa encontré un árbol que conozco y veo desde que nací caído por el temporal de lluvia y viento fuerte. No había sido podado en mucho tiempo y supongo que el ramaje hizo de vela. Habría que ver el estado de las raíces, pero quizá, con una poda adecuada hubiera podido resistir. Anoche leyendo un artículo sobre Azaña me encontré el fragmento de aquella carta y estuve pensando sobre todo esto. Unas horas antes, cuando aún era de día, en la radio local escuché de unos árboles en un colegio público de Álcalá que se habían caído por el mismo temporal y una persona con algún cargo se quejaba de la falta de mantenimiento por parte del municipio.